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Relatos Ardientes

El trío que se quedó hasta el final de mi fiesta

Era casi de madrugada cuando por fin la fiesta empezó a morir. Mi cumpleaños había terminado entre música alta, vasos vacíos, risas arrastradas y ese cansancio borracho que te deja el cuerpo suelto y la cabeza caliente. Yo ya solo quería cerrar la puerta, quitarme la ropa y dejar que mi novio me follara como llevaba insinuando toda la noche con cada roce escondido, con cada mano en mi cintura, con cada apretón rápido sobre mi culo cuando nadie miraba.

Pero no nos quedamos solos.

La mayoría de nuestros invitados se fueron de golpe, pidiendo coche, buscando llaves, abrazándome antes de salir. Solo quedó una mujer más en la sala. La había visto durante toda la noche mirándolo demasiado. No de esa manera casual con la que alguien reconoce a un hombre atractivo, sino con hambre. Y él también la había mirado de vuelta.

Yo me di cuenta desde temprano, aunque fingí que no.

Ella se llamaba Abril. Morena, cuerpo firme, vestido ajustado y una seguridad que se notaba incluso borracha. Había venido con un grupo de amigos de una amiga y, al principio, no pensé nada raro. Luego la vi acercarse demasiado a él cuando servíamos bebidas. Después la sorprendí riéndose de cualquier tontería que él decía, rozándole el brazo, clavándole los ojos en el bulto del pantalón cada vez que él se ponía de pie.

Me había molestado, sí. Pero también me había puesto caliente de una forma que no quería admitir.

—Parece que tu transporte tarda —le dije, intentando sonar amable cuando ya casi todos se habían ido.

—Sí, está imposible conseguir uno a esta hora —respondió, levantando los hombros con una media sonrisa.

Mi novio la miró, luego me miró a mí y entendí enseguida lo que estaba pensando. No dijo nada. Solo me acarició la pierna por debajo de la mesa, como para calmarme o tantearme. Ese contacto me encendió más de lo que me tranquilizó. Yo llevaba horas húmeda, con la concha pegada a la ropa interior, deseando largar a todos para subirme encima de él.

Como no pensábamos dejarla sola en la calle a esa hora, abrimos más cervezas y nos sentamos de nuevo. La música seguía sonando, más baja ahora, y la casa tenía ese silencio extraño que dejan las fiestas cuando ya pasó lo fuerte. Hablábamos poco. Se notaba demasiado lo que flotaba en el ambiente.

Él seguía pasando la mano por mi muslo despacio, cada vez más arriba, con descaro. Yo mantenía las piernas cruzadas, apretando, aguantando. Enfrente, Abril nos observaba sin intentar disimular del todo. Su mirada iba de mi cara a la mano de él, de la mano al borde de mi vestido, del borde de mi vestido al pantalón de mi novio.

Y lo peor era que yo también la miraba.

—Necesitamos algo más fuerte —dijo él al fin—. ¿Vodka?

Nosotras aceptamos enseguida.

Los tragos aflojaron lo poco que quedaba de vergüenza. Empezamos a bromear con quién aguantaba más, y entre risas terminamos haciéndole trampa para que él se tomara la mayoría. Se reía, pero se le notaba excitado, inquieto, con esa expresión de quien ya no está pensando en conversación sino en cuerpos.

Yo ya no podía ignorarlo. Ni a él ni a ella. Ni lo que me estaba pasando.

Entonces él soltó la frase como si fuera una broma.

—¿Un beso de tres para cerrar la fiesta?

Lo dijo sonriendo, pero sus ojos estaban clavados en mí, esperando permiso. Ese segundo se me quedó suspendido en el pecho. Pude haberme negado. Pude haberme levantado. Pude haber mandado a la mierda la idea. En lugar de eso, me mordí el labio, sentí un pulso caliente entre las piernas y asentí.

Abril no dudó ni medio segundo.

Nos acercamos los tres en el sofá. Primero fue torpe, un roce de bocas compartido, alcohol y respiración mezclada. Luego dejó de ser torpe. Mi novio me besó a mí con hambre, y mientras lo hacía, Abril se pegó a su otro lado y le rozó la boca, la mandíbula, el cuello. Yo sentí su mano meterse por mi muslo, apartar mi ropa interior y tocarme de lleno. Solté un gemido contra los labios de él al notar sus dedos embarrados en mi humedad.

—Mierda, estás empapada —murmuró.

Yo iba a responderle algo, pero en ese momento vi la mano de Abril bajar hasta su pantalón y agarrarle la polla por encima de la tela. La apretó despacio, tanteando el grosor, y él lanzó un jadeo corto. En lugar de enfurecerme, aquello me atravesó el vientre como una descarga. Ver a otra mujer tocándolo delante de mí me revolvió la cabeza y me abrió más.

Lo deseé con más fuerza.

Fui yo quien le sujetó la cara y la giró hacia ella.

—Bésala —le susurré al oído—. Sé que quieres.

Sus ojos me buscaron una última vez, incrédulos, excitados. Cuando vio que no estaba retrocediendo, la besó. Y no fue un pico ni una tontería de borrachos. Fue un beso de verdad, abierto, sucio, con lengua. Ella se le pegó al cuerpo de inmediato, metiéndole los dedos en el pelo, gimiéndole en la boca. Yo me quedé mirando apenas un segundo antes de arrodillarme entre sus piernas.

Le abrí el pantalón y la polla se le marcó dura, pesada, peleando por salir. Bajé la cremallera, le aparté la ropa interior y la saqué con una mezcla de hambre y morbo que me hizo temblar. Estaba muy dura, hinchada, la punta húmeda. La agarré con la mano y empecé a menearla mientras levantaba la vista para verlos besarse encima de mí.

—Así quería verte —dije, antes de meterme la punta en la boca.

Lo chupé despacio al principio, saboreándolo, hundiendo la lengua por debajo del glande, rodeándolo con saliva. Él soltó el aire con fuerza. Encima de mí, seguía manoseando las tetas de Abril por debajo del vestido, apretándoselas como si llevara toda la noche deseando hacerlo. Ella jadeaba y se dejaba tocar con descaro, con la mano aún en su polla, disfrutando de sentirme a mí mamándosela.

Yo bajé más, lo fui tragando hasta donde pude. Tenía la garganta relajada por el alcohol y el deseo, y aun así me llenaba la boca por completo. Lo saqué, lo escupí, lo volví a meter, marcando el ritmo con la mano en la base. Cada chupada venía acompañada del sonido húmedo de mi boca y de los gemidos de ambos sobre mí.

Cuando levanté la vista, Abril me estaba mirando.

Su expresión había cambiado. Ya no era solo deseo por él. También me deseaba a mí, o al menos deseaba lo que yo estaba haciendo. Mi novio lo notó y le agarró la nuca.

—Ven. Chúpasela.

Ella obedeció sin una protesta. Se arrodilló a mi lado y acercó la cara. Yo me aparté apenas lo justo para dejarle espacio, y la vi sacar la lengua y lamer la punta antes de cerrar los labios alrededor. Compartimos su polla entre las dos, turnándonos, rozándonos la boca y las manos. A veces yo chupaba el tronco mientras ella se concentraba en la cabeza; otras, ella lamía los huevos mientras yo me tragaba media verga. Era obsceno y delicioso.

Él nos miraba con una sonrisa tensa, jadeando cada vez más fuerte.

—Quítense la ropa —ordenó con voz ronca.

Me levanté primero. Me saqué el vestido y la ropa interior sin apartar los ojos de ellos. Él me repasó de arriba abajo con hambre abierta, y esa mirada bastó para ponerme aún más caliente. Abril se puso de pie enseguida y también empezó a desnudarse. Cuando se bajó la tanga, vi el brillo claro entre sus piernas. También estaba muy mojada.

Mi novio siguió sentado un momento, completamente vestido de cintura para arriba, con la polla fuera y la expresión de quien sabe que manda. Nos hizo acercarnos con un gesto de los dedos. Yo fui la primera; me metió dos dedos en la concha de golpe y se los tragué con un gemido, arqueando la espalda.

—Mira cómo estás —dijo, sacándolos para enseñárselos a Abril—. Chorreando por ver esto.

Ella se mordió el labio y volvió a chuparle la polla. Él le sujetó el pelo y empezó a follarle la boca sin demasiada suavidad. Le marcaba el ritmo con la mano en la nuca, metiéndosela hondo, sacándola, volviéndola a hundir hasta que ella tuvo que respirar por la nariz y se le llenaron los ojos de lágrimas. Yo estaba al lado, con las piernas abiertas, masturbándome mientras los miraba.

Verla atragantarse con la polla de mi novio me volvió loca.

—Eso, trágatela —gruñó él—. Si la querías tanto, cómetela bien.

Le dio un par de embestidas más en la boca y luego la soltó. Abril jadeó, con saliva corriéndole por la barbilla. Yo no pude evitar agarrarle la cara y besarla. Sabía a alcohol, a saliva y a él. Mientras la besaba, le metí dos dedos entre las piernas. Estaba caliente, abierta, temblando.

—Estás igual que yo —le dije.

—Te juro que sí —contestó, ronca.

Eso terminó de romper lo que quedaba de distancia. Me agaché entre sus piernas y le pasé la lengua por la concha, larga, de abajo arriba. Ella soltó un gemido y se agarró al respaldo del sofá. Su sabor me llenó la boca mientras él, detrás de mí, me separaba las nalgas y me acariciaba el culo con la palma abierta, preparándome. Alterné entre lamerle el clítoris y meterle la lengua dentro, sintiendo cómo se retorcía. Entonces él me dio una nalgada seca.

—Sube a la mesa.

Obedecí.

En la sala había una mesa grande cerca del billar, todavía llena de vasos vacíos y platos a medio recoger. Apartó todo de un barrido y me tumbó boca arriba encima. La madera estaba fría en la espalda, pero mi cuerpo hervía. Abril quedó en el borde, entre mis piernas, y él la colocó de forma que su cara quedara justo frente a mi coño.

—Lámela —ordenó.

Ella me sonrió y lo hizo enseguida.

Su lengua entró en contacto con mi clítoris y me arrancó un jadeo. Lo hizo despacio al principio, explorando, como si quisiera aprenderme. Luego fue ganando confianza: lamidas anchas, chupadas directas, la lengua dura entrando y saliendo. Yo le abrí más las piernas y le agarré el pelo, guiándola. Mirar hacia un lado y ver a mi novio acomodarse detrás de ella, frotándose la polla contra su entrada antes de metérsela, me puso al borde.

Entró de una sola embestida.

Abril gritó contra mi concha. Su boca vibró sobre mí y eso me hizo arquearme entera. Él la tenía bien agarrada por las caderas y empezó a follársela de inmediato, sin delicadeza, marcando un ritmo fuerte que hacía rebotar su cuerpo contra la mesa. Cada empujón suyo se traducía en otra fricción de su cara sobre mi sexo. Era demasiado estímulo junto, demasiado morbo.

—Joder, qué apretada estás —le dijo a ella—. Y mírala a ella... se corre con solo verte tragarte mi polla.

Yo no podía discutirlo. Era verdad. Ver cómo se la metía a otra mujer delante de mí me tenía completamente fuera de mí. Abril seguía lamiéndome como podía entre gemidos, con la respiración rota, mientras él le agarraba las tetas y las apretaba sin compasión. El sonido de sus embestidas llenó la sala: carne contra carne, respiraciones fuertes, la mesa crujiendo bajo mi espalda.

Metí la mano entre los cuerpos y le toqué el clítoris a Abril mientras él la penetraba. Ella casi se desplomó. Sentí cómo se apretaba alrededor de su polla y cómo le temblaban las piernas. Mi novio me miró, sonriendo de lado, sudoroso, claramente encantado con el desorden que había armado.

—Tócala bien —me dijo—. Hazla correrse.

Lo hice. Le froté el clítoris con dos dedos, rápido y firme, mientras seguía recibiendo la lengua desesperada de ella. Abril gimió, se sacudió y acabó corriéndose con un espasmo fuerte, mojándole la polla a mi novio todavía más. Él no se detuvo. Al contrario, empezó a dárselo más duro, usando ese momento en el que ella estaba sensible y sin fuerzas para hundírsela hasta el fondo.

Yo estaba a punto de romperme también.

Él lo notó. Me soltó a ella un segundo, se escupió los dedos y me los metió en la concha mientras Abril seguía con la boca entre mis piernas. Me folló con la mano al mismo tiempo que la penetraba a ella. Esa doble sensación me hizo temblar de pies a cabeza. Cada vez que sus dedos rozaban por dentro y la lengua de Abril apretaba sobre mi clítoris, yo perdía un poco más el control.

—No pares —gemí—. No pares, por favor.

—Te gusta verla, ¿verdad? —me dijo él, dándole otra embestida a fondo a Abril.

—Sí... sí, me encanta.

—Mírame entonces.

Le hice caso. La escena me golpeó de lleno: mi novio detrás de una mujer desnuda, follándosela con la cara tensa de placer, mientras esa misma mujer me comía el coño y yo me corría mirándolos. No era una fantasía a medias ni una idea lejana. Lo estábamos haciendo de verdad, y eso la volvía más intensa que cualquier cosa que hubiera imaginado.

Mi orgasmo me agarró sin aviso elegante. Se me cerraron las piernas en torno a la cabeza de Abril y me corrí con un gemido alto, sacudiéndome encima de la mesa. Noté los espasmos salir a chorros cortos mientras ella seguía lamiendo, tragando lo que podía, gimiendo también porque él no dejaba de follársela detrás.

Mi novio me miró con expresión hambrienta.

—Así me gusta. Bien sucia.

La sacó de ella de golpe. Abril soltó un jadeo vacío, casi de protesta. Él me agarró por los tobillos y me arrastró hasta el borde de la mesa. Su polla estaba brillante, mojada por completo. Me la frotó entre los labios de la concha un par de veces y me la metió hasta el fondo de una sola vez. Grité. Venía tan caliente y tan sensible del orgasmo que esa primera embestida me hizo ver blanco.

—Mierda —murmuré—. Sí... así.

Él empezó a follarme fuerte, sin darme tiempo a acomodarme. Cada golpe me movía sobre la mesa. Abril se quedó a un lado, acariciándose, mirando cómo me la metía. Yo le alargué una mano y la atraí hacia mí para besarla. Nos besamos mientras él me partía en dos, y ella se tocaba el clítoris al ritmo de sus embestidas, jadeándome en la boca.

—Quiero sentarme en tu cara —me dijo de pronto, casi sin aire.

—Hazlo.

Mi novio sonrió al oírlo. Me sacó la polla y me giró con ayuda de ella. Acabé medio sentada en el borde de la mesa. Abril se acomodó encima de mi cara, con una pierna a cada lado, y yo le abrí las nalgas para hundirle la lengua. Al mismo tiempo, él volvió a penetrarme por delante, agarrándome de la cintura.

La posición era brutal. Yo tenía la concha de Abril aplastada contra la boca, podía sentirla chorreando sobre mi lengua, y a la vez recibía la polla de mi novio entrando y saliendo con un ritmo duro y constante. Ella se aferró a mis hombros, restregándose contra mi cara mientras gemía.

—Joder... joder... no me dejes de lamer —decía.

Yo no pensaba hacerlo. Le chupé el clítoris con insistencia, hundiéndole la lengua cada vez que se levantaba apenas para respirar. Mi novio, detrás de todo eso, me agarró una teta con una mano y con la otra me sostuvo la mandíbula para mirarme.

—Estás preciosa así —dijo—. Con la boca ocupada y mi polla dentro.

Sentí otro orgasmo subirme por la columna. No era tan explosivo como el primero, sino más profundo, más largo, una oleada que me dejaba temblando mientras él seguía embistiendo. Encima de mí, Abril empezó a sacudirse. Le noté las piernas tensas y el coño apretándose contra mi lengua.

—Me corro —avisó, con voz rota—. Me corro, me corro...

Se corrió sobre mi boca, restregándose sin vergüenza, dejando escapar gemidos abiertos. Yo la sostuve por las caderas y seguí lamiéndola durante los espasmos. Mi novio soltó un gruñido al sentir cómo me apretaba por dentro; estaba cerca también. La apartó con suavidad firme y la hizo arrodillarse junto a la mesa para que mirara.

Luego me agarró del pelo, me levantó la cara y empezó a follarme todavía más fuerte, como si necesitara arrancarme el último gemido antes de terminar. Yo ya no podía articular nada. Solo me salían sonidos rotos, suplicantes. Él me tenía abierta por completo, golpeando justo donde sabía volverme idiota.

—Mírame —me ordenó otra vez—. Quiero que la veas cuando me corra.

Abril estaba frente a nosotros, con las piernas abiertas, tocándose despacio, fascinada. Yo la miré mientras él seguía clavándomela. El morbo de tenerla ahí, viéndonos, calentándose con nosotros, fue suficiente para empujarme al borde una última vez.

Me corrí de nuevo con un gemido ronco, apretándolo con fuerza. Eso bastó para hacerlo perder el control. Salió de mí a tiempo, me sujetó la barbilla y se masturbó un par de veces con la polla palpitando antes de correrse sobre el vientre de Abril y parte de mi muslo. Ella soltó un jadeo al sentirlo caliente sobre la piel y pasó dos dedos por la corrida para mirarla con una mezcla de asombro y deseo.

La sala quedó llena de respiraciones pesadas y silencio. La música seguía sonando al fondo como si perteneciera a otra casa.

Él fue el primero en reírse, sin burlarse de nadie, solo descargando la tensión. Yo todavía estaba temblando sobre la mesa, con las piernas débiles. Abril se limpió un poco con la mano y luego me miró. No había incomodidad en su cara. Tampoco falsa dulzura. Solo la misma incredulidad satisfecha que yo debía de tener.

—Bueno —dijo ella, todavía sin aliento—. Definitivamente no esperaba esto cuando pedí transporte.

Yo me reí también, con la garganta seca.

—Yo tampoco esperaba disfrutar tanto verte mirar a mi novio.

Mi novio se acercó y me besó primero a mí, luego a ella. Después nos pasó una mano a cada una por la cintura.

—Creo que a los tres nos quedó claro algo esta noche.

—¿Qué cosa? —pregunté.

Sonrió con esa cara de satisfacción descarada que pone cuando sabe que ha dejado huella.

—Que algunas fantasías se disfrutan mucho más cuando dejan de ser fantasías.

Nos quedamos un rato más en la sala, desnudos, bebiendo agua, riéndonos de detalles sueltos, volviendo a besarnos de vez en cuando como si todavía no quisiéramos aceptar lo que acababa de pasar. Afuera seguía siendo madrugada. Adentro, entre el desorden del cumpleaños, los vasos vacíos y la mesa todavía temblando un poco, yo solo podía pensar en lo cerca que estuve de ponerme celosa... y en cómo acabé empujando esa misma escena hasta convertirla en una de las noches más sucias y excitantes de mi vida.

Si este relato te dejó con ganas y estás en Buenos Aires, conocé acompañantes en Caballito.

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Comentarios(7)

MatiPampa77

Buenisimo!!! de los mejores que lei en mucho tiempo.

LauraK_Baires

Por favor que haya segunda parte, me quede con muchas ganas de saber como termino la noche completa

camilo_norte

jajaja esa reaccion inicial es lo que todos queremos tener pero pocos admiten. Muy bueno!

CuriosaRed

Me recordo a algo que vivi hace un tiempo, nunca sabes como vas a reaccionar hasta que esa situacion la tenes enfrente. Muy bien contado.

PabloMza

excelente!!!

TobiasEros

Esa sensacion al principio, descripta a la perfeccion. Sigan subiendo este tipo de relatos, por favor!

NicoRosario

Lo que mas me gusto es como esta narrado, sin rodeos y sin ser burdo. Te engancha desde la primera linea. Gracias por compartirlo!

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