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Relatos Ardientes

Invitamos a su ex a nuestro trío de venganza

Noelia había dedicado la tarde entera a preparar la noche con una ilusión que apenas lograba contener. Una ducha larga con su gel de vainilla, el que dejaba su piel clara y salpicada de pecas oliendo dulce. El pelo castaño cepillado hasta caer liso por la espalda. Lencería negra y fina, de la que abraza sin apretar. Velas en la mesa, una cena sencilla pero pensada con cariño y una botella de vino tinto que había comprado con lo último del sueldo.

Adrián llegó pasadas las ocho con su sonrisa de siempre y una botella en la mano. Veintiséis años, ancho de hombros, el gimnasio marcado en cada gesto. Durante una hora todo fue perfecto: las miradas, el roce de las manos, la promesa de lo que vendría después del postre.

Entonces el móvil vibró sobre la mesa.

Noelia vio la pantalla antes de que él pudiera taparla. Un nombre, Zaira, y un mensaje que no dejaba lugar a dudas: «Feliz aniversario, guapo. ¿Sigues pensando en mí cuando estás dentro de ella?». La ex. La que supuestamente había quedado atrás meses antes.

Lo que siguió fue una discusión seca. Lágrimas de ella, excusas torpes de él, un silencio que pesaba más que cualquier grito. La cena se enfrió en la mesa, las velas se consumieron hasta el platillo y el vino quedó sin abrir, como un reproche más sobre el mantel. No hubo besos ni nada de lo prometido. Se durmieron de espaldas, cada uno en su orilla de la cama, con la rabia latiendo entre los dos como un tercer cuerpo invisible. Y, sin embargo, en esa rabia había algo más, algo que Noelia tardó toda la noche en reconocer y que para la mañana siguiente ya tenía forma de plan.

***

Al día siguiente la casa seguía en penumbra, las velas apagadas y la botella sin descorchar. Noelia salió del baño envuelta en una toalla blanca, el pelo aún goteándole por los hombros. No había rastro de las lágrimas de la noche anterior. En su lugar tenía los ojos verdes encendidos por algo distinto, una mezcla difícil de nombrar entre la rabia y un deseo que no pensaba disimular.

Se plantó delante de Adrián, que estaba sentado en el sofá con los vaqueros puestos y la camiseta marcándole el pecho.

—Llámala.

Él levantó la vista, desconcertado.

—¿Ahora?

—Ahora. Quiero que venga. Vamos a sacarnos de encima toda la mierda de anoche, los tres. Pero ella se va a ir sabiendo que nos jodió la noche. Vamos a ser duros. Que entienda que no se mandan mensajes así y se sale impune.

Adrián tragó saliva. La idea ya le tensaba la tela de los vaqueros, y Noelia lo notó.

—¿Y si viene creyendo que puede reconquistarme? —preguntó él.

—Que lo intente. La hará sufrir más. Y a nosotros nos va a poner todavía más. Marca.

Adrián marcó. Zaira contestó al segundo tono, con una voz suave que temblaba un poco.

—Hola, guapo…

—Ven a casa. Ahora. Noelia lo sabe.

Hubo tres segundos de silencio. Luego, con un tono que mezclaba sorpresa y una esperanza mal escondida:

—¿Los dos queréis verme?

—Sí. Ponte el vestido granate, ese con el que no podía quitarte los ojos de encima. Y ven preparada, porque hoy no sales de aquí sin haber pagado por el mensajito de ayer.

Zaira soltó una risa baja, nerviosa.

—Dame veinte minutos.

***

Veinticinco minutos después sonó el timbre. Zaira entró con pasos cuidadosos, como si pisara cristal. El vestido granate se le pegaba a un cuerpo delgado y trabajado: piel oliva tersa, cintura estrecha, caderas finas y un pelo negro ondulado que le caía hasta media espalda oliendo a argán. Sus ojos oscuros buscaron primero a Adrián con un anhelo evidente, y solo después a Noelia, con una chispa entre el miedo y el desafío.

—Hola… —dijo bajito, casi tímida—. Gracias por llamarme. No sabía si…

Noelia se acercó despacio, le cogió la barbilla con dos dedos y la obligó a sostenerle la mirada.

—Aquí no se dan las gracias, Zaira. Estás aquí porque anoche nos arruinaste la noche con tu mensaje. Hoy lo vas a compensar, y va a doler un poco. ¿Entendido?

Zaira asintió despacio, los ojos brillándole.

—Entendido. Castigadme.

Noelia la besó con dureza, mordiéndole el labio inferior hasta arrancarle un gemido. Después la empujó con suavidad hacia el centro del salón.

—Quítate el vestido. Despacio. Que lo veamos bien.

Zaira obedeció. La tela cayó al suelo y quedó en ropa interior negra, el cuerpo firme respirando deprisa, las costillas apenas marcadas bajo la piel. Noelia se quitó la toalla, se sentó en el sofá y abrió las piernas sin ninguna prisa.

—Arrodíllate y cómemelo. Con ganas. Quiero notar que te estás esforzando por lo de anoche.

Zaira se arrodilló al instante. Apoyó las manos en los muslos claros de Noelia y empezó a lamer con intensidad, la lengua rápida, los dedos entrando sin pedir permiso. Noelia le agarró el pelo negro y tiró con fuerza.

—Más adentro. Anoche quisiste recordarle lo que tenía contigo… ahora vas a comprobar lo que tiene conmigo. No pares hasta que te duela la mandíbula.

Zaira gemía contra ella, esforzándose de verdad, la respiración entrecortada. Adrián se quitó la camiseta y los vaqueros y se colocó detrás de ella. Le bajó la ropa interior de un tirón y se tomó su tiempo, las manos abriéndole las nalgas, antes de empujar.

—Esto es lo único que vas a dar hoy —dijo él, con la voz ronca—. Y lo vas a dar entero. Por jodernos la noche.

Zaira soltó un grito ahogado contra el sexo de Noelia.

—Más… joder… castígame…

Adrián empezó a moverse con un ritmo fuerte, embestidas profundas que sacudían el cuerpo de Zaira hacia delante con cada golpe. El salón se llenó del sonido de la piel contra la piel, de gemidos ahogados y de la respiración entrecortada de los tres. Noelia seguía sujetándole la cabeza, marcándole el ritmo contra sí misma, observando cada gesto de la otra con una calma fría, casi de jueza, disfrutando tanto del placer como del control que por fin sentía sobre la situación.

—Mira cómo te gusta —se burló—. Te encanta que te castiguen mientras le comes el coño a la que ahora lo tiene todo. Sigue. Ni un segundo de descanso.

Zaira temblaba, los ojos húmedos de esfuerzo, pero no aflojaba. Noelia se corrió por primera vez apretándole la cara contra ella, las piernas cerrándose un instante alrededor de su cabeza antes de soltarla.

—Buena chica. Ahora levántate un momento.

***

Zaira se incorporó jadeando, la cara brillante, el pelo revuelto. Noelia se puso a cuatro patas sobre el sofá y miró a Adrián por encima del hombro.

—Fóllame. Delante de ella. Que vea cómo me das lo que ella ya no va a tener.

Adrián entró en ella de una sola embestida, hasta el fondo. Noelia gimió alto, exagerando para que la otra lo oyera bien. Zaira se quedó de rodillas, mirando, la respiración agitada, sin saber qué hacer con las manos.

—Ven aquí —le ordenó Noelia—. Mientras me folla, atiende a tu ex por detrás. Hazlo bien. Que note cuánto lo echas de menos.

Zaira se acercó gateando. Se colocó detrás de Adrián, le separó las nalgas y empezó a lamerle con una devoción que rozaba la desesperación, primero despacio, después con la lengua entera, gimiendo contra su piel.

—Joder… Zaira… así… —gruñó él, embistiendo más fuerte.

Noelia se rio entre gemidos.

—Mírala. Te atiende como si fuera lo último que va a probar en su vida. Sigue. Haz que se corra más fuerte dentro de mí.

Zaira alternaba sin descanso, la lengua en él mientras Adrián la follaba a ella sin tregua. El ritmo del salón era una sola cosa, los tres cuerpos encajados en la misma rabia convertida en otra cosa. Después Adrián salió de Noelia y volvió a Zaira, esta vez más duro, más rápido.

—Ahora tú. A cuatro patas.

Zaira se colocó de nuevo, la espalda arqueada. Adrián entró de golpe y empezó a moverse con fuerza. Ella gritaba con una mezcla de placer y dolor que no se molestaba en esconder.

—Más… te echo de menos… joder…

Noelia se sentó delante de ella, le abrió las piernas y la obligó a seguir con la boca.

—Cómemelo mientras te castigan. Es justo lo que te mereces por arruinarnos la noche.

Zaira obedeció, la lengua dentro de Noelia, el cuerpo temblando con cada embestida. Noelia le tiraba del pelo, marcándole el ritmo, disfrutando de tenerla así, entre los dos, sin escapatoria.

Zaira se corrió primero, todo su cuerpo sacudiéndose en espasmos. Noelia la siguió poco después, apretándole la cara contra ella una última vez.

Adrián ya no aguantaba.

—Voy a correrme…

—En mi boca —ordenó Noelia.

Se arrodilló rápido. Él se vació en su boca abierta, y ella mantuvo todo dentro. Miró a Zaira, sudada, agotada, con la cara marcada por el esfuerzo, y entonces se inclinó hacia ella.

Abrió la boca despacio y dejó caer todo sobre su rostro, en los labios, en la lengua que aún jadeaba.

—Esto es por el mensaje de anoche —dijo Noelia, con la voz ronca y posesiva—. Llévate esto y recuérdalo bien. Él es mío. Tú solo has sido nuestro desahogo de hoy.

Zaira no respondió. Recogió su vestido granate del suelo en silencio, y por primera vez en toda la tarde no quedaba ni rastro de aquella chispa de desafío con la que había entrado.

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Comentarios (5)

TensionPura

Excelente!!! Me dejó sin palabras, qué situacion tan intensa.

PabloNqn

Por favor tiene que haber segunda parte, no puede quedar ahi jaja

Valentina_Bue

Me encantó la idea, muy original. Se siente real sin ser exagerado. Sigue asi!

LucasMar

Me recordó a algo que viví hace años, pero no tuve ni la mitad del valor que tienen estos. Jajaja buenísimo

Roxana_MX

tremendo!!! no pude dejar de leer hasta el final

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