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Relatos Ardientes

La charla con mi marido sobre su amigo

A la mañana siguiente bajé a preparar el desayuno y los encontré a los dos en el antecomedor, tomando café. Me senté junto a mi marido. Mi bata era corta y dejaba ver más de medio muslo, así que crucé las piernas casi por instinto.

—¡Ah, ya están levantados! —dije.

—Sí —contestaron casi a la vez.

Andrés se levantó a servirme un café y, al volver, se sentó de manera que su cuerpo le tapaba a Damián la vista de mis piernas. Lo noté, aunque no dije nada.

—¿Qué quieren desayunar? —pregunté.

—Lo que prepares estará bien —respondió mi marido.

—Se me antojaron unos huevos con chorizo y una salsa que conseguí.

—Perfecto —dijo Damián—. Aunque por aquí las salsas no son muy picantes. Cuando viajo, siempre me traigo alguna.

Desayunamos hablando de cosas sueltas: primero del partido, después de los planes del día. Damián se despidió pronto porque tenía que llevar a su hija a un evento. Mi marido y yo nos quedamos un rato en la sala.

Andrés me abrazó por detrás y me besó el cuello.

—Es muy bonita tu falda de ayer, pero no te cubre casi nada, mi amor. Se te veía todo.

—Pensé que te gustaba esa falda. Por eso me la puse.

—Me gusta. Pero creo que no fui el único al que le gustó.

—¿Por qué lo dices?

—Damián no te quitaba la vista de encima.

—No me digas que ahora eres celoso. Siempre he usado minis.

—Para nada. Pero no perdía detalle. A cada rato te miraba las piernas, y quién sabe qué más. Hasta tuvo una erección.

—¿Te diste cuenta?

—Sí. Cuando se levantó por el ron, lo vi clarísimo.

—Pensé que era el corte del pantalón, las pinzas —le contesté sin darle mucha importancia.

Andrés me miró con una media sonrisa.

—Aparte, hubo un momento en que, al sentarte, se te veía más de la cuenta. Tu ropa interior estaba corrida.

No pude evitar sonrojarme. Vino a mi mente el roce que habíamos tenido en la cocina la tarde anterior, cuando creímos que nadie miraba.

—Ay, amor —dije, y, levantándome apenas, me quité la prenda y se la entregué.

Él la tomó, la olió y soltó una risa baja.

—¿De verdad? No me di cuenta.

Me besó y deslizó la mano entre mis piernas hasta llegar a mi sexo.

—Estás muy húmeda, corazón —murmuró mirándome a los ojos—. ¿A qué se debe?

—No lo sé —dije sonriendo—. Tal vez por lo que estamos hablando.

Acaricié su mano, que seguía entre mis muslos.

—Esto está demasiado mojado para ser solo por la charla —insistió, recorriéndome con un dedo—. ¿Te excitó su erección?

Me senté sobre él, coqueta.

—Mmm, un poquito —admití, y lo besé mientras le acariciaba el pecho.

Fui bajando la mano hasta encontrar su miembro por encima de la pijama y lo apreté despacio. Él respondió llevándome a la cama de un solo impulso. Me recostó, me quitó la blusa y empezó a besar mis pechos mientras yo liberaba su erección de la tela.

Nos desnudamos entre caricias y besos. Separé las piernas y lo atraje hacia mí. Me penetró lentamente, hasta quedar por completo dentro, nuestros cuerpos pegados uno contra el otro. Empecé a mover la cadera y él respondió con un ritmo cadencioso, sin prisa. Terminamos de lado, casi a la vez, y nos quedamos abrazados unos instantes antes de levantarnos a bañarnos.

***

Varios días después de la fiesta de bienvenida que habíamos organizado para amigos y familia, Andrés volvió a sacar el tema. No lo hizo de frente, pero terminó hablando otra vez de aquella tarde del partido y de la erección que Damián no había podido disimular al salir de la cocina.

—¿Ese día trató de tocarte o de insinuarte algo? —preguntó.

—No —le dije—. Solo cuando sacaba las cervezas me comentó que me veía muy bien con esa falda. Y, como dices que se me asomaba la ropa interior, se ha de haber motivado.

Lo dije sonriendo, pero sin demasiado interés.

—¿Y en la fiesta? Al bailar, ¿no trató de propasarse?

—No. Solo bailamos, y ya.

—Pero el otro día él mismo reconoció que se excitó bailando contigo. ¿Te acuerdas?

—Sí, eso sí fue cierto. Por eso tardamos en volver a la mesa. Tuvo una erección fuerte de tan pegados que estábamos.

—¿Y te gustó sentirla? —preguntó, bajando la voz—. ¿Te excitó?

—No sé adónde quieres llegar, Andrés.

—Solo quiero saber.

—Claro que me excitó un poco. Traté de alejarlo, pero no iba a hacer un escándalo en plena fiesta, ¿no crees?

—Hubo un rato en que no los vi bailando.

—Me fui a la cocina por agua y él salió al patio a relajarse. ¿No creerás que iba a dejar que se propasara, y menos en casa y con tanta gente? —le dije, un poco seria, porque había levantado la voz.

Entonces se relajó. Me tomó de la mano y habló con una calma que no esperaba.

—Mira, mi amor, por mí no hay problema si deseas algo con él. Ya sabes que eres libre. Solo te pido más discreción. No es lo mismo que con Tomás: él es tu amigo y no el mío. Con Damián es distinto. No me gustaría que se enterara de que yo sé lo que llegues a hacer con él. Pero, si algo pasa, me gustaría saberlo.

Lo miré sin entender del todo.

—¿Qué cosas dices? ¿En serio te gustaría que pasara algo, como con Tomás? ¿Me estás proponiendo algo parecido?

—No te enfades, nena. Solo quiero que sepas que, igual que con Tomás, estoy consciente de tus necesidades y no me gustaría que me ocultaras nada. Prefiero saberlo, y con quién estás, si se diera el caso. Nada más.

Me abrazó. Yo le sonreí apenas, moviendo la cabeza.

—Eres especial —le dije, y lo besé.

—¿Te atrae lo suficiente como para tener algo que ver con él?

—¿Insistes?

—Hablemos sin rodeos.

—Está bien. Si vamos a hablar sin rodeos… la verdad, sí, mi amor. Me llama mucho la atención. Por lo que me cuenta mi comadre de lo bueno que es, y por lo que pude comprobar el día de la fiesta. Es verdad que lo tiene grueso y firme, como si fuera un hombre de cuarenta y no de los que ya peinan canas —dije, y me reí.

Andrés también se rió.

—Sí, se le nota que lo tiene grueso. Y no tan pequeño, ¿verdad?

—No, no tan pequeño —contesté con una sonrisa pícara.

Con las manos le mostré, más o menos, el tamaño de lo que había sentido al bailar. Me separé de él y, por el momento, ahí quedó todo. Seguí con mis cosas y Andrés no preguntó nada más.

***

El viernes de esa misma semana, mi marido no fue a su partido y se quedó en casa. Desde que llegó estuvo muy cariñoso conmigo. Me tocaba, me besaba, me decía piropos y soltaba alguna que otra insinuación. Al terminar la cena, mientras veíamos la televisión, empezó a acariciarme.

Le seguí el juego. Pasé la mano por su entrepierna y la froté, sintiendo cómo se iba endureciendo. Le bajé el cierre, saqué su miembro ya erecto y lo besé despacio. De ahí pasamos a la habitación. Estaba tan excitado que me desnudó con prisa y se puso sobre mí, penetrándome al verme tan dispuesta y húmeda.

Me lo hizo con las piernas en alto, después alrededor de su cintura, hasta terminar. Yo apenas alcancé un orgasmo ligero, incompleto, y me quedé con ganas de más. Lo abracé mientras él reposaba boca arriba y le acariciaba con la punta de los dedos.

—¿Llegaste? —preguntó.

—Casi. Pero no te preocupes, amor. Estuvo bien.

—Perdóname. Estaba demasiado excitado para aguantar más.

Guardó silencio un momento y volvió a lo de siempre.

—¿Te gustó bailar con Damián?

—Ya te dije que sí. Baila muy bien.

—Se le veía muy a gusto contigo.

—¿A qué te refieres?

—Cuando regresaron de la pista, se le notaba excitado. Y después ya no lo vi. Ni a ti tampoco —agregó, casi temeroso.

Lo miré a los ojos.

—¿De verdad quieres saber? Quedamos en contarnos todo, ¿no? ¿Por qué te inquieta tanto?

—No sé. Tal vez por el baile tan pegado. La pista estaba llena, apenas había espacio…

—Yo creo que está interesado en ti, mi amor —siguió—. El día que vino a ver el fútbol, cuando volvió de la cocina con las cervezas, traía una erección que no pudo disimular.

—¿Ah, sí? No me fijé. Qué cosas dices. No creo que sea por mí. Es tu amigo.

—Es nuestro, de hecho. Lo conocimos por Carmen y tus charlas con ella, ¿no? Dime la verdad, Lorena. ¿Te llama la atención como hombre?

Lo miré fijo. En su pregunta no había celos; había, en cambio, un timbre de excitación que reconocí enseguida.

—Para serte sincera, sí —admití—. Es un hombre atractivo, pese a su edad. Físicamente está muy bien, ya ves cuánto ejercicio hace. Tiene un porte muy varonil. Y su fragancia también me gusta. Ya sabes que esos aromas me llaman mucho la atención.

—Hubo un rato en la fiesta en que te perdí de vista. No te encontraba —dijo—. ¿Pasó algo entre ustedes? Dímelo con confianza. Solo quiero saber. No creas que son celos: si lo fueran, no permitiría lo tuyo con Tomás, ni estaría hablando así de tranquilo. Sé sincera.

Lo volteé a ver. Tenía una erección muy fuerte. Se la acaricié.

—¿Eso te excita, mi amor? Pensar que hubo algo entre él y yo.

Andrés no contestó, pero su cuerpo lo dijo todo.

—Pues sí, hubo algo —seguí en voz baja—. Unas caricias, unos besos. Nada más. No le permití otra cosa, si es lo que te inquieta. Quedamos en decirnos todo y esto no lo habíamos hablado. Perdona si te fallé, pero no pasó de unos besos.

Nos quedamos callados unos segundos. Después le pregunté, sin dejar de tocarlo:

—¿Acaso querías que pasara algo entre él y yo?

—Pensé que había sucedido más, por todo lo que te comento desde el día del partido —dijo—. Lorena, te digo una cosa: si llegas a tener algo con él, quiero que me lo cuentes, pero sin que él sepa que yo lo sé. Eso podría arruinar la amistad.

—Mmm. Como gustes, amor. Pero no creo que pase nada más.

—Ya veremos —contestó.

El domingo, al levantarse, me dijo que iba a invitarlo a comer.

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Comentarios (6)

NocheCandela

que relatazo!! me tuvo pegada a la pantalla desde el principio. Mas de esto por favor!

LauraF_mdp

No puede terminar asi, necesito una segunda parte urgente. Me quede con demasiadas ganas de saber que paso despues de esa charla

CuriosoMx

Esas conversaciones que cambian todo de un dia para el otro... me recordo a algo parecido que viví con mi pareja. Muy bien contado, se siente autentico

CarlosDMQ

y como te tomo esa confesion?? jaja me mata la curiosidad

MarinaOk_52

Lo que mas me gusto es como arranca con algo tan cotidiano, la bata, el desayuno, el café... y de ahi te lleva a algo completamente inesperado. Eso es saber contar una historia. Sigue escribiendo!

Manu_Cba

jajaja el marido eligiendo ese momento para soltar la bomba, tremendo timing

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