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Relatos Ardientes

El fin de semana en que nos intercambiamos las parejas

Ilustración del relato erótico: El fin de semana en que nos intercambiamos las parejas

No hay forma más placentera de despertar que sentir unas manos suaves recorriéndote el cuerpo y una lengua jugando con tu polla todavía dormida. Tardé un momento en entender lo que pasaba, y cuando lo entendí preferí seguir con los ojos cerrados.

Porque no era una boca. Eran dos.

Dos pares de manos me acariciaban el vientre y los muslos, y dos lenguas se turnaban sobre mí con una calma deliciosa. Abrí los ojos despacio y reconocí las dos cabezas morenas que se disputaban mi erección a los pies de la cama. Sofía y Tania, una a cada lado, completamente desnudas bajo la luz gris de la mañana.

Estiré los brazos y dejé que mis manos vagaran por sus cuerpos. Recorrí sus espaldas, la curva firme de cada nalga, y bajé entre sus piernas hasta encontrarlas ya húmedas. Metí dos dedos en cada una, despacio, mientras ellas seguían lamiéndome sin levantar la cabeza.

Fue Tania la primera en moverse. Pasó una pierna por encima de mi cara y se sentó sobre mí, ofreciéndome su sexo a centímetros de la boca. No me hice de rogar.

Separé sus labios con la lengua y la hundí en ella, buscando despacio hasta dar con el clítoris. Lo rodeé varias veces, sintiendo cómo crecía bajo mi boca, cómo su cuerpo empezaba a mecerse contra mi cara. Mientras tanto, unos labios —no sabría decir cuáles— se cerraban de nuevo sobre mi polla, cada vez más dura.

La otra boca se ocupaba de mis testículos, metiéndoselos uno a uno, y noté cómo iba deslizándose más abajo, buscándome el culo. Abrí más las piernas. Esa lengua, que ya supuse de Sofía, rodeó la entrada y empezó a lubricarla con una paciencia que me hizo gemir contra el sexo de Tania.

Yo no paraba. Lamía a Tania y a la vez le pasaba la lengua por el culo, lubricándola también, hasta meterle primero un dedo y luego un segundo, igual que Sofía me hacía a mí.

Tania se corrió encima de mí con un temblor largo, dejándome la barba empapada. Se desplomó a un lado, jadeando, y aproveché para incorporarme.

***

Coloqué a Sofía boca arriba, con la cabeza colgando por el borde de la cama, y me puse a su altura. Le metí la polla en la boca mientras ella seguía jugando con mis dedos dentro de ella. Tania no tardó en recuperarse: se acomodó entre las piernas de Sofía y empezó a lamerle el sexo.

Me giré, me puse detrás de Tania y, después de lamerle el culo un poco más para terminar de prepararla, fui entrando despacio. Sentí cómo se cerraba sobre mí, y agarrándola de las caderas comencé a moverme mientras ella gemía sin despegar la boca del sexo de Sofía.

Sofía se corrió entre espasmos por la lengua de Tania, y yo, a punto de acabar, salí de Tania y volví a hundirme en la boca de Sofía, que recibió todo sin dejar escapar una gota.

Ya vacío, me levanté y me acerqué a la ventana. Lo que vi me hizo sonreír.

***

Abajo, en el salón, Valeria estaba de rodillas frente a Damián con su polla en la boca, mientras Hugo la penetraba por detrás. Sus pechos se balanceaban con cada embestida. Damián, el más reservado del grupo, el que siempre decía que él «hasta ahí no llegaba», tenía la cabeza echada hacia atrás y una expresión que lo desmentía por completo.

Las dos se acercaron a mirar conmigo.

—Vaya —dijo Tania, divertida—. Mirad a mi marido. Al final se anima con Valeria. Con lo que protestaba.

—Ya ves —contesté—. Aunque no creo que se deje hacer mucho más.

—Uf, dale tiempo —rió Sofía—. Si Valeria se lo propone, lo consigue.

Nos quedamos mirando hasta que Hugo se corrió sobre la espalda de Valeria. Sentí la mano de Sofía bajando otra vez, y mi polla volvió a responder. La giré de espaldas contra mí, le levanté una pierna apoyándola en el brazo del sillón y la penetré desde atrás, agarrándole los pechos.

Estuvimos así un rato, mirando de reojo cómo los de abajo se desarmaban en el sofá. Después salí de ella, le apoyé los brazos en el respaldo y me agaché otra vez para lamerle el culo hasta dejarlo listo. De un solo empujón entré entero, y empecé a embestir con fuerza hasta oírla correrse. Yo la seguí de inmediato.

Nos quedamos quietos hasta que mi polla salió por sí sola, y los tres fuimos juntos a ducharnos.

***

En el baño ya estaba Nora, mi mujer, lavándose el pelo bajo el agua. Nos metimos con ella sin pedir permiso. Mientras yo le enjabonaba el cuerpo, Sofía hacía lo mismo conmigo, y entre los dos terminamos ocupándonos de ella.

—Mejor paramos —dijo Nora, riendo—, que me estáis poniendo otra vez.

—Pues igual sí —contestó Sofía—. Luego seguimos.

—Yo estoy muerto de sed —dije—. ¿Bajamos?

—Pues mejor que sí.

Nos secamos y bajamos a la cocina a por bebidas frías. Salimos al jardín con los demás, que charlaban repartidos por las tumbonas. Nora estaba metida en la piscina, y fui a reunirme con ella.

Me dio los buenos días con un beso largo mientras yo la abrazaba dentro del agua.

—Buenos días —murmuró—. ¿Dormiste bien?

—De maravilla. Y me desperté mejor todavía.

Se rió contra mi cuello.

—¿Te despertaron con cariño?

—Con mucho cariño. Las dos.

—Estabas tan dormido que no quise molestarte y bajé a desayunar —dijo—. Y a mirar.

—Lo sé. Os vi desde la ventana. Madre mía con Hugo, qué aguante.

Nora me agarró la polla por debajo del agua.

—Aguante sí, pero esta no la cambio —dijo—. Ya lo sabes.

Me reí mientras su mano me masturbaba despacio bajo la superficie, hasta devolverme la erección. No tardé en llevarla a una esquina de la piscina. Le hice apoyar los brazos en el borde, la sujeté de las nalgas para levantarla y llevé la boca hasta su sexo.

Le pasé las piernas por encima de los hombros y empecé a lamer mientras ella se agarraba los pechos y suspiraba cada vez más fuerte. Seguí hasta que se corrió con un temblor que le recorrió todo el cuerpo. La bajé, la giré contra el borde y la penetré desde atrás, agarrándola de las caderas.

***

Al poco se acercó Damián y se sentó en el bordillo, justo delante de Nora. Ella se llevó su polla a la boca sin dejar de moverse contra mí. Más allá, Hugo se había sentado también, con Valeria y Tania arrodilladas entre sus piernas turnándose con la lengua.

Nora le dijo algo a Damián que no alcancé a oír. Él me miró, dudó un segundo y asintió con la cabeza. Entonces ella se fue girando en el agua, sin dejar que yo saliera de ella, hasta colocarme justo entre las piernas de Damián, que se sostenía la polla con una mano. Entendí lo que quería.

La agarré, sin dejar de moverme dentro de Nora, y mirándolo a los ojos pasé la lengua por el glande, rodeándolo despacio antes de bajar por el tronco hasta los testículos. Damián me sostenía la mirada sin decir nada. Cuando me la metí entera en la boca y empecé a chupársela, dejó escapar un gemido ronco.

Era la primera vez que tenía la polla de un amigo en la boca, y por su cara la estaba disfrutando tanto como yo. Seguí un buen rato, perdido entre los dos sabores, el de mi mujer apretándose contra mi polla y el de él hinchándose contra mi lengua.

Nora cortó el juego para decirle a Damián que se metiera en el agua. Se dio la vuelta, me rodeó la cintura con las piernas clavándose mi polla y le indicó a él que la tomara por detrás. Tenía los pechos aplastados contra mi pecho, y sentí cómo Damián la penetraba. Encontramos el mismo ritmo enseguida, los dos abrazándola, los dos moviéndonos dentro de ella.

***

El agua nos quedó pequeña. Salimos los tres y Nora me tumbó sobre el césped, sentándose encima de mí, con los pechos a la altura de mi boca. Damián se colocó detrás y volvió a entrar en su culo mientras yo le agarraba los pechos y se los lamía.

Volvimos a coger ritmo. Notaba la polla de Damián entrando y saliendo a la vez que la mía, separadas apenas por una fina pared de carne. En el jardín solo se oían los gemidos, los nuestros y los de los otros tres, que seguían a lo suyo unos metros más allá.

Nora no aguantó mucho. Cuando me sintió a punto, sacó las dos pollas y se giró para lamerme, dejando que Damián se acomodara detrás de ella, por encima de mi cabeza. Antes de penetrarla, él me metió la polla en la boca mientras le hundía dos dedos a Nora. La lamí, la besé, la chupé hasta que la sacó para clavarse en mi mujer de una sola estocada. Yo seguí lamiéndole los testículos cada vez que pasaban por mi cara.

Me corrí en la boca de Nora, que no me soltó hasta dejarme seco mientras Damián la seguía follando encima de mí. Cuando él empezó a gruñir, le agarré los testículos y lo hice salir de ella para metérmela otra vez en la boca. Siguió moviéndose, follándome la boca, hasta descargar entero sin sacarla, mientras yo le pasaba la lengua por el glande recibiendo todo.

Los tres nos levantamos hacia la ducha. De camino vimos cómo Hugo terminaba dentro de Tania mientras Valeria, tendida a su lado, la besaba y le acariciaba los pechos, las dos gimiendo a la vez.

***

Nos duchamos y esperamos a que los demás se nos unieran, sentados en el jardín, refrescándonos. Cuando bajaron, ya vestidos, llegó la mala noticia: Valeria y Hugo volvían a casa esa misma tarde.

—Qué pena —dijo Tania—. Con lo bien que lo hemos pasado.

—Bueno —contestó Nora con una sonrisa pícara—, podemos seguir nosotros. Aunque igual tu marido echa de menos a Valeria.

—Ya te digo —rió Tania—. Me ha sorprendido. Y, si vi bien… ¿dejaste que Adrián te la chupara?

—Pues sí —admitió Damián—. Y tengo que reconocer que lo hace muy bien.

—Gracias, majo —dije yo, levantando la bebida.

—A ver si ahora me vas a cambiar por él —bromeó Tania.

Damián alargó la mano y le agarró un pecho a su mujer.

—Eso ni de coña —dijo—. Pero oye, no está mal probar cosas nuevas.

—Te veo muy suelto —rió ella.

—No sé yo —contestó él, mirándome de reojo—. No sé hasta dónde podría llegar.

Pasamos la tarde vagueando en el jardín los cuatro solos, después de despedir a los otros. Esa noche decidimos no salir y quedarnos en casa. El sexo, claro, continuó, aunque esa vez cada uno con su pareja.

Al menos hasta el día siguiente, el último de nuestra estancia. Pero esa ya es otra historia.

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Comentarios (3)

RodrigoMX

Buenisimo!!! de los mejores que lei en mucho tiempo

TaniaLectora

Por favor seguí con esto, quedé con muchas ganas de saber cómo terminó el fin de semana entero. Tremendo relato

CeciliaNqn

Me encantó la forma en que lo narraste, se siente muy natural, como si le pudiese pasar a cualquiera. Sigue así!

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