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Relatos Ardientes

Lo que pasó con mi vecina después de la fiesta

Acompañé a mi hermano a una reunión de exalumnos sin que me lo pidiera dos veces. Él creía que iba por aburrimiento, pero la verdad era más simple y más vergonzosa: alguien me había dicho que Mariana estaría ahí, y yo llevaba semanas inventando excusas para volver a verla.

Éramos vecinos desde siempre. Nuestras puertas estaban una frente a la otra, y aun así casi nunca coincidíamos. Un saludo en el pasillo, un comentario sobre el ascensor descompuesto, nada más. Cada uno con sus horarios, sus estudios, su vida. Pero había algo entre nosotros que nunca se había dicho en voz alta, y yo quería decirlo.

La reunión era en casa de unos amigos en común, una construcción enorme de piedra gris en la parte alta de la ciudad. Habían colgado focos de colores en el jardín, y esa luz tenue lo volvía todo más íntimo, como si la noche estuviera de nuestro lado. Uno podía perderse entre la gente sin que nadie lo notara.

Estuvimos un rato charlando con los amigos, arreglando el mundo con esa seguridad que solo se tiene a esa edad, cuando uno cree que todo lo sabe y todo lo puede. Me reía de las ocurrencias de los demás, pero miraba la entrada cada pocos minutos.

Mariana llegó media hora después, acompañada de dos amigas. La abordé apenas la vi. La saludé de beso en la mejilla y la llevé, junto con sus amigas, hacia donde estaba mi hermano. Uno de sus amigos se ofreció a traer las bebidas de las chicas, y aproveché para invitarla a bailar. Nos separamos del grupo casi de inmediato. Marcaba territorio, lo admito: uno de los muchachos la rondaba demasiado.

A partir de ahí no la dejé sola ni un momento. Bailábamos, descansábamos, volvíamos a bailar. Cuando pusieron música movida, el ambiente se encendió. Cantábamos, aplaudíamos, nos reíamos de nada. La fiesta estaba en su mejor momento.

Terminamos sudando y nos sentamos a refrescarnos con un par de refrescos —ninguno de los dos tomaba alcohol entonces—. Después salimos a caminar por los jardines. La alberca estaba cubierta con una lona. Ella se cruzó de brazos por el frío y le puse mi suéter sobre los hombros, abrazándola mientras seguíamos caminando.

***

Hablamos con una intimidad que no habíamos tenido nunca. Recordamos aquel reencuentro de hacía meses, cuando por fin nos habíamos confesado la atracción que arrastrábamos desde adolescentes, y cómo había terminado aquel día. Ella se ruborizó al recordarlo.

Nos sentamos en un columpio de jardín, de esos para dos.

—¿Te arrepientes? —le pregunté.

—No. Pero no sé… me da pena hablarlo así, en voz alta.

—¿Por qué? ¿Acaso no te gustó? —le tomé la mano con una de las mías y dejé la otra sobre su pierna, acariciándola despacio—. A mí me excita recordarlo.

Me miró fijo, sin decir nada más. Juntamos los labios en un beso tibio que enseguida se volvió otra cosa. La besé con hambre, busqué sus pechos bajo la blusa, y ella respondió separando los labios, buscando mi lengua con la suya. Subí su falda, encontré sus medias, sus dedos crispados en mi nuca.

Pasé la mano por su entrepierna. Ella suspiraba, y los gemidos se le quedaban atrapados en mi boca. Bajé el cierre de mi pantalón. Su mano se cerró sobre mí por encima de la tela, y entonces me detuvo.

—No, espera… nos pueden ver —dijo con la voz entrecortada.

No había nadie cerca, pero el riesgo era real. La tomé de la mano, la ayudé a levantarse y caminamos hacia el otro extremo del jardín, donde unos rosales y matorrales nos escondían por completo. Ahí nos recostamos sobre el pasto.

Tendí mi suéter en el césped y ella se sentó encima. Le levanté la blusa, le solté el sostén y empecé a besarle los pechos mientras mis manos recorrían sus costados hasta la cadera. Le bajé las medias y la ropa interior hasta las rodillas, me arrodillé frente a ella y terminé de desnudarla de la cintura para abajo.

La besé despacio, con la lengua, hasta que dejó de contenerse. Cuando empezó a retorcerse, cerca ya del orgasmo, le subí las piernas a mis hombros y la penetré de una sola vez. Soltó un grito que era sorpresa y placer a la vez, y se lo silencié con un beso.

—Qué grueso… me llenas —dijo contra mi boca.

Me rodeó la cintura con las piernas, levantó la cadera y estalló moviéndose contra mí, jadeando bajito para que no la oyeran. Yo seguí, cada vez con más fuerza, hasta que sentí que estaba por terminar.

—Ya casi… —alcancé a decir.

Me empujó suave para que saliera, se inclinó y me tomó con la boca. Subía y bajaba con una destreza que me desarmó. Puse las manos en su cabeza, acompasando el ritmo, y terminé así, mientras ella tragaba sin perder una gota y me limpiaba con la lengua. Una gota se le escapó por la comisura; la recogió con el dedo y se lo chupó mirándome, con una media sonrisa.

Se puso en cuatro para recoger su ropa. Le acaricié las nalgas y, sin pensarlo, separé sus muslos y le pasé la lengua entre ellas. Ella pegó un brinco.

—¿Qué haces? —dijo, escandalizada y divertida a la vez.

—Tienes un cuerpo precioso. Me encantaría probarte por ahí.

—¿Estás loco? No se puede… eso no es normal —frunció el ceño, pero se reía.

Nos vestimos. Le quité unas briznas de pasto del cabello, recogí mi suéter manchado —por suerte era oscuro y solo se veía húmedo— y volvimos a la casa.

***

Una de sus amigas nos recibió con una sonrisa pícara.

—¿Dónde andaban, tortolitos?

—En el jardín —contestó Mariana, mientras la otra le pasaba un vaso.

Le dio un trago largo y tosió.

—¿Qué es esto?

—Una cuba —dijo la amiga.

—Pero yo no tomo… —intentó devolver el vaso.

—No seas tonta, ya te vas a acostumbrar. Es como el primer cigarro.

La amiga rechazó el vaso entre risas, y Mariana no tuvo más remedio que beber otro trago: tenía la boca seca.

La fiesta siguió. Cuando empezaron las baladas lentas, la tomé por la cintura. Apoyé mi mano junto a la suya sobre mi pecho y bailamos pegados, sus pechos contra mí, mis manos en sus caderas. Le hablaba al oído.

—Hueles increíble —le dije, y le besé el lóbulo de la oreja—. Tu piel me vuelve loco.

Posé los labios en su cuello y la sentí estremecerse y apretarse contra mí. Mi cuerpo reaccionó al instante. Ella lo notó, me miró, y yo solo sonreí. Apoyó la cabeza en mi hombro y se dejó llevar, con los ojos cerrados, disfrutando de la cercanía tanto como yo.

El alcohol, al que no estaba acostumbrada, empezaba a soltarla. Me besó con una entrega total y murmuró algo que no entendí. Empezó la segunda canción, los roces se intensificaron, y cuando terminó la tomé de la mano. Recogí mi suéter como excusa y le propuse llevarlo al coche.

***

Le abrí la puerta del auto. Se me quedó mirando.

—Quedémonos aquí un rato, mientras se te pasa —le dije—. Ya sabes cómo es tu amiga.

Asintió y subió. Yo me senté al volante y puse un casete de música suave. Ella se recostó en el respaldo, entornó los ojos y respiró hondo. Me acerqué, le pasé el brazo por los hombros y le besé el lóbulo, porque ya sabía que eso la encendía. Mi mano bajó de su pecho a sus piernas, se coló bajo la falda. Ella apoyó la suya muy cerca de mi entrepierna, y al ladearme le hice sentir que ya estaba duro.

—Está muy duro —dijo, casi sin aliento, acariciándome por encima del pantalón.

—Así me pones. Eres preciosa, te deseo muchísimo.

Le solté el sostén, le levanté la blusa y le besé el pecho mientras mi mano llegaba a su entrepierna. La acariciaba por encima de la ropa interior, y ella jadeaba y me apretaba.

Me desabrochó el pantalón, me liberó y empezó a acariciarme. Después se inclinó y me lo tomó con la boca. Le levanté la falda para tener sus nalgas a mano, y ella se acomodó para que pudiera tocarla mejor.

—Mejor vámonos —dijo de pronto, con un hilo de resistencia.

—Pasemos atrás, vamos a estar más cómodos.

La besé otra vez, le acaricié los pechos hasta vencer esa resistencia breve, y la hice saltar al asiento trasero. Ella miró a ambos lados; le aseguré que no había nadie y que estuviera tranquila.

Volvimos a acomodarnos. Le bajé las medias y la ropa interior hasta las rodillas, y ella se inclinó sobre mí. Pasaba la lengua a lo largo, me besaba, probaba, se lo metía entero. Su cabeza subía y bajaba sin parar. Yo le terminé de bajar las medias y le metí los dedos, despacio, sintiéndola empapada y cerca del límite.

Cuando empezó a tocarle el otro orificio, ella movía las nalgas tratando de esquivarme, pero yo volvía a sus dedos dentro de su sexo, y al poco tiempo gimió con una especie de chillido ahogado y se hundió en mi boca mientras yo le pasaba el pulgar por el clítoris. Se vino así, conmigo dentro de su boca.

—¿Qué sientes? ¿No te gusta? —le pregunté, llevando los dedos otra vez atrás.

—Sí… pero es raro.

—Tú disfruta —le dije, y la guie de nuevo hacia mí.

Ella volvió a tomarme con la boca mientras yo le acariciaba el esfínter, dilatándolo poco a poco. Más relajada, lo aceptaba entre murmullos de placer. Aproveché ese momento, me pasé al volante y arranqué.

—¿Qué haces? ¿A dónde vamos? —preguntó.

—A un lugar donde podamos estar tranquilos. ¿Quieres? —le acaricié la pierna, le levanté la cara y la besé.

Sonrió tímida, con los ojos brillándole, y bajó la cabeza sin decir nada. Me dirigí al primer hotel que apareciera en el camino.

***

Mientras manejaba, ella siguió. Me bajó el pantalón hasta medio muslo y me tomó otra vez con la boca. En un semáforo le bajé las medias del todo, y ella levantó la cadera para ayudarme. Humedecí mis dedos y empecé a acariciarla por detrás. Gimió y movió la cadera lentamente, ofreciéndose, aceptando del todo.

Estábamos a un par de calles del hotel cuando intenté apartarla con la mano en su frente.

—Espera, que me vas a hacer terminar.

En lugar de detenerse, insistió con más ganas. Frené al entrar al hotel, le puse la mano en la cabeza y terminé directamente en su garganta, sin avisarle. Quiso retroceder, pero no la dejé, y tuvo que tragar todo. Cuando pasó el primer impulso, siguió hasta dejarme limpio.

Bajé a recepción mientras ella se acomodaba la ropa. Volví por ella, la besé, le apreté una nalga al rodearle la cadera y subimos a la habitación.

Al cerrar la puerta nos fundimos en un beso largo. Nuestras manos se buscaban y nos arrancábamos la ropa el uno al otro. Cuando quedó en ropa interior, me separé un poco para mirarla. Ella, pudorosa, intentó cubrirse los pechos y el sexo con las manos. Le aparté una, le solté el sostén y la besé despacio, uno a uno, hasta que echó la cabeza hacia atrás gimiendo bajito.

La empujé con suavidad hacia la cama. Se sentó, le levanté las piernas y terminé de desnudarla. Le besé las piernas desde los tobillos hacia arriba, sin prisa. Ella suspiraba, casi gemía. Me arrodillé y la probé entera, lengua y dedos, hasta que tuvo otro orgasmo, mesándose el cabello, apretándose los pechos.

Subí besando su vientre, me detuve en el ombligo y la hice reír y temblar a la vez. Ella estiraba los brazos, tratando de jalarme hacia ella. Me liberé del bóxer, la besé en los labios y la penetré despacio, hundiéndome hasta el fondo.

Me abrazó fuerte, casi mordiéndome los labios. Empecé a moverme dentro de ella, lento al principio, saliendo casi por completo para volver a entrar entero. Después aceleré, embistiéndola con más fuerza. Ella me rodeó con las piernas y acomodó su ritmo al mío.

Nos pusimos de lado sin separarnos. Yo seguía dentro, acariciándole las nalgas, y nuestras respiraciones agitadas se mezclaban con sus gemidos. Cuando volví a acelerar, ella apretó las piernas a mi alrededor y gritó un orgasmo escandaloso, clavándome las uñas en la espalda.

Bajé el ritmo para dejarla disfrutar. Cuando aflojó, volví a empujar con más vigor. Acercó los labios a mi oído.

—No te corras dentro… por favor —dijo, con la voz quebrada.

Aceleré, y al sentir que llegaba salí de ella. El primer chorro le cayó en los pechos, el segundo en el vientre. Ella se incorporó a medias, me tomó y se lo metió en la boca, succionando hasta que terminé.

—Lo haces increíble —le dije, acariciándole la cabeza.

Sonrió y me acarició despacio.

—Eres el primero al que se lo hago —murmuró.

No contesté. Me recosté a su lado. Ella fue al baño a limpiarse y volvió a la cama. Me besó, jugó con su mano por mi cuerpo, y entre caricia y caricia volví a endurecerme.

—Mira cómo se puso otra vez —dijo riéndose, apretándome.

***

Se subió encima de mí y se fue acomodando hasta quedar sentada. Le acaricié los pechos mientras ella se movía, subiendo y bajando, primero despacio y luego con más ganas, las manos en su propio cabello, dejándome mirarla. Le chupé un pezón y le apreté las nalgas para marcarle el ritmo.

Cambiamos de postura. Se montó de espaldas a mí, dándome la mejor vista, y siguió moviéndose hasta correrse de nuevo, quedando inclinada entre mis piernas. Me coloqué detrás, la levanté un poco y la penetré otra vez. La embestí con fuerza hasta que volvió a estremecerse, y en ese momento le acaricié de nuevo el otro orificio con un dedo bien lubricado.

—Aaah… —gimió, poniéndome la mano en el brazo.

Seguí, dilatándola con cuidado, y ella solo suspiraba. Salí de su sexo, apoyé la punta atrás y presioné despacio.

—Despacio… ten cuidado —pidió, mordiéndose el labio.

Le acaricié la espalda y avancé de a poco, con pausas, dándole tiempo a acostumbrarse. Así fui entrando un poco más con cada empuje, hasta llegar al fondo. Me quedé quieto unos segundos.

—Ya pasó —le dije al oído—. ¿Te duele?

—Muy poco… sigue así, despacio.

Empecé a moverme con más continuidad, y pronto era ella la que se impulsaba hacia atrás, buscándome. La tomé de la cintura y la penetré cada vez con más facilidad, mientras con la otra mano le acariciaba el clítoris. Coordinaba sus movimientos con los míos, hasta que terminé dentro, abrazado a su espalda.

Me quedé un momento así, besándole el hombro y el cuello.

—¿Estás bien?

Asintió, apretándome todavía. Salí despacio, la abracé por detrás y nos quedamos así, de cucharita, recuperando el aliento. Después fuimos a bañarnos, riéndonos como si nada de lo de afuera existiera, como si esa noche fuera a durar para siempre.

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Comentarios (4)

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excelente relato!!

PabloLect_ba

Por favor continua, no puede quedarse ahi. Quede con ganas de saber que pasó las semanas siguientes.

Luisina_rosario

Me recordó a algo parecido que me pasó hace tiempo con un vecino jaja. Esas cosas no se olvidan. Muy bien narrado

TomaNoche

¿Siguió habiendo contacto despues de esa noche? Pregunto por curiosidad jeje

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