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Relatos Ardientes

Mi primera vez como mujer con mi tío militar

Mi tío Andrés y yo teníamos algo pendiente. Habían pasado seis meses desde que lo trasladaron a la base del sur, y cuatro desde mi operación, esa en la que por fin me dieron el cuerpo que siempre supe que era el mío. Durante la recuperación descubrí que mis nuevos labios conservaban casi toda la sensibilidad; me pasaba tardes enteras a solas conmigo misma, redescubriéndome.

Lo único que odiaba era la distancia. Quería que él fuera el primero. Que nadie más me tocara antes que mi tío.

En esos meses me enteré de que lo habían ascendido. Ahora tenía más responsabilidades, más rango y, según mi madre, andaba siempre serio y ocupado. Aun así, un jueves a la noche me llamó por videollamada.

—Quiero verte —dijo, con esa voz grave que me erizaba la piel—. ¿Te animás a venir un fin de semana si te mando el pasaje? Voy a estar solo en la base.

—Claro que sí —respondí sin pensarlo dos veces—. Cuando vos digas.

—El próximo sábado. Te quedás en mi cuarto, como si fueras mi novia.

Esa palabra me dejó temblando el resto de la noche.

***

Me preparé como nunca. Compré ropa nueva, fui a la peluquería, me hice las uñas de las manos y de los pies. Me depilé entera. Cada noche, antes de dormir, ensayaba con paciencia para acostumbrar mi cuerpo a lo que venía, porque sabía que mi tío era un hombre grande y yo no quería decepcionarlo.

A medida que se acercaba la fecha, los nervios me ganaban. Le conté a mamá que el tío Andrés me había invitado a visitarlo y se puso feliz; siempre lo quiso mucho. Me preguntó si iba a estar mucho tiempo con él y le dije que me iba a enseñar cosas de su vida en la base. No mentía del todo.

También me esmeré en el gimnasio. Las hormonas me habían ensanchado las caderas y, con un poco de trabajo, mi figura tenía por fin las curvas que tanto había deseado. Me miraba al espejo y no me reconocía. Me gustaba lo que veía.

***

Llegó el día. Le mandé un mensaje desde el aeropuerto diciéndole que ya salía, y él me contestó que iba a pasar a buscar a su nena. Esa frase me hizo sonreír durante todo el vuelo.

Al aterrizar, me bajé con mis valijas. Llevaba una calza color café que me marcaba todo y una blusa sin tirantes, sin nada debajo, para que se notara cada detalle. Antes de salir me solté el pelo y me retoqué el maquillaje en el baño. Quería verme hermosa para él.

La zona de arribos estaba llena de militares, casi todos hombres altos y apuestos. Varios me miraban y me sonreían, y yo disfrutaba esa atención nueva. Hasta que lo vi a lo lejos: imposible no reconocerlo, con su estatura y su uniforme impecable. Tenía un ramo de flores en la mano.

Corrí hacia él. Me alzó en el aire como si no pesara nada y me besó en los labios, sin disimulo, igual que se besa a una mujer que uno extrañó.

A su lado había otro militar, un hombre macizo de unos cuarenta y tantos, calvo, con la sombra de una barba oscura y unos brazos enormes. Mi tío me presentó.

—Aldo, ella es Daniela, una amiga de la familia que viene a pasar el fin de semana.

—Mucho gusto —dije, extendiéndole la mano.

—El gusto es mío —contestó, recorriéndome con la mirada—. El comandante siempre tuvo buen ojo. Ya entiendo a qué viniste.

—¿Viste qué linda, Aldo? —dijo mi tío, divertido.

—Una suerte la tuya, Andrés. Daniela, si algún día te cansás de él, acá voy a estar yo.

—Tío, ¿no les vas a decir que soy tu sobrina? —pregunté, fingiendo enojo.

—Es que no quiero que sepan que sos mi sobrina preferida —rió, y Aldo lo acompañó con una carcajada.

—Bueno, los dejo. Vengo a buscar a mi hija, que llega en este vuelo —dijo Aldo, y se fue guiñándome un ojo.

***

Mi tío me tomó de la cintura, cargó mis valijas como todo un caballero y me llevó hasta su auto. Sus hombros se veían más anchos que antes, había engordado apenas un poco, y en ese uniforme y esas botas parecía sacado de una fantasía. Nos tomamos de la mano apenas arrancó.

—Mi amor, no sabés las ganas que tenía de verte —dijo, apretándome el muslo por encima de la calza—. Esta noche es nuestra, ¿sí? Como pareja, como amantes.

Asentí con la cabeza, sin confiar en mi voz.

—Estás hecha toda una mujer. No puedo esperar a tenerte. Hace semanas que pienso solo en esto.

—Tranquilo, papi —le dije, acariciándole la mano—. Vine a darte todo lo que necesitás. Para eso estoy acá.

—Aldo quedó impresionado con vos. Le gustan las chicas como vos, dulces y entregadas. Seguro está muerto de celos.

—Se ve buen mozo —admití—. Pero no como vos.

***

En el departamento de la base me ofreció un trago y me llevó a su cuarto. Nos recostamos en la cama, yo con la cabeza apoyada en su pecho, escuchando su respiración tranquila.

—Sacame las botas y el pantalón —murmuró—. Quiero estar cómodo.

Me puse a trabajar enseguida. Mientras él se sacaba la camisa del uniforme, yo le quité las botas y lo dejé en boxers. Sus piernas, fuertes y tatuadas, me dieron un cosquilleo en el estómago. Me trepé sobre su pecho y nos besamos largo, despacio, con lengua.

Mis uñas le recorrían el cuello y el pecho. Era puro músculo, puro hombre. Entre beso y beso se me escapaban gemidos, y sus manos empezaron a explorarme las caderas, las piernas, todo. Me fue sacando la blusa y la calza hasta dejarme en una tanga blanca que lo hizo sonreír apenas la vio.

—Qué bien te queda eso. La trajiste lista para mí, ¿no? —dijo—. Ponete de rodillas al borde de la cama, mirando al espejo.

Le hice caso. Él fue hasta un cajón, sacó lubricante y me preguntó si había traído algún juguete.

—Solo un tapón —respondí, con una sonrisa—. Y lo tengo puesto.

Se le iluminó la cara. Vino detrás de mí, me besó el cuello y los hombros, me susurró al oído todo lo que me iba a hacer. Después me empujó suave hacia adelante para mirarme, me dio un par de nalgadas que me arrancaron un grito y se rió bajito.

—Quiero hacerte el amor antes de cenar. Y más tarde, algo más bruto.

—Lo que vos quieras, tío —dije, y lo decía en serio.

***

Se sacó los boxers frente a mí. Todavía no estaba del todo duro, pero ya prometía. Me tomó la cara con una mano.

—Ocupate de tu tío, como la buena chica que sos. Y mirame al espejo mientras lo hacés.

Me lo metí en la boca y empecé despacio, usando las manos, mirándolo a los ojos como me había pedido. Lo escuché gemir y echar la cabeza hacia atrás. Yo sentía que el cuerpo entero se me encendía, como un motor que recién arranca.

—Tocate por encima de la tanga —me ordenó—. Practicá. Ya sos una mujer, y eso es lo único que importa.

Empecé a acariciarme como me pedía, y la sensación de calor me recorrió de pies a cabeza. Nunca me había sentido tan deseada.

—¿Te sentís mujer, mi amor? —preguntó, y yo asentí sin dejar de mirarlo.

Para entonces ya estaba completamente erecto, grande y grueso. Lo solté apenas para hablar.

—Me encanta, tío. Me vuelve loca.

—Vení, besá a tu hombre —dijo, agachándose a mi boca y limpiándome la cara con ternura—. Ahora acostate boca arriba. Quiero conocerte entera.

***

Me eché hacia atrás y él me abrió las piernas, arrodillándose entre ellas. Empezó por los tobillos y fue subiendo: las pantorrillas, los muslos, el interior. Cuando llegó arriba, me sonrió.

—Estaba esperando este momento —dijo, y me besó ahí, despacio—. Qué suave. Qué rica.

Yo gemía sin control. Su lengua me daba escalofríos que nunca había sentido. Le hundí las manos en el pelo y me aferré a él. Por primera vez en mi vida alguien me devoraba como a la mujer que siempre fui.

Siguió un buen rato, sumando un dedo, mientras con la otra mano encontraba el tapón y me lo retiraba con cuidado.

—Qué traviesa, viniste preparada para mí —murmuró—. Así me gusta. ¿Te gusta cómo te como?

—Me encanta, papi. Estoy lista.

—Eso quería oír. Tu tío te va a dar lo que nadie te dio nunca.

***

Se acomodó sobre mí, me besó los pechos y el cuello, y al oído me dijo que iba a hacerme el amor como un hombre le hace el amor a su mujer. Sentí un escalofrío recorrerme entera. Tomó el lubricante y, de paso, un preservativo de la mesa de luz.

—No hace falta, ¿no? —le dije—. Quiero sentirte de verdad.

—¿Segura, mi niña? —preguntó, dejando el preservativo a un lado—. Me parece bien. Abrí las piernas y mostrame.

No esperaba ponerme tan nerviosa en su cama. Su mirada era intensa, casi de fiera, y yo me sentía su presa. Me besó con ternura, me colocó una almohada bajo las caderas y me chupó los pezones hasta endurecerlos, su cuerpo enorme cubriendo por completo el mío. En el espejo del techo nos veía: él, macizo y velludo; yo, suave y femenina debajo. Por fin me veía como una mujer entera.

—Hoy vas a sentir por primera vez lo que es estar con un hombre de verdad —dijo—. Es lo que más querés, ¿no?

—Sí, mi amor —respondí, con la voz quebrada—. No sé si voy a aguantar todo, pero quiero intentarlo.

—Lo vas a lograr, porque yo te voy a guiar. Poné los pies en mis hombros y las manos en mi cuello. Mirame. Del resto me encargo yo.

***

Se acomodó entre mis piernas y, en esa posición, quedé completamente a su merced. Sus muslos me trababan, el peso de su cuerpo me dejaba sin escapatoria, y de pronto eso era justo lo que quería. Nos besamos con desesperación; su mano se cerró detrás de mi nuca, marcando quién mandaba. Yo respiraba rápido, entrecortado.

Lo sentí entrar, despacio primero, después con firmeza, hasta que un dolor agudo me atravesó como una corriente. Le pedí calma. Él me susurró que me concentrara en entregarme, que confiara.

—Es grande, mi amor, te va a doler un poco —dijo—. Pero después no vas a querer que pare.

Empezó a moverse, cada vez más adentro, cada vez más hondo. Mis gemidos subían de tono y él me besaba, me hablaba, me sostenía. Le clavé las uñas en los hombros cuando llegó hasta el fondo.

—No me muevo, princesa. Estás conmigo. Entregate.

—Me duele… pero no pares —jadeé—. Tío, creo que me voy a venir…

—Vente para mí. Quiero sentirte temblar.

El dolor y la presión se transformaron en una vibración que crecía con cada embestida. Empecé a venirme, primero apenas, después con todo, gritando y sacudiéndome mientras él seguía, firme, sin aflojar. Algo se soltó dentro de mí, un placer líquido y desconocido, un orgasmo que jamás había imaginado posible.

—Así, mi amor —decía—. Aguantá, no voy a parar.

—Ay, otra vez… papi, despacio, por favor… qué delicia.

***

Me alzó de la cama sin sacarla, me llevó contra la pared y me sostuvo del cuello mientras me subía y bajaba sobre él. Yo me aferraba a sus hombros, perdida.

—Mirate en el espejo —dijo, jadeando—. Mirá lo bien que nos vemos juntos. Ya sos toda una mujer, y sos mía.

Me dejó en el piso, de rodillas, y me pidió que lo limpiara con la boca. Noté un par de gotas de sangre; me había dado fuerte. Lo chupé igual, mirándolo, mientras él me hundía un dedo por detrás.

—Ahora voy por ahí —anunció—. En cuatro, abrite para tu tío.

Obedecí. Me tomó de las caderas y entró despacio. Sentí una mezcla de ardor y alivio. Sus manos volvieron al frente y, mientras me embestía, el placer regresó como una ola. Sus caderas chocaban contra las mías, sus dedos me recorrían, y volví a venirme entre gritos y temblores. Él no aflojaba.

—Pedímelo —gruñó—. Pedime que termine dentro tuyo.

—Terminá en mí, tío, por favor —supliqué—. Hacelo, papi.

—¡Qué rica que sos! —y lo sentí explotar, llenándome, mientras las embestidas se apagaban poco a poco.

***

Nos derrumbamos en la cama, empapados, sin aire. Qué hombre. Qué noche.

—¿Te gustó? —preguntó, acariciándome el pelo.

—Demasiado —dije, todavía temblando.

—¿Te gustaría probar con dos? —soltó, después de un silencio—. Tengo un amigo acá en la base que podría sumarse mañana, si querés.

—¿En serio? ¿Quién? —pregunté, abriendo los ojos.

—Aldo. El que conociste en el aeropuerto.

Me mordí el labio y sonreí contra su pecho.

—En ese caso —dije—, claro que sí.

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Comentarios(7)

VickiBA

Que historia!!! me dejo sin palabras de verdad

Naty_lectora

Por favor que haya segunda parte, me quede con muchas ganas de saber como siguio todo

Rolo_BA

Esperaba algo distinto por el titulo y me sorprendio para bien. Muy emotivo, me gusto

pabloMdz22

De los mejores que lei aca ultimamente. Se nota el cuidado en cada parrafo, muy bien escrito

CamilaFuerte

Lo que mas me gusto es como transmitis los nervios mezclados con la emocion. Se siente muy autentico, no es facil escribir algo asi sin que quede forzado. Felicitaciones!

Esperanza_Lect

increible!!!

SombrasEnRed

Cuanto tiempo llevaste escribiendolo? Se nota mucho trabajo detras. Espero mas relatos tuyos!

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