El vecino que me miraba desde su balcón
Tenía unos sesenta años y una mirada que no disimulaba nada. Cuando me invitó a su casa, supe exactamente lo que iba a pasar.
Relatos de encuentros y experiencias trans
Tenía unos sesenta años y una mirada que no disimulaba nada. Cuando me invitó a su casa, supe exactamente lo que iba a pasar.
Llevo años siendo la fiera en la cama. Los hombres me temen o me complacen. Nadie me había atado. Nadie hasta que le di mi correo a aquel desconocido del chat.
Afuera él era directivo casado. Adentro de ese despacho con la puerta echada, era otro hombre. Y yo me convertía en Valentina, su secreto más íntimo.
Marco llevaba semanas en el mismo taburete, mirándola sin decir nada. Esa noche, cuando el último cliente se fue, ella le preguntó si iba a hacer algo.
Lo vi por primera vez en los vestidores y supe que lo quería para mí. Semanas después estaba de rodillas ante él en su propio departamento.
Rodrigo le presentó a sus tres amigos. Cada uno traía un sobre y un regalo. Valentina los miró y dijo que ya podían empezar.
Andrés estaba de viaje y yo llevaba puesta mi falda nueva. Cuando sonó el timbre y vi a mi tío en la puerta, supe que mi secreto había terminado.
Cuatro años de hormonas le habían dado el cuerpo que quería. Esa noche, vestida para él, descubrió que sus celos eran más reales que cualquier papel que pudieran fingir.
Rodrigo tenía dos dedos dentro de mí cuando mamá salió del baño. Lo que vino después no lo había planeado nadie.
Cuatro semanas sin verlo. Cuatro semanas intentando borrar el recuerdo de otras manos. Esa noche, Abril se convirtió en alguien que no reconocía.
Cuando salí de su habitación convertida en Valentina, el sonido de mis tacones en el pasillo me dijo que ya no habría marcha atrás.
Llevaba semanas con esa sensación insoportable de necesitar ser poseída. Una noche decidí actuar: me maquillé, me vestí de provocación y fui al encuentro de un desconocido bien dotado.