Saltar al contenido
Relatos Ardientes

Mi reto nocturno terminó con un desconocido mirándome

Hola otra vez. Soy Camila, y vuelvo con una de esas noches que todavía me hacen apretar los muslos cuando las recuerdo. Esta vez no fue solo salir a la calle: esta vez tuve compañía. Compañía de juguete, primero. Y después, sin buscarlo, compañía de carne y hueso.

Todo empezó frente a la pantalla, una tarde cualquiera, mirando videos de chicas que caminaban desnudas por senderos vacíos o se levantaban la falda frente a desconocidos en pleno centro comercial para taparse un segundo después. No voy a mentir: eso me calienta más de lo que debería admitir. Pero lo que de verdad me dejó clavada fueron las que usaban un vibrador a control remoto mientras paseaban entre la gente.

Se notaba en sus caras el esfuerzo por contener el orgasmo, esa mueca a medio camino entre la sonrisa y el dolor, los gemidos pequeños que se les escapaban sin permiso. Lo miré tantas veces que terminé con una sola idea fija en la cabeza: yo necesitaba uno. Necesitaba mejorar mis paseos.

Mientras buscaba el modelo correcto, me topé con otra cosa. Plugs anales con cola, de zorro, de conejo. Me los quedé mirando más de la cuenta. Sin darme cuenta ya me imaginaba en cuatro patas, con esa colita meneándose detrás de mí, moviéndola de lado a lado como una hembra de verdad. Se me empapó todo de solo pensarlo.

Terminé con el carrito lleno. La cola de zorro, un frasco grande de lubricante, un segundo plug con una joya rosa en la base, un dildo grueso para usar en casa, y el rey de la noche: un vibrador inalámbrico idéntico al de los videos. Cuando confirmé la compra estaba colorada y respirando hondo frente a la computadora.

Me prometí algo: no me tocaría hasta que llegara el paquete. Nada de masturbarme, nada de salir. Quería guardarme entera para ellos.

***

El aviso llegó al tercer día, cerca del mediodía. Tenía un paquete a mi nombre. Bajé tan rápido que casi me tropiezo en la escalera, con las piernas temblando y un cosquilleo entre las piernas que no me dejaba caminar derecho. Tomé la caja, firmé sin mirar y volví corriendo.

Lo abrí sobre la cama. Primero salió el dildo, mucho más grande de lo que recordaba en la foto; por un momento dudé de que me entrara. Después el lubricante, después el plug de zorra, de un gris suave con destellos rubios. Lo elegí así, discreto, por si acaso. Y al final, el vibrador.

Me miré en el espejo del baño con el juguete en la mano. Estaba sonrojada, con la respiración corta. Me toqué por encima de la ropa y ya estaba mojada. Esta noche salgo, me dije. Esta noche los estreno.

***

El plan repetía mi primer reto, el de «rescatar» mi ropa repartida por el terreno. Pero esta vez con un giro. Durante la tarde escondí las prendas yo misma, una por una, en puntos concretos del complejo. Y al salir, ya de madrugada, tendría que ir a buscarlas con el vibrador adentro y la cola de zorra en el culo, recorriendo todo como una perra en celo.

Le agregué una regla extra: cinco orgasmos como límite. Si no lograba juntar toda mi ropa y volver a casa antes del quinto, el reto quedaba fallido. Lo pensé fácil. En los videos las chicas se corrían varias veces en pocos minutos. ¿Qué tan difícil podía ser?

Fui dejando las prendas. Las bragas en el cuartito del fondo. El sujetador en una esquina de la casa grande. La falda negra junto al portón, oculta detrás de unas cajas. El top, debajo de la escalera del edificio de habitaciones. Y ahí, agachada en la penumbra, se me ocurrió algo más peligroso: esconder algo dentro del edificio mismo.

Había entrado un par de veces. Era un pasillo largo de piso de madera vieja, con seis puertas y un baño al final. Ese baño sería mi objetivo. Elegí algo pequeño, un gorro de lana de invierno, y avancé por el pasillo que rechinaba bajo mis pies. Escondí el gorro en un cajón, detrás de unos productos de limpieza, y salí casi sin respirar.

Todo listo. Solo faltaba que cayera la noche. Para matar la ansiedad me puse a leer las instrucciones del vibrador y a probar el grosor del plug contra la palma de la mano.

***

A las dos de la madrugada ya estaba desnuda y temblando de pura impaciencia. Solo me faltaba ponerme mis nuevos compañeros.

Empecé por el plug. Era grande, y yo nunca me había metido nada por ahí. Vi un par de videos sobre cómo hacerlo bien, me limpié con cuidado y me puse lubricante. Pero para ese amigo en particular tenía algo mejor. Abrí la boca, saqué la lengua de la forma más guarra que pude y dejé caer un hilo de saliva sobre la punta. Hasta se me escapó un gemido grave.

Lo empujé despacio. Al principio la sensación no me gustaba; lo metía un poco y lo sacaba, una y otra vez, hasta que la parte más ancha cedió. Sonó un pop sordo y entró del todo. Me giré dándole la espalda al espejo, me incliné y miré por encima del hombro. Ahí estaba esa cola gris meneándose con cada movimiento mío. Me sentí exactamente la zorrita que quería ser.

Después me metí el vibrador. Se deslizó adentro sin resistencia. Me puse en cuatro patas para comprobar que no se saliera, y quedó ajustado, firme. Conecté el teléfono a la aplicación, lo guardé en la mochila con la que iba a recoger mi ropa, y abrí la puerta de casa.

***

Salí ya en cuatro, respirando agitada. Dejé la puerta entornada y probé los primeros niveles. Se sentía glorioso; se me escaparon varios gemidos cortos. Lo bajé a la intensidad media para que los orgasmos no llegaran demasiado pronto.

Empecé a avanzar con las piernas temblándome. Meneaba el culo y miraba hacia atrás cómo se movía la cola. Me sentía una perra total, y estaba feliz de serlo. Cuando llegaba al cuartito del fondo, escuché gente bajando por la escalera del edificio. Me escondí del lado opuesto, agachándome más de lo previsto, y al hacerlo mi sexo se abrió y el vibrador entró un poco más.

El placer me clavó en el suelo. Apenas logré ocultarme y ya me sacudía el primer orgasmo, fuerte, repentino.

—Aahh… mmm… —me tapé la boca con las dos manos para no gritar.

Puse el vibrador en pausa y me apoyé contra la pared mientras jadeaba como loca. Cuando recuperé algo de control, lo encendí de nuevo. Mi cuerpo entero estaba electrizado. El viento rozándome la piel, las manos y las rodillas sobre el cemento, todo me estremecía. Tomé las bragas del cuartito y seguí hacia la casa grande.

Recogí el sujetador por la parte trasera. El camino hasta el portón era largo, y ya sentía venir el segundo. Apoyé la espalda contra la pared, abrí las piernas todo lo que pude y me toqué el clítoris de forma frenética.

—Qué rico… me vengo… ya… —murmuraba, retorciéndome contra la pared fría.

Dos orgasmos, dos prendas. Pero el portón y el edificio de habitaciones todavía quedaban lejos.

***

Volví a encender el vibrador, esta vez más bajo, porque entre las piernas sentía un calor que parecía pedirme clemencia. Pero yo estaba loca por correrme otra vez. Llegué al portón que daba a la calle y busqué la falda entre las cajas. No la alcanzaba: alguien había puesto más cajas encima.

Empecé a moverlas con cuidado, sin hacer ruido. Me estiré hacia la prenda. Y entonces tomé conciencia de dónde estaba. A pocos metros de la calle, a un brazo de distancia de la vereda. Si alguien metía la mano entre los barrotes, podía tocarme las piernas y el culo enteros.

El placer me impedía estirarme del todo, así que me fui abriendo paso con el cuerpo entre las cajas. En eso escuché un auto. Después un claxon largo. Me giré de golpe: era un coche gris, algo viejo, que siguió de largo. Me quedé helada, sin saber si me había visto.

Insistí con la falda. Las piernas ya casi no me sostenían y notaba subir un nuevo orgasmo. Me estiré al máximo, la atrapé con la punta de los dedos y la arrastré hacia mí. Y ahí volví a escuchar el claxon, detrás de mí. El auto gris otra vez. Esta vez detenido, justo frente a la reja.

No pude aguantar más. Hundí la cara entre las cajas mientras el tercer orgasmo me partía en dos, tan intenso que me meneaba sin control, mostrándole todo a un extraño. Desde el coche me silbaron y volvieron a tocar el claxon. Yo apenas podía moverme.

Lo único que se me ocurrió fue ponerme la falda sobre la cabeza, esconder el pelo y la cara. Retrocedí con las piernas temblorosas, me incorporé a medias y caminé lo más rápido que pude lejos del portón, con otro silbido persiguiéndome desde la calle.

***

Me refugié bajo la escalera y puse el vibrador en pausa. Aquello me había dado más susto que placer. Estaba desnuda, con un plug de zorra metido y un juguete dándome orgasmos, y un desconocido acababa de verme entera. Varios vecinos salieron a sus puertas por el escándalo del claxon. Yo temblaba en la oscuridad.

Cuando los vecinos llegaron a la reja, el auto arrancó sin decir nada. Poco a poco todos volvieron a entrar y el silencio regresó. No podía creer que tuviera otra oportunidad, pero ya no estaba segura de querer seguir. Tomé el teléfono dispuesta a rendirme.

Y entonces escuché que alguien entraba por la reja y caminaba hacia mí.

Me asusté tanto que apreté el teléfono con las dos manos, y sin querer activé el vibrador en el tercer nivel. La sacudida de placer me dejó sin aire. Dos personas subieron por la escalera, justo sobre mi cabeza.

—¿Está vibrando algo? —dijo uno.

Siguieron de largo. Yo, con la boca tapada y los ojos llenos de lágrimas de tanto contenerme, esperé a que sus pasos se perdieran para soltar un «aaah» ahogado. Apagué el juguete, respiré. Recuperé el top que había escondido. Solo me faltaba el gorro del baño, al final del pasillo. Y ya no quería más.

Pero ese tercer nivel me había dejado encendida otra vez. Respiré hondo y decidí subir.

***

Subí la escalera lo más despacio que pude para que la madera no chillara. Llegué al pasillo, me puse en cuatro, encendí el vibrador y volví a sentirme una putita. No podía creer lo adicta que estaba: hacía un minuto casi lloraba de miedo y ya estaba reteniendo gemidos de nuevo.

A mitad del pasillo no aguanté. El cuarto orgasmo me dobló en el suelo. Intenté seguir avanzando, pero me retorcí, abrí la boca y se me escapó un gemido fuerte.

—Aaahh…

Me tapé la boca a destiempo. Detrás de mí, una de las puertas empezó a abrirse. Me levanté temblando y corrí hacia el baño. Tomé la manija justo cuando una voz dijo:

—Oye, ¿estás bien?

Era uno de los chicos que habían subido antes. Me encerré sabiendo que me había visto todo: desnuda, en cuatro, con la cola del plug asomando. Tocó la puerta.

—¿Estás bien? Escuché como un quejido.

Yo no había apagado el vibrador, así que seguía dándome placer mientras hablaba.

—Sí… estoy bien —dije con la voz quebrada—. Me caí y me golpeé la pierna. Solo quería darme un baño… pero olvidé la toalla en mi habitación.

Lo dije porque sabía que me había visto sin ropa. Del otro lado hubo una pausa.

—Okey. Si necesitas algo, golpea mi puerta.

—Sí… gracias —respondí.

Escuché que se alejaba y me dejé caer sentada contra la puerta, con las piernas hechas de lana. Y lo peor era que ya venía otro orgasmo. El quinto.

Me habían visto desde la calle. Me habían visto dentro del propio terreno. Y ya no me daba miedo. Al contrario: estaba caliente justamente por eso. Llegó el clímax y solté un alarido que apenas pude ahogar entre las manos. Me sacudí entera, me fui de lado sin fuerzas ni para sostenerme. Tomé el teléfono y apagué la aplicación.

El reto estaba terminado, y lo había fallado por completo. Pero en el fondo me sentía llena y feliz. Esos cinco orgasmos, fueran como fueran, habían sido deliciosos. Ya no podía volver atrás, y cualquier cosa que viniera después tendría que aceptarla. Eso pensé esa noche, sin imaginar lo que vendría.

***

Me quedé temblando unos minutos en el suelo del baño. Después tomé el gorro del cajón y así terminó todo. Volví sigilosa a casa y me metí bajo la ducha repasando cada segundo. No sabía qué pasaría conmigo desde entonces, porque estuve al filo de que me descubrieran y nunca supe si alguien me reconoció.

Así termina esta anécdota, en la que el placer me ganó el reto y la cabeza al mismo tiempo. Gracias por sus comentarios, me excita demasiado leerlos. Les mando un beso enorme a todos.

Ver todos los relatos de Voyerismo

Valora este relato

Comentarios(7)

NocheAlba_77

increible!! sigue publicando asi

CuriosaNoche

tremendo final, me dejo con el corazon acelerado. no me lo esperaba para nada jaja

Marcos_78

Una segunda parte por favor! quede justo en lo mejor y con ganas de saber que paso despues

Pepo

Los retos nocturnos tienen una adrenalina que no se consigue de otra manera. Me recordó a algo que viví hace unos años, aunque lo mio fue mucho mas aburrido jajaja

VenturaNocturna

me pregunto que habrá pensado el tipo del auto al ver eso... para el fue la noche de su vida sin duda jajaja

Maxi_bsas

el quinto orgasmo como meta personal me parece lo mas ambicioso que lei en mucho tiempo, respeto total

LucasViajero

Que bueno encontrar relatos de voyerismo bien escritos y sin caer en lo vulgar, es dificil dar con eso. Espero que sigas publicando en esta categoria!

Deja un comentario

Iniciar sesión o crear cuenta

Elegí cómo querés continuar.