Mi amigo me enseñó a dominar a los hombres en la piscina
El sábado siguiente había quedado con Karim y Jordi para pasar el día en la casa con piscina que tienen a las afueras de Valencia. Antes de seguir, conviene que los presente, porque sin ellos esta historia no se entiende.
Karim es mi mejor amigo. De origen marroquí, lleva ya muchos años viviendo aquí y, cuando nos conocimos en el gimnasio, conectamos enseguida. Él me acogió bajo su ala desde el primer día: me sacó de fiesta, me presentó a medio mundo y, de hecho, fue una de esas noches con él cuando conocí a Guille. Karim y yo nos entendemos sin necesidad de explicarnos demasiado, porque los dos sabemos lo que es venir de una familia conservadora y lo que cuesta salir del armario en ese ambiente. Por eso es, en cierto modo, mi mentor: tiene mucha más experiencia que yo con los hombres y se las sabe todas. Está buenísimo, moreno, pelo corto, estatura media como la mía, con un cuerpo trabajado en el que destaca un culo espectacular, algo muy conveniente teniendo en cuenta que es pasivo. Y de carácter es de esos que se hacen notar: sociable, magnético, capaz de levantar pasiones por donde pasa, aunque esté más que pillado.
Jordi tiene treinta y dos años y es su marido. Valenciano de familia bien, trabaja en el negocio de los suyos. A pesar de ser un niño de buena cuna es un tío encantador, y lo aprecio mucho, aunque no tengo con él la misma confianza que con Karim. También está muy bueno: alto, fornido, pelirrojo, de ojos azules y mandíbula cuadrada. Siempre le digo en broma a Karim que no habría podido pescar mejor partido, y en parte es verdad. Hacen una pareja estupenda y se complementan a la perfección.
Los tres vivimos en la ciudad, pero ellos tienen esa casa con piscina heredada de la familia de Jordi, y ese día me invitaron a pasarlo allí. Pasaron a buscarme en coche y de ahí fuimos juntos. El trayecto fue corto y lo aprovechamos para charlar; aunque nos vemos con frecuencia, siempre tenemos algo que contarnos.
Nada más llegar, Karim y yo nos fuimos directos a las hamacas a tomar el sol. Jordi nos explicó que le había surgido un imprevisto con la empresa y que tendría que estar un rato pegado al teléfono, que luego se nos uniría. A mí me venía perfecto, porque quería hablar con Karim de lo que había pasado con Guille unos días antes, y prefería hacerlo a solas para entrar en los detalles más íntimos. Él ya venía sobre aviso: le había contado por mensaje que la cosa se había torcido.
Así que, mientras le iba poniendo crema, le conté todo. Karim estaba tumbado bocabajo y completamente desnudo, como hace siempre, porque no soporta las marcas del bañador y porque, aunque no lo reconozca, le encanta lucir el cuerpo que tiene. A pesar de lo bueno que está, entre nosotros nunca ha habido tensión; somos como hermanos. Le extendí la crema por la espalda, los glúteos y las piernas sin que ninguno se incomodara, aunque no pude evitar admirar lo increíble que es su cuerpo.
—Adri, entiendo que estés cabreado —me dijo—, pero eres demasiado inocente.
—¿Por qué dices eso?
—Ningún tío te pone a cuatro patas, te come el culo y te masturba para luego no follarte. Es como cuando te dicen que va a ser «solo la puntita»: nunca es solo la puntita, por mucho que insistan. Y si encima es tu novio, que lleva medio año muriéndose por hacerlo, menos todavía. Así son los hombres, y los activos en especial. Unos cerdos.
—Sí, ya me voy dando cuenta. Al menos tú pudiste quedarte con Jordi.
Le devolví el bote de crema y me tumbé yo en la hamaca, también bocabajo pero con el bañador puesto, para que él me la pusiera a mí.
—Jordi es otro cerdo que piensa con la polla —me soltó mientras me pasaba las manos por los hombros—. Lo que pasa es que lo tengo bien amaestrado.
Los dos nos echamos a reír, porque es cierto. A pesar de ser más joven, extranjero, pasivo y de no venir de una familia de ricos, el que lleva los pantalones en esa relación es Karim. Es de esas personas tan magnéticas y con tanta labia que hace lo que quiere con los hombres. Yo no soy así, y se lo dije.
—Mira —siguió—, Guille y Jordi se parecen bastante. Dos niños guapos, listos, activos, dominantes y bien dotados. Todo en la vida les ha venido rodado y se creen que el mundo gira en torno a su entrepierna. Jordi al principio también iba de macho alfa conmigo, pero pronto le enseñé quién manda. Tú deberías hacer lo mismo con Guille.
—Ya, tío, pero yo no estoy tan bueno como tú, ni tengo ese poder sobre nadie.
—Calla ya. Estás igual de bueno que yo. Como si no se te tiraran encima cuando salimos de fiesta o cuando estamos en el gimnasio. Lo que te falta es creértelo. Y en cuanto te lo crees, manejar a un hombre es lo más fácil del mundo, sobre todo con un culo como el tuyo.
Y dicho esto me arrancó el bañador de un tirón y lo lanzó al suelo.
—Pero ¿qué haces? —protesté, intentando incorporarme, pero me mantuvo inmovilizado contra la hamaca.
—Hazme caso, vas a estar mucho mejor sin la marca. Tienes que acostumbrarte a enseñar más, a ir más apretado, más provocador en general. ¿Usas jockstraps?
—Guille me regaló varios, pero evito ponérmelos. Sé que le ponen muchísimo y luego intenta follarme.
—Pues a partir de ahora te los pones. Y aprende a poner el culo de una vez, que ya está bien de hacerse el estrecho.
Me dio una palmada seca en la nalga derecha antes de levantarse y tumbarse en su hamaca.
—¿Cómo? O sea, ¿después de que casi me viole, se me corra en la boca y me eche de su casa, voy y me abro de piernas para él? ¿Y de paso le pido perdón por estrecho, no te jode?
—Tu problema es que le obedeces en todo menos en lo único que deberías. Te lo resumo: un activo dominante como Guille lo que más quiere en el mundo es reventarte y dominarte en la cama. Tú no se lo das, así que está frustrado. En cuanto empiece a follarte estará de mejor humor, más dócil, y encima podrás usar el sexo como premio o castigo. Recuérdalo: en la cama eres su putita, pero fuera de ella mandas tú, y si no le gusta, lo agarras por los huevos. Es la única forma de que aprendan. Y otra cosa: no te disculpes nunca. Si haces algo mal, lo compensas de otra manera. Las disculpas, para él.
—¿Y cómo supero el bloqueo? La última vez con Guille, mientras me la metía, estaba tan tenso que me dolía muchísimo. Me sentía indefenso, si hubiera querido me hacía lo que quisiera. Por un lado me pone sentirme suyo, pero por otro me da rabia que me domine.
—Por eso lo que te digo es el equilibrio perfecto: el activo manda en la cama, el pasivo en todo lo demás. Así no quedan rencores. Y en el sexo tienes que relajarte. Empieza por dejarte llevar, por disfrutar de su energía. Al principio duele, claro, pero te acabará encantando. Y te respetará más, ya lo verás.
—¿Me va a respetar por dejarme dar por el culo? No las tengo todas conmigo.
—Pues claro. Ahora mismo Guille te ve como un crío virgen, que es lo que eres. Hace contigo lo que quiere y ningún otro tío es una amenaza, porque total, no te van a follar. En cambio, en cuanto te estrenes, tendrá que esforzarse si quiere conservarte.
—Buf. Odio a los hombres.
—Solo piensan con la polla, los activos sobre todo. Pero puedes usar eso a tu favor. Tú sabes que yo soy fiel, y aun así calentar y tontear es mi deporte favorito. No solo porque me guste, sino para poner celoso a Jordi y que no se acomode.
Todavía estaba yo digiriendo todo aquello cuando oí unos pasos a nuestra espalda y la voz grave de Jordi.
—Vaya, menudas vistas tengo por aquí. Así da gusto salir de trabajar.
Giré la cabeza y ahí estaba, de pie, mirándome el culo sin el menor disimulo. También el de Karim, claro, aunque supongo que ese ya lo tiene más visto. Llevaba solo un bañador ajustado en el que se le marcaba todo, y no parecía importarle lo más mínimo. Yo nunca había estado desnudo delante de él, y por un lado me daba muchísima vergüenza, pero por otro reconozco que me ponía su mirada cargada de deseo.
—Venga, vamos al agua —dijo Karim—, que si no este salido se va a hacer una paja mirándote.
Me puse rojo como un tomate.
—Por lo que veo, hoy tenemos política de prohibido el bañador —comentó Jordi, y empezó a bajarse el suyo.
—A ti no se te aplica —le cortó Karim—. Guárdate eso, que vas a incomodar a Adri.
Jordi obedeció a regañadientes, aunque creo que a él mismo le parecía excesivo estar ya medio empalmado. Yo lo agradecí; bastante apuro tenía con estar desnudo como para que él también lo estuviera.
Nos metimos los tres en la piscina. Con el calor que hacía, el agua entraba de maravilla. Pero el hecho de que dos de nosotros estuviéramos desnudos, sumado a los comentarios de Jordi, hizo que se respirara una tensión sexual que nunca antes había notado con ellos. Y Jordi no tenía la menor intención de cambiar de tema.
—Bueno, ¿de qué hablabais? He pillado algo al vuelo, no sé qué de pollas —dijo, y nos reímos los tres.
—¿Sabes, Jordi, que Adri ha decidido que va a ir hasta el final con Guille? —soltó Karim mientras se le acercaba y se apoyaba en su hombro.
Más bien lo has decidido tú, pensé.
—Pues vaya suerte tiene el cabrón —contestó Jordi—. Oye, Adri, si quieres practicar un poco antes, yo encantado. —Y me guiñó un ojo.
Ahí sí que se había pasado de la raya.
—Mira, otra razón para guardar el bañador —dijo Karim— es que así puedo hacer esto.
Y le pegó un buen tirón hacia arriba de la tela. Teniendo en cuenta lo ajustado que estaba, le tuvo que doler de verdad.
—Cómo te gusta jugar, zorra —resopló Jordi—. Pero yo también sé.
Se quitó el bañador bajo el agua y lo tiró fuera de la piscina.
—A ver ahora cómo luchas contra el macho alfa.
Y se lanzó sobre Karim para hacerle aguadillas. Karim intentó resistirse, pero Jordi tiene una fuerza descomunal y empezó a doblegarlo, así que me pidió ayuda. Me uní a la pelea y entre los dos conseguimos frenarlo, cada uno sujetándole de un brazo y una pierna en la superficie del agua. Aun así seguía debatiéndose, intentando soltarse con tanta energía que dudé que pudiéramos contenerlo.
—Fíjate, Adri, ahora te enseño cómo se trata a los machos alfa —dijo Karim.
Le soltó una pierna y dirigió la mano libre a su entrepierna, justo a los testículos, que con las piernas abiertas le quedaban completamente expuestos. Fue mano de santo: Jordi dejó de pelear al instante.
—¡Ah, joder, mis huevos! ¡Suéltamelos, pedazo de zorra! —gritó con la cara contraída de dolor.
Pero eso no era lo que Karim quería oír.
—No es muy listo insultarme cuando tus pelotas están en mi mano —dijo, y empezó a retorcérselas mientras Jordi chillaba como una soprano.
Por algún motivo, ver a semejante machote totalmente dominado a través de sus huevos me excitó muchísimo.
—Venga, prueba tú —me animó Karim—. Le suelto el derecho y se lo estrujamos entre los dos.
Estaba claro que él se lo estaba pasando en grande.
—¡No, por favor! —suplicó Jordi con la voz ahogada.
Por un momento dudé. Me excitaba la idea de tenerlo agarrado, pero también me daba apuro. Entonces me imaginé que era Guille, echándome de su casa después de usarme la boca como si fuera su puta, y se me fueron de golpe todas las reticencias. Aproveché la oportunidad y le agarré el testículo derecho como un perro de presa.
—Bueno, Jordi, ¿qué era eso de que tú eras el macho alfa? —pregunté.
—Lo siento, lo siento, el alfa eres tú, pero suéltame ya, por favor —imploró.
Ahí lo dejamos ir. Jordi se fue al borde de la piscina con las manos en la entrepierna, claramente jodido, mientras Karim y yo chocábamos los cinco para sellar nuestra victoria. Había sido excitante de verdad.
En eso sonó un móvil dentro de la casa y Karim fue a cogerlo. Dijo que seguramente era del trabajo y que tendría para rato. Jordi y yo nos quedamos a solas.
***
Vi que el marido de mi amigo seguía dolorido y sentí cierta culpa, así que me acerqué a él.
—Espero que no te hayas enfadado. Igual nos pasamos un poco —le dije pegándome a su lado, y le di un beso en la mejilla.
No era la primera vez que le besaba, ni mucho menos, pero nunca antes habíamos estado los dos desnudos, ni le había tenido agarrado de los huevos momentos antes.
—Yo jamás me enfadaría con un chico que tiene un culo tan bonito como el tuyo —respondió.
Y aprovechó para agarrármelo con las dos manos, lo cual, para qué mentir, me puso cachondísimo.
—Pero me vas a tener que compensar —añadió con una sonrisa, amasándome las nalgas—, porque me habéis destrozado los cojones.
Noté su polla dura contra mi cuerpo. Definitivamente, Jordi era un cerdo como los demás; lo que pasaba es que no le había conocido esa faceta hasta ese momento. Pero era un cerdo que estaba buenísimo y, por una vez, era yo quien tenía el control.
Salí de la piscina y le hice un gesto con la mano para que me siguiera. Me tumbé bocabajo en la hamaca con las piernas bien abiertas, mostrando el culo en todo su esplendor.
—Como compensación, te dejo que te restriegues contra mí —le dije girando la cabeza.
Estaba empalmado y casi salivando.
—Pero como se te ocurra metérmela, te corto las pelotas.
Él asintió y se abalanzó sobre mí en la hamaca.
—Quién pudiera —me susurró al oído mientras colocaba la polla pegada a mi entrada—. Si no fueras el mejor amigo de mi marido, creo que estaría dispuesto a perderlas.
Me reí, halagado. Estaba completamente inmovilizado por él, igual que lo había estado por Guille, pero esta vez era yo quien mandaba. Como sabía que estaba al límite, jugué a apretar las nalgas y a pegarme contra él todo lo posible, solo para provocarlo, hasta que terminó corriéndose encima de mí.
Y mientras lo notaba derrumbarse sobre mi espalda, jadeando, entendí por fin lo que Karim había intentado meterme en la cabeza toda la tarde. El placer de tener a un hombre así, rendido por mi culpa, era infinitamente mejor que el de obedecer. La próxima vez que viera a Guille, las reglas iban a ser otras.
Continuará...