Lo que vi desde el umbral esa noche
Llevas años tragando suspiros a medianoche. Esa noche alguien te estaba mirando desde la puerta, y tu cuerpo lo supo antes que tú.
Llevas años tragando suspiros a medianoche. Esa noche alguien te estaba mirando desde la puerta, y tu cuerpo lo supo antes que tú.
Rodrigo me dijo que serían seis. Yo me levanté y me fui. Nueve días después le devolví la llamada para decirle que había pensado y que sí.
Salí a hacer unos trámites con el chico de mi primera vez. No imaginé que terminaría el día llenada dos veces y sin haberme corrido ninguna.
Cuando abrí la puerta esa noche, ellos no sabían que yo ya tenía el sabor de su amigo en la boca y un plan calculado en cada movimiento de mis caderas.
El trato era simple: si llegaba hasta el garaje sin que nadie la viera, la recompensa sería inolvidable. Pero el edificio nunca estaba del todo vacío.
Me senté en el murete frente al mar, separé las piernas y dejé que el viento hiciera el resto. Seis desconocidos vieron todo. Los necesitaba a todos.
Le di permiso para estar con otro. Lo que no esperaba era quedarme pegado al telefono, escuchando todo, sin poder colgar.
Dejé la cortina entreabierta a propósito. Ella lo sabía y no dejó de mirar. Así empezó todo: observándonos desde lejos antes de que la distancia dejara de importar.
Cuando la vi en la puerta, supe que esa cena no iba a terminar como cualquier otra. Vera tenía esa mirada que lo decía todo sin decirlo.
Solo llevaba un abrigo largo y botas de tacón. Su único plan era sentir las miradas de extraños recorriéndole el cuerpo mientras fingía hacer la compra.
Él tardaba en cambiarse. Ella esperaba afuera. Y un grupo de turistas pasó por el lugar equivocado en el momento perfecto.
Vine a pasar la noche en su departamento y terminé desnuda en el sofá mientras su mejor amiga nos miraba desde el sillón, sin moverse y sin decir una sola palabra.