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Relatos Ardientes

Mi fantasía con cinco hombres a la vez

Ilustración del relato erótico: Mi fantasía con cinco hombres a la vez

Tengo veinticuatro años y estudio una carrera que me devora las semanas enteras. Entre los apuntes, los exámenes y el trabajo de medio tiempo, mi vida social quedó reducida a casi nada. La genética fue generosa conmigo: ojos verdes, pelo negro y ondulado que me llega a media espalda, piel clara aunque latina de cuna. No tengo el pecho grande, pero sí firme, y cuido mi cuerpo porque me gusta cómo me queda la ropa cuando salgo. El problema era que casi nunca salía.

Por eso terminé bajando una de esas aplicaciones para conocer gente. No buscaba novio. Buscaba una manera de cubrir una necesidad muy concreta sin tener que dar explicaciones. Y entre tantos perfiles sin gracia, apareció uno que sí me hizo sonreír.

Era simpático, conversador, con esa clase de humor que te baja la guardia sin que te des cuenta. Hablamos varios días antes de vernos. Cuando por fin salimos, todo fluyó tan natural que esa misma noche terminamos en su cama. Funcionábamos bien. Ninguno de los dos quería etiquetas, así que decidimos vernos cada tanto, sin promesas, solo por las ganas.

Una de esas tardes, tirados en la cama después de coger, salió el tema de las fantasías. Él contó la suya y yo, ya sin pudor, le conté la mía.

—Quiero un gangbang —dije, mirando el techo—. Varios hombres a la vez. Solo yo y todos ellos.

Se quedó callado unos segundos. Pensé que lo había asustado.

—No me vas a creer —dijo al fin, girándose hacia mí—. Justo el otro día con unos amigos terminamos hablando de eso. A todos nos daba curiosidad probar algo así.

Al principio creí que era una broma para seguirme la corriente. Pero por la forma en que lo dijo, sin reírse, entendí que hablaba en serio. Y algo se encendió en mi vientre de inmediato.

No respondí enseguida. Tardé casi dos meses en animarme. Dos meses imaginándolo en la ducha, antes de dormir, en mitad de una clase aburrida. Hasta que un día le escribí y se lo dije sin rodeos: que si a sus amigos les interesaba, quería que me cogieran entre todos.

—Ya les mostré tus fotos —contestó casi al instante—. Se quedaron mudos. Les dije que sos bien lanzada. Van a decir que sí.

Y dijeron que sí.

***

Aclaro algo para que se entienda: yo me mudé de ciudad para estudiar y vivo sola en un departamento que pagan mis padres. Era el escenario perfecto. Nadie a quien dar cuentas, nadie que tocara la puerta sin avisar.

Armamos un grupo de mensajes con todos. Desde ahí ya empezó lo bueno. Me escribían lo que pensaban hacerme, me pedían fotos, videos, audios. Yo les contestaba diciéndoles que me trataran como lo que iba a ser esa noche para ellos. Algunos tenían novia. No me importó. No era mi problema ni mi conciencia la que estaba en juego.

Acordamos el día. Llegarían a las seis de la tarde: cinco hombres en total, mi amigo incluido. El más chico tenía veintidós; el mayor, veintisiete. Me arreglé para la ocasión. Una minifalda negra tan corta que apenas cubría lo necesario, un top blanco ajustado y tacones del mismo color. Nada de ropa interior. Y, sin avisarles, me puse un plug antes de que llegaran, para que entendieran sin tener que preguntar que esa noche todo estaba permitido.

Llegaron juntos, puntuales. Apenas cruzaron la puerta me besaron uno por uno en la boca, despacio, como si cada uno quisiera marcar territorio. Las manos no esperaron. Me tocaban por todas partes, me apretaban, me recorrían. Uno deslizó los dedos entre mis piernas y se detuvo al sentir el plug.

—Mirá lo que tenemos acá —dijo, sonriendo de medio lado—. Vino lista la nena.

El plan original era beber algo y charlar antes de empezar. No aguantamos ni cinco minutos. La conversación quedó a medias y todos terminamos en mi habitación. Me desnudaron entre varias manos hasta dejarme solo con los tacones y el plug. Me arrodillé en el suelo y empecé.

Lo que me ponían delante, me lo metía a la boca. No distinguía de quién era cada cuál, y eso me volvía loca. Probaba tamaños distintos, texturas distintas, ritmos distintos. Estaba tan mojada que la sentía bajar por la cara interna de los muslos. Pero lo que más me encendía no era lo que hacían: era lo que decían.

—Qué rico la chupás.

—Hasta el fondo, vamos.

—Esta boca es un vicio.

Después empezaron a hablar entre ellos, como si yo no estuviera, y eso me prendió todavía más.

—Me toca a mí.

—Chupa mejor que cualquiera.

—¿Vieron el culo que tiene?

Sin darme cuenta ya estaba en cuatro sobre la cama. Alguien me retiró el plug y me penetró por delante de una sola estocada. Tenía a dos hombres frente a mí entrando y saliendo de mi boca, otro me chupaba un pecho, una cuarta mano me apretaba la cadera. Eran tantas sensaciones al mismo tiempo que el primer orgasmo me llegó casi de inmediato, fuerte, sin aviso.

—Mirá cómo gime la putita —dijo uno, y la palabra me gustó más de lo que esperaba.

***

Mi amigo fue el primero en pedir el otro lado.

—Ahora yo, por atrás —avisó.

Uno de ellos se acostó debajo de mí y lo monté. Mi amigo se acomodó detrás y entró despacio, y los otros tres se ubicaron alrededor para que los atendiera con la boca y las manos al mismo tiempo. Al principio dolió. Pero el dolor duró poco y enseguida se transformó en algo que me hacía temblar. No tenía ni un segundo para gritar: siempre había alguien ocupando mi boca.

En esa posición el primero terminó en el fondo de mi garganta, y poco después mi amigo lo hizo por detrás. Apenas se apartaba uno, otro tomaba su lugar. Hicieron una pausa solo para ir por más cerveza a la cocina, y volvieron como si nada, listos otra vez.

Para cuando todos habían acabado al menos una vez, los primeros ya estaban recuperados y me penetraron de nuevo sin preguntar. Eso, debo admitirlo, era lo que más me gustaba: que no pidieran permiso. Terminé empapada, una mezcla de sudor, de ellos y de mí misma. Cuando por fin se cansaron, se pusieron la ropa interior y me convencieron de quedarme con el plug puesto, que para entonces entraba con una facilidad que a mí misma me sorprendió.

Nos pasamos a la sala. No me limpié ni una gota. Quería seguir viéndome así para ellos, y así me sentía: descarada, deseada, completamente suya. Charlamos, nos reímos, comentaron cada detalle de mi cuerpo con un descaro que me halagaba. Y, todavía con la cerveza en la mano, decidieron cogerme una vez más sobre la alfombra. Al terminar me dejaron tendida en el suelo, se vistieron y se fueron despidiéndose con un beso. Yo quedé dolorida, agotada y absolutamente eufórica. Me dormí ahí mismo, en el sillón.

***

Lo que no esperaba era lo que vino después. Empezamos a llevarnos bien de verdad, los seis. A las pocas semanas organizamos otra reunión, y luego otra. A veces venían los cinco; a veces solo dos o tres; a veces me citaba uno a solas, solo para coger y nada más.

Sin pensarlo demasiado, me convertí en la amiga del grupo. Para el cumpleaños de uno de ellos me invitaron y fui. Ahí conocí a las novias de los que tenían pareja, y para mi sorpresa congeniamos enseguida. Empezamos a salir todos juntos: a comer, a tomar algo, a festejar cumpleaños. Ellas no tienen ni idea, y esperamos que siga siendo así.

Pero al menos una vez al mes seguimos teniendo nuestro encuentro privado. Soy, oficialmente, su secreto compartido. Me lo dijeron tal cual: que dejaron de gastar plata en otros lados por mí. Me pareció tan gracioso y tan halagador que, como agradecimiento, una noche les armé un baile entero antes de empezar.

De estas noches tengo más anécdotas de las que cabrían acá. Está la vez que me amarraron y me usaron durante horas sin desatarme, dejándome a su entera disposición. O las apuestas tontas que se hacían entre ellos para ver quién aguantaba más sin tocarme.

Uno de ellos pasa por mi departamento casi todos los sábados de madrugada, después de dejar a su novia en su casa. Entra, me coge sin demasiadas palabras y se va. Así, simple. Y a mí me gusta exactamente así.

Me gusta mi lugar dentro del grupo. Me lo gané, lo elegí y lo disfruto cada vez. Quizás algún día cuente las otras historias. Por ahora, con esta basta para que entiendan por qué no pienso cambiar nada.

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Comentarios (3)

RominaVK

tremendo este relato!!! me quede sin palabras

Claudia_Mdq

desde el primer parrafo ya te engancha, que arranque tan bueno. Sigue escribiendo asi!

PablitoNeu

por favor que haya segunda parte, quede con ganas de saber como siguio todo esto

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