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Relatos Ardientes

La pareja que nos invitó a algo más que comer

Después de aquel fin de semana en la costa, Lucía y yo necesitábamos respirar. Habíamos abierto una puerta que ya no íbamos a cerrar, y los dos lo sabíamos. Lo hablábamos en voz baja por las noches, como quien comparte un secreto que todavía no se atreve a decir en voz alta.

El viernes siguiente fue ella quien eligió la película. No una escena suelta, como otras veces, sino una entera. Trataba de una mujer casada que salía sola, se dejaba seducir por un desconocido en un bar y, ya en la habitación del hotel, llamaba a su marido para que fuera a mirar. El hombre llegaba, se sentaba en una esquina y, sin decir una palabra, se tocaba mientras los veía.

—¿Te gustaría hacer algo así? —le pregunté, con la boca seca.

—Me pondría muy cachonda solo de saber que puedo —respondió, sin apartar los ojos de la pantalla.

—Tienes carta blanca. Una noche entera, libertad absoluta. Pero quiero vídeos. Quiero que me llames mientras pasa.

—Eso está hecho. Cuando tú quieras.

No estaba preparado para lo rápido que iba a llegar ese momento.

Lucía me había estado acariciando durante toda la película, llevándome al límite y soltando justo antes. Cuando giró la cabeza y me susurró al oído que al día siguiente buscaría a alguien para que viniera a casa, que yo solo tendría que preparar una silla y una copa de vino para brindar, no aguanté más. Me corrí entre gemidos ahogados, imaginando la escena que acababa de dibujar para mí.

—Eres una provocadora —le dije.

—Y voy a serlo mucho más a partir de ahora —contestó, dándome un beso lento—. Vamos a la cama. Quiero que me despiertes a mitad de la noche.

***

Sobre las cuatro de la madrugada me desperté duro como una piedra. Me acerqué a ella por detrás, busqué sus pezones, deslicé la mano entre sus muslos y la encontré ya húmeda, como si me hubiera estado esperando dormida.

—Fóllame —murmuró en la oscuridad.

Esa palabra, en ese tono, bastó. Pegué la cadera a su trasero y empujé hasta encontrar el camino. Ella arqueó la espalda para recibirme mejor.

—¿Así querrás que te follen cuando salgas? —le pregunté al oído.

—Así. Y que tú me estés viendo por el teléfono.

Esas palabras me empujaron por el borde. Sentí cómo me vaciaba dentro de ella mientras su vagina se contraía a mi alrededor. Llegamos juntos, en silencio, y nos quedamos abrazados hasta dormirnos.

Por la mañana la encontré con el móvil en la mano.

—Buenos días. Estoy buscando candidatos —dijo, sin levantar la vista.

Bastó esa frase para que despertara otra vez. Me enseñó el perfil de un chico alto, de mirada tranquila, con el que ya había cruzado unos cuantos mensajes. Mientras yo leía la conversación, ella bajó la cabeza hasta mi entrepierna y no la levantó hasta que terminé de leer y de temblar.

—Eres muy mala —le dije.

—Y tú disfrutas de que lo sea —respondió, subiéndose encima de mí para empezar de nuevo.

***

Las semanas siguientes transcurrieron en una especie de tensión deliciosa. Hablábamos del tema cada noche, lo alimentábamos, lo retorcíamos. Habíamos decidido que el primer encuentro sería en un hotel: ella sola con el desconocido, y yo entrando después, cuando él ya se hubiera marchado, para encontrarla abierta de piernas y todavía caliente. Era nuestra fantasía favorita, y la repetíamos hasta gastarla.

Fue entonces cuando nos llegó la invitación. Noelia y Marc, una pareja que habíamos conocido en una de aquellas reuniones, nos citaban a comer en su casa. En teoría era una quedada de negocios; en la práctica, todos sabíamos que había algo más flotando en el aire.

El sábado dejamos a los niños con mis suegros y condujimos hasta su chalet. Llegamos los primeros. Noelia nos abrió la puerta con una sonrisa que ya prometía y nos enseñó la casa antes de llevarnos al jardín, que era el verdadero encanto del lugar: piscina, una pérgola de madera con cocina al aire libre y, al fondo, la barbacoa donde Marc atendía las brasas.

—¡Buenas! ¿Habéis encontrado bien la casa? —preguntó él, secándose las manos.

—Sin problema. Todo perfecto.

Nos saludamos con un abrazo y abrí dos cervezas. Mientras Marc y yo hablábamos del trabajo y de lo bien que se vivía lejos de la ciudad, las chicas iban y venían con platos de queso, pan y embutido. Noelia, en un momento dado, le pasó la mano por el pecho a Lucía con total naturalidad, por encima de la camiseta.

—No pasa nada —dijo Lucía, y le devolvió el gesto con un beso en la boca.

—Están traviesas hoy —comentó Marc, dándole una palmada en el trasero a su mujer.

Le di un trago a la cerveza y sonreí. Las dos parejas teníamos ganas de jugar, y eso no se podía esconder. Comimos sin prisa, entre indirectas y roces premeditados, y para cuando llegó el postre la tensión era tan espesa que costaba respirar.

—Hemos preparado un juego para después de comer —dijo Noelia, mirando a su marido a los ojos.

—¿Se puede saber cuál? —pregunté.

—Sorpresa —respondió Lucía, quitándome la fuente de las manos.

Cuando se giró para dejarla en la mesa, le di una palmada en el culo. Su única respuesta fue un gemido bajo que me provocó una erección inmediata. La sujeté por las caderas y la atraje hacia mí para que sintiera lo que crecía bajo mi pantalón. Enfrente, la mano de Noelia ya se había colado dentro del short de Marc, sin ningún disimulo.

—Vamos al postre, que si no acabamos antes de empezar —bromeó él, poniendo la única nota de cordura.

***

Después del café, Noelia tomó a su marido de la mano y se lo llevó dentro de la casa. Volvió sola a los cinco minutos y se sentó a mi lado. Durante su ausencia, Lucía se había dedicado a besarme y a tocarme, así que cuando Noelia le hizo una señal con la cabeza y mi mujer se levantó camino del interior, yo ya estaba al borde.

Lucía caminó hacia la puerta meneando las caderas, sabiendo que los dos la mirábamos.

—¿Querías ser un cornudo? —me susurró Noelia al oído.

Me giré y me encontré con su sonrisa más perversa. Sacó el móvil y me mostró la pantalla: era una videollamada desde el teléfono de Marc. Lo vi tumbado en la cama, y a los pocos segundos apareció Lucía en escena.

—Es la cámara de Marc —explicó—. Vas a ver cómo se follan a tu mujercita sin que estés delante.

—¿Esto era lo que tramabais?

—Lucía lo orquestó todo. Marc no sabía nada, pero estos juegos le encantan. Quítate el pantalón. Te voy a tocar, pero no te dejaré correrte hasta que él termine dentro de ella.

Acepté sin pensarlo. En la pantalla, Lucía estaba de rodillas, dándole una felación lenta a Marc, que le apartaba el pelo de la cara para que se viera todo con claridad. Después él la hizo bajar la cabeza hasta la cama, se colocó detrás y desapareció entre sus piernas. El suspiro que soltó mi mujer me llegó directo. Mientras tanto, mis dedos se habían perdido entre los muslos de Noelia, que se mordía el labio sin dejar de mirar.

—Vamos a disfrutar todos —le dije, y ella me besó.

En la pantalla, Lucía alcanzó el primer orgasmo justo cuando Marc se irguió y la penetró por sorpresa. Ella gritó, se agarró a las sábanas, y él se quedó quieto un instante antes de empezar a moverse con fuerza. Le tiró del pelo hacia atrás para que mirara a la cámara, para que yo la viera fuera de sí.

—¿Así te gusta verla? Disfruta. Que ella ya está disfrutando de lo lindo —dijo él, mirando al objetivo.

La mano de Noelia se detuvo en seco.

—Todavía no. Aún tienes que ver cómo se corre dentro de ella —me susurró.

Lucía encadenaba un orgasmo con otro, la cara hundida en las sábanas, los gemidos cada vez más altos. Yo apenas podía contenerme.

—Ven conmigo —dijo Noelia, tendiéndome la mano.

***

La seguí, todavía con el pantalón a medias, por el salón y hasta la puerta entreabierta de la habitación. Desde allí oíamos los gemidos de Lucía en directo, mezclados con el sonido húmedo de cada embestida. Su mano volvió a mi verga y me llevó otra vez al borde.

Entonces Noelia abrió un poco más la puerta, lo justo para que Lucía y Marc nos vieran. Mi mujer giró la cabeza y me clavó una mirada ardiendo. Marc sonrió, empujó hasta el fondo y se quedó clavado dentro de ella, gritando, corriéndose. Lucía le rodeó las caderas con las piernas y levantó la pelvis para recibirlo entero.

Noelia me agarró del trasero con una mano y con la otra sacudió mi verga sin piedad. No necesité nada más. Mientras Marc seguía vaciándose dentro de mi mujer, yo me corrí en chorros que cayeron a sus pies, sobre el suelo de la habitación.

—Enhorabuena —me dijo Noelia al oído—. Pero todavía queda lo mejor.

Me llevó hasta la cama. Marc salió de Lucía y se tumbó a su lado. Mi mujer me miró con cara de éxtasis y abrió las piernas. Sin pensarlo, me coloqué entre ellas y empecé a recorrerla con la lengua, despacio. Una de sus manos voló a mi nuca y me hundió la cara contra su sexo, pidiendo más intensidad. Su sabor era distinto al de siempre. Seguí hasta que tembló de nuevo y, tirando de mi pelo, me subió hasta su boca para darme un beso largo y húmedo.

—Gracias —murmuró.

—Gracias a ti.

***

Al otro lado de la cama, Noelia y Marc nos observaban con una sonrisa.

—Vamos a tomar el café —dijo él, y los dos salieron a la terraza, dejándonos solos un momento.

—Me he puesto malísimo viéndote así, sola con él —le confesé.

—Y a mí me ha encantado que me follaran aparte, lejos de ti, sabiendo que mirabas. Me ha hecho correrme como una loca. ¿Y tú, qué tal con Noelia?

—Bien atendido. Ha jugado conmigo todo lo que ha querido.

Salimos desnudos a la terraza, como habían salido nuestros anfitriones. Había café recién hecho y una tarta de queso sobre la mesa. Comimos y bebimos sin vestirnos, las miradas paseándose de un cuerpo a otro sin el menor pudor. En un momento, Marc dejó la taza y lanzó la pregunta:

—¿Y vosotros dos no habéis follado todavía?

—No —respondió Noelia—. Los que teníais que follar erais vosotros. Nosotros solo mirábamos. Ahora nos toca a nosotros, ¿no crees?

La sonrisa que cruzaron fue el detonante. Noelia se levantó, vino hasta mí y me tomó de la mano. Me llevó de nuevo adentro, hasta la habitación, y me empujó sobre la cama.

—Ahora le toca a Lucía probar lo que se siente al mirar —dijo, arrodillándose entre mis piernas—. Le va a tocar disfrutar desde el otro lado.

—¿Ella lo sabe?

—Ella lo planeó todo. Quería sorprenderte.

—Pues lo ha conseguido.

No me dejó decir más. Su lengua se ocupó de mí con una habilidad que me hizo olvidar dónde estaba, hasta que giré la cabeza y vi el teléfono en la mesilla, con la videollamada abierta. Lucía y Marc estaban al otro lado, sin perderse un detalle. Así pasamos buena parte de la tarde, entre juegos, risas y mucho morbo.

***

Cuando terminamos, Marc y yo cerramos el asunto de negocios que nos había llevado hasta allí, y antes de la cena emprendimos el camino de vuelta. Yo tenía ganas de llegar a casa y quedarme a solas con Lucía. Saberla con otro hombre me había encendido de una forma nueva, y quería exprimir esa sensación hasta el final.

Nada más entrar en casa, ella subió a nuestra habitación y se colocó a cuatro patas sobre la cama, ofreciéndome su trasero sin decir una palabra. Me arrodillé detrás, la lamí mientras me preparaba, y cuando estuve listo me puse de pie y la penetré de un solo golpe. No encontré resistencia: la tarde la había dejado dispuesta del todo. Sentí su vagina apretándose alrededor mientras gemía, y terminé vaciándome de nuevo dentro de ella.

Caímos exhaustos sobre la cama y nos dormimos sin querer.

La luz suave de la mañana nos despertó un rato antes de las ocho. Nos abrazamos.

—Ayer lo pasé increíble —me dijo—. Pero lo mejor fue poder hacerte disfrutar así.

—Fue sensacional. Cada momento. Y al llegar a casa…

—En casa fue un polvo de los dos solos. Lo necesitábamos.

—Verte con él, ver cómo te dejó… me puso muy caliente. Mira cómo me pone solo de recordarlo —dije, levantando la sábana.

—Pues mira tú cómo me pone a mí —respondió ella, llevándose los dedos entre los labios antes de acercarlos a mi boca para que la probara.

Y supe, en ese instante, que aquello no había sido un final, sino apenas el principio de todo lo que estábamos dispuestos a vivir.

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Comentarios (5)

NochesMdq

tremendo relato!! me dejo sin palabras, en serio

PatriciaR_87

Por favor una segunda parte, dejaste todo a medias y necesito saber como siguió la noche jaja

Jorvamo86

Me recordó a una cena que tuvimos hace años con una pareja amiga... no llegó a tanto pero la tensión era muy parecida. Muy bien narrado, se siente real

ManuBA_88

que caliente esto, increible

LilaDelSur

Lo que mas me gustó es como describe la duda inicial, esa parte se siente muy autentica. Excelente

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