La primera vez que una mujer madura me eligió
Cuando me dijo que la atraía, no me lo creí. Luego llegó el mensaje con el nombre del hotel y la hora exacta. Supe que todo era real.
Cuando me dijo que la atraía, no me lo creí. Luego llegó el mensaje con el nombre del hotel y la hora exacta. Supe que todo era real.
Había filtrado decenas de perfiles hasta llegar a Marcos. Todo lo que pedía, y la paciencia que nunca sobra. Pero alguien siempre llega demasiado pronto.
Llevábamos semanas hablando por chat antes de vernos. Cuando la reconocí desde lejos, con esa blusa ajustada y esa sonrisa cómplice, supe que algo iba a pasar.
Entró al confesionario a hablar de sus sueños. Cuando salió de la sacristía, ya no era la misma. Tenía dieciocho años y acababa de descubrir lo que su cuerpo llevaba meses pidiéndole.
Llegué a la base buscando a un hombre y salí con otro. Lo mejor es que Damián llegó después y tampoco me negué.
Cuando Marcos me dijo que quería compartirme con otro hombre, no lo rechacé. Sentía curiosidad, nervios y algo que nunca había sentido: verdaderas ganas.
Cuando me dijo que era virgen, no supe si reírme o abrazarlo. Elegí lo segundo. Lo que vino después fue inevitable.
Llevaba veinte años de matrimonio cuando un desconocido me miró en una cena y supe, sin que dijera una palabra, que esa noche bajaría la guardia por primera vez.
Bajé al parque con los billetes listos, pero él me exigió algo distinto. Si decía que no, a mi hijo le volverían a romper la cara al día siguiente.
Llevaba semanas fantaseando con ella desde que la conocí en redes. Cuando llegó a mi puerta con sus aceites de masaje, supe que esa noche sería diferente.
Era la primera vez que iba a la base de transporte a buscarlo. Lo que no sabía es que Rodrigo ya me estaba esperando con una sonrisa que no era inocente.
Me había sentado lo más lejos posible de ella en esa cena. Pero terminé con mi mano en su cintura y sus caderas apretadas contra las mías.
Abrí el cajón con el corazón desbocado. Había encaje, había hilo, había una mujer esperando dentro de esa ropa que nunca había sido mía. Esa tarde todo cambió.
Cuatro semanas sin verlo. Cuatro semanas intentando borrar el recuerdo de otras manos. Esa noche, Abril se convirtió en alguien que no reconocía.