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Relatos Ardientes

Cumplí mi fantasía travesti en mi primer gangbang

Cuánto tardé en sentarme a escribir esta segunda parte, lo sé. Perdónenme, gente, pero estuve con la cabeza en mil cosas y nunca encontraba el momento de retomarla.

Vuelvo justo donde corté la otra vez: saliendo del baño, entrando de nuevo a la habitación y quedando rodeada por todos ellos.

Y fue ahí, exactamente ahí, donde se desató la verdadera fiesta.

***

Me dejé caer en la cama boca arriba, con una cara de hambrienta que no podía disimular, mientras ellos se acercaban con las vergas ya duras. Yo miraba el techo y todavía no terminaba de creérmelo. Las pijas me tapaban la vista, igual que en esas imágenes que tanto me calientan.

Hubiera pagado por una foto de mi gesto en ese instante. Estoy segura de que habría ganado cualquier campeonato de putitas cerdas.

Me toqué apenas un poco, porque si seguía iba a acabar enseguida y esa no era la idea. Tenía un plan ambicioso para esa noche: terminar no menos de cinco veces y romper mi propio récord.

De a poco me bajaron la tanguita, mientras yo le chupaba la verga a dos que se habían arrodillado cerca de mi cara. Ni siquiera me acuerdo bien de quiénes eran.

—Ahora les toca a ustedes —les solté.

Ellos sonrieron sin entender del todo lo que estaba insinuando. Alguno hasta puso cara de susto, como si temiera que le pidiera chupársela a un amigo.

—No me digan que se van a hacer los tímidos. Estoy limpita.

Les puse mi mirada más degenerada, estiré las piernas y me las llevé hacia atrás, con las manos detrás de las rodillas, levantando bien la cola.

Me llovieron todo tipo de groserías calientes.

Esa vez sí me sacaron fotos del cuerpo entero en esa posición, con lo que quedaba de mi disfraz puesto, mientras yo me tapaba la cara. También me hicieron un primer plano del ano, que yo misma abrí separándome las nalgas para el foco. Cuando me mostraron las imágenes, casi acabo sin tocarme.

***

Uno por uno me comieron la colita. Sus lenguas recorrieron cada centímetro y más allá, cada uno con su intensidad: algunos salvajes, otros sutiles. Me sorprendió gratamente que todos quisieran hacerlo, sin vergüenza ni tapujos.

Hacía rato que nadie me saboreaba el culo con esas ganas, y había olvidado lo bien que se sentía.

Me fueron acomodando en distintas posiciones para lamerme mejor: boca abajo, de costado, en pose de sumisión total con el agujero apuntando al cielo.

—Por favor… me están matando —recuerdo que gemí.

Largaba gemidos como una perra en celo. Me hicieron temblar. Pedí verga para tragar y, sin dejar de hacerlo, le hice una mamada larga al primero que me la ofreció.

Otra vez los celulares, otra vez las fotos, otra vez ese momento en que me las mostraban y yo me veía tirada de costado, rodeada de hombres, con la cola siendo chupada y la boca atragantada de carne dura.

Esa vez ni me tapé la cara. Al contrario: clavé los ojos directo en la lente.

—Ni se les ocurra tocarme la pija. Si me la tocan, lleno las paredes de leche.

Por suerte me hicieron caso.

—¿Puedo sentarme en sus caras para que sigan? —pregunté—. Después se los devuelvo a todos, si quieren.

Era otra de mis fantasías pendientes, y también quería que después alguien se me sentara en la cara mientras me cogían el culo. Esa noche pensaba cumplirlo sí o sí.

Accedieron dos: al que apodé «el maduro» y el más grandote. Apoyé el perineo y el ano sobre sus narices y sus lenguas, y me moví como si estuviera perreando. Esa sumisión de ellos me volvió loca, sabiendo que después se desquitarían conmigo cuando yo estuviera abajo.

***

Increíblemente, pasó más de media hora con todos alrededor y nadie todavía me había metido siquiera un dedo. Si así arrancaba la cosa, ya me imaginaba terminando la noche desmayada de placer.

Hablamos del lubricante y me dejaron elegir. Tenían varios en la cómoda, lo que me hizo pensar en la cantidad de culos que habrían pasado por esa cama king size. O quizás los suyos también, vaya una a saber.

Mucha gente cree que cualquier hombre está dispuesto a compartir un amante, pero no es tan así. A varios les incomoda ver desnudos a sus amigos, o coger un agujero recién usado por otro. Por vergüenza, por inseguridad, por mil motivos. No es nada fácil dar con cuatro tipos de mente tan abierta. Y ni hablar de lo que vino después.

Así que disfruté cada segundo: chupé y lamí huevos mientras una lengua me rozaba todas mis partes sensibles. Mi pene no daba más de excitación.

—¿Quién quiere ser el primero? —pregunté, acostada, mientras me sacaba de la cara unos pelitos sueltos.

—¿Querés elegir vos? —me preguntó el maduro, al que también empecé a llamar «el líder».

—Bueno… como vos empezaste todo esto…

Me arrodillé en posición de sumisión y apunté el agujerito directo hacia él.

***

No hubo más juego previo. Ni sé quién me puso el lubricante anal, porque ya tenía los ojos cerrados, pero un dedo me avisó lo que se venía. Solo con eso ya se me escapó un gemido.

—Qué putita hermosa que sos —escuché que alguien dijo.

Yo ya estaba en trance.

—Haceme tu puta —suspiré.

Y empezaron oficialmente las penetraciones del primer gangbang de mi vida.

El primer gimoteo de verdad, el de la perforación, me salió desde lo más hondo. Enseguida tomé el control y empecé a moverme hacia atrás y adelante con la cadera.

Sus miradas se cruzaron con la mía y no pude evitar sonreír y ponerme colorada.

—Toda suya… las veces que quieran —les guiñé un ojo.

Esa frase era parte de una fantasía de años. Siempre supe que algún día la cumpliría, aunque jamás imaginé que sería gracias a un relato que yo misma había escrito. Si no me hubiera animado a salir de mi zona conocida y conocer a estos chicos, nada de esto habría pasado.

Lectores, imagínense lo que siguió. No fue nada muy original: me rompieron el culo durante horas. No de corrido, claro, descansábamos cada tanto. La bebida no faltó y otras sustancias tampoco, pero yo preferí drogarme solo con lo que salía de sus pijas. No fueron tan rudos como me hubiera gustado, pero tampoco delicados. La parte de fantasía más bruta quedará para otra ocasión.

Besé las sábanas, mordí las almohadas, me aferré al respaldo, me colgué del marco del armario. Me cogieron de pie, boca abajo, con las piernas abiertas al máximo y después cerradas. Suave, salvaje, descontrolado. Con la cabeza colgando del colchón para una garganta profunda violenta. Me moría.

Fue asombroso ver sus caras cuando eyaculé por primera vez sin manos, soltando un grito orgásmico que ni voy a repetir, porque justo le había rogado al de turno que fuera más despacio, que así me hacía acabar.

Mi pene inauguró los estallidos de leche sacudiéndose a un millón por hora, mientras un bruto me cogía a lo bestia y yo lo cabalgaba al revés, sentada arriba de él. Eso me dejó idiota un buen rato. Pero obviamente seguimos.

—Hagan una fila, hijos de puta —les dije cuando ya habíamos descansado dos o tres veces cada uno.

Esas palabras tenían que existir en esa noche sí o sí. Es indescriptible la locura de sentir que te están penetrando y ver al mismo tiempo la fila de hombres masturbándose detrás, esperando su turno. Sé que es una estupidez de video porno, y lo hicieron solo porque se los pedí, pero la sensación de sumisión extrema fue deliciosa: ni un segundo de descanso para mi cola, una verga tras otra, hasta que todos acabaran.

***

Las horas pasaban sin que me diera cuenta, aunque el cansancio empezaba a notarse. Tomé mucha agua para aguantar; no quería debilitarme por la deshidratación ni embotarme con el alcohol. Pensamiento inteligente, porque lo que vino después fue el moño de toda la locura, y jamás lo habría podido hacer borracha o drogada.

Después de que me cogieran varias veces a la vez por dos lados, llegó el momento que tanto había deseado.

Pasadas las cuatro de la mañana, con el cuerpo lleno de marcas y de cansancio, estábamos en lo que yo creía que serían las últimas cogidas de la noche. Pero todavía me quedaba un plan por ejecutar.

Estaba cabalgando con mis últimas fuerzas al líder, intentando ordeñarle hasta la última gota, cuando llamé con la mirada al vecino, que miraba todo como un voyeur desde una silla al costado de la cama.

—¿Querés entrar también? —le dije, abriéndome las nalgas con las manos para mostrarle mi agujero hambriento y ya ocupado.

De todas las locuras que hice en mi vida, esta seguramente esté en el podio. No sé de dónde me salió tanta lascivia.

El muchacho se rió al principio. Quizás pensó que era un chiste.

—¿Te da vergüenza? —insistí.

Repito lo que ya dije: la vida real no es como el porno. Imagínense que un amigo suyo esté penetrando un culo y que le ofrezcan meterla a usted también, ahí, juntos, con los miembros rozándose en un espacio mínimo. Me encantaría leer en los comentarios si de verdad se animarían.

Cuando entendió que hablaba en serio, miró a su amigo a los ojos. La risa que me agarró fue genuina.

—¿Lo dejás, papi? —le dije con la voz cargada de ansiedad.

Estalló una carcajada general. No hubo que convencerlo demasiado. El vecino se puso un poco más de lubricante en la verga, ya dura otra vez de tanto mirar, y sobrevino la masacre.

***

Nada me había preparado para esa sensación. Era la gran fantasía que me faltaba, y la estaba cumpliendo a pesar del agotamiento. Sentir un segundo pene peleando por entrar a mi agujero ya lleno me hizo gemir desde el estómago, o desde el alma. Fue centímetro a centímetro, una contienda nada fácil. El líder, desde abajo, me acariciaba la mejilla para aliviarme el dolor. Un dolor que, en realidad, había quedado muy por debajo del placer.

—Probá por arriba —le sugirió a su amigo, al darse cuenta de que por los costados no entraba.

Le respondí con un gimoteo dedicado, una mirada, y los ojos en blanco. Cuando la segunda pija tocó el fondo, grité una frase estúpida y triunfal que hizo reír a todos tan fuerte que vinieron los demás a ver qué pasaba. Seguro les interrumpimos algún jueguito.

Gente bella, es indescriptible que te perforen por duplicado. Las dos vergas se mueven a ritmos distintos, en direcciones diferentes; sale una, vuelve a entrar la otra, el esfínter queda abierto de manera permanente y pasa de estar dilatado a dilatarse todavía más. Solo de recordarlo me agarra una calentura tremenda.

Intenté reproducirlo hace unos días con dos dildos, pero créanme que no es lo mismo.

Las caras de todos eran de estupor y de lujuria. Una delicia por donde se la mire.

Como mínimo, la doble penetración cumplió mis expectativas. Y como máximo, creo que las superó. No es nada fácil ni la recomiendo si no están seguros: requiere una elasticidad impresionante, y encontrar machos dispuestos. Pero si pueden, no pierdan la oportunidad. Y cuéntenme sus experiencias, si las tuvieron.

***

Cuando uno acababa, al rato se sumaba otro, y fuimos cambiando de posición. Verme acostada boca arriba sobre el cuerpo de un hombre, siendo el relleno de un precioso sándwich de machos, me llevó a otro orgasmo anal, ensuciándome la panza y la del que tenía encima. Para esa altura ya solo me salía un líquido casi transparente del pene hipersensible.

Yo misma saqué una foto de mi entrepierna depilada toda cochina, en medio de otras dos algo peludas sometiendo mi ano. Quedó entre mis imágenes favoritas.

No pasa todo tan rápido como en una película de gangbang —no sale uno y entra otro al instante, salvo que estén muy coordinados—, pero al final todos pasaron de a dos por mi devastada colita.

No sé cuánto tiempo transcurrió desde que invité al primero. Lo único que sé es que ya estaba amaneciendo y que yo estaba a punto de desmayarme.

—Me reventaron todita —fue lo último que dije, boca abajo, con un dolor de culo demencial.

Apenas pude levantarme para ir al baño a limpiarme; incluso me ayudaron a incorporarme. Frente al espejo me vi arruinada, pero con una sonrisita que no se me borraba. Cumplí lo que me había prometido: me fotografié el ano para tener mi recuerdo del antes y el después, tan común en el hentai. Qué perversión. Esas imágenes no las compartí nunca con nadie.

***

Volví a la habitación, charlamos unos minutos de cualquier cosa, cambiaron las sábanas y nos rendimos. El vecino se fue a su departamento, uno se acostó en el sofá y los otros dos se acostaron conmigo. Dormí de costado entre ambos, como si fuera su novia cariñosa y perversa, con la boca apuntando a la del líder. El amigo me apoyó el miembro en la cola justo antes de dormirnos.

—Ya está… basta… por favor —les susurré entre risas antes de caer dormida.

A la tarde siguiente, porque ya era tarde, apenas podía moverme. Me hicieron el desayuno con toda amabilidad y me pidieron un auto. Antes de despedirnos, hablaron de volver a vernos para repetir e ir incluso más allá; me mencionaron mordazas, antifaces y otras locuras hermosas sacadas de otro relato mío.

—No digan más nada, que me caliento de nuevo y ya estoy destruida —les contesté.

Pasaron meses y no supe mucho más de ellos, apenas algunos mensajes morbosos recordando esa noche. No creo que se repita, al menos con estos chicos. Pero quién sabe.

El relato me salió bastante más largo de lo que esperaba. Lo releo y me vuelvo a excitar. Fue una experiencia hermosa, de esas que te dejan varios días con ardor y «caminando gracioso», como se dice. Me arriesgué muchísimo, mil cosas podrían haber salido mal, y sin embargo todo resultó de maravilla.

Y hasta acá llega esta historia, la última gran locura que me animé a vivir. Cualquier cosa que quieran contarme, déjenmela en los comentarios. Por lo pronto, me voy a terminar de escribir el final de aquel otro relato que les debo desde hace tiempo. No se enojen si tardo.

Saluditos.

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Comentarios(8)

Fercho_NQN

Increible!!! me encantó cada parte

LectoraClandestina

Muy bien narrado, se siente autentico y sin rodeos. Seguí escribiendo!

Kike_77

de lo mejor que leí en mucho tiempo. gracias por compartirlo

ElCurioso_77

¿Hay segunda parte? Quedé con ganas de saber como siguió todo después

Pauli_89

Me recuerda a una noche que viví hace unos años, que buenos recuerdos jaja. Muy buen relato!

MarceloTuc

Por favor una continuación, no puede terminar así!! Excelente

PaulinaC

Que valiente contar algo tan personal. Lo leí de un tirón y no pude parar. Se nota que fue vivido de verdad, se siente en cada linea. Ojalá escribas mas historias!

LeoCba_lec

Buenisimo, tiene un ritmo muy bueno y no se hace largo para nada. Saludos

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