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Relatos Ardientes

Nuestra primera tarde de intercambio en el chalet

Esa semana Lucía volvió de su clase de pilates con un nombre nuevo en la cabeza. Lo había encontrado en la aplicación que usábamos para conocer parejas: «Tándem_Atardecer». Cuando los niños se durmieron, nos metimos en el dormitorio, pero no a dormir. Nos tumbamos con el móvil entre los dos y abrimos el perfil.

—Mírala a ella. Vaya poderío —dije, deslizando hacia la primera foto.

Pasamos a la siguiente imagen y apareció él. No estaba muy definido, pero tenía unos brazos y un pecho que llamaban la atención.

—Él sí que está fuerte. Qué cuerpazo —Lucía se relamió—. Creo que vamos a disfrutar. Buena pareja.

—¿Te liarás con ella? —le pregunté.

—Ella quiere, sí. Ya veremos.

Mi mano bajó entre sus piernas y la encontré empapada.

—Estás muy caliente. Esto lo arreglo yo, ahora mismo.

Me deslicé por la cama, le separé los muslos y dejé que el móvil se le cayera de las manos. Aquello fue el detonante de una noche entera de sexo, en la que nos susurrábamos al oído todo lo que pensábamos hacer con las dos parejas que nos esperaban el sábado en el chalet de Bárbara y Raúl.

***

El sábado por la mañana llevamos a los niños al parque y luego los dejamos en casa de mis padres hasta el día siguiente. Era un lujo tener esa libertad: los abuelos disfrutaban cuidándolos y entendían que necesitábamos tiempo a solas. No teníamos ninguna prisa por volver.

Pusimos el GPS con la dirección y media hora más tarde estábamos frente a la verja de un chalet en Riba-roja. Nada más llegar, la puerta se abrió y Raúl apareció al otro lado.

—Buenos días, chicos. Meted el coche hasta el garaje.

Aparqué junto a un todoterreno de muy alta gama. Raúl nos guió por un lateral de la casa hasta el jardín, donde otra pareja preparaba la barbacoa. Con ellos estaba Bárbara.

—¡Hola, pareja! —se adelantó a darnos dos besos a cada uno—. Os presento: ellos son Marcos y Daniela.

Tras los saludos, las mujeres se llevaron a Lucía a enseñarle la casa. Nosotros nos quedamos en las brasas. Marcos resultó majísimo. Era inversor, gestionaba propiedades de alquiler vacacional, y me dio la dirección de su web por si me interesaba.

—Tenemos un chalet en la costa que no alquilamos —comentó—. Se lo prestamos solo a gente de total confianza. Me encanta trabajar desde su jardín, con el ordenador y una cerveza. Puedo desconectar del mundo durante horas.

—Si os parece bien, nos gustaría alquilarlo un fin de semana —respondí—. Para desconectar. Y de paso visitar algún club de la zona.

—Tenéis dos muy buenos cerca, en Cambrils y en Calafell. Podéis ir un día a cada uno si os quedáis varios días.

—Por mí encantado. Pero depende de Lucía.

—Está buenísima tu mujer —observó Marcos—. Lucía es un bombón.

—Daniela también lo es. Y Bárbara, claro. Vaya trío —añadí.

Raúl no decía gran cosa, solo asentía con la cabeza mientras los tres nos servíamos una copa de vino y dábamos vuelta a la carne. De pronto las mujeres salieron de la cocina cargadas de fuentes y se sentaron a la mesa entre risas cómplices.

—Me encanta cuando cocinan ellos. Así estamos de vermut sin que nadie nos moleste —soltó Bárbara para picarnos.

—Vosotras tranquilas, que ya está casi todo —sentenció Marcos.

Nos reímos todos y Lucía vino a darme un beso.

—Qué casa más bonita. Me encanta.

—He hablado con Marcos de su casa de la playa. Podemos ir cuando queramos.

—Perfecto. Luego buscamos fechas y nos hacemos una escapada.

Me dio otro beso y volvió con las otras dos. Entraron de nuevo en la cocina y sacaron un picoteo: una bandeja de pulpo, gambas, un plato de ostras y una botella de cava metida en hielo. Se notaba que era gente que se cuidaba: todo de calidad.

Brindamos y comimos sin prisa. Decidimos guardar los chuletones para la cena, porque ya estábamos llenos y aún faltaba el postre. Daniela había preparado un tiramisú. Las tres mujeres fueron a la cocina a hacer los cafés y volvieron al poco. Lucía venía ruborizada; Bárbara y Daniela se reían.

—Uy, uy, uy. ¿Qué ha pasado ahí dentro? —preguntó Marcos.

—Estábamos con los postres —respondió Daniela—. Y a Lucía se le ha caído esto.

Sacó un tanga del bolsillo de su pantalón corto.

—A ver, déjamelo —Marcos alargó la mano con la palma abierta.

Daniela depositó la prenda en su mano. Él la cogió y se la llevó a la nariz sin apartar la vista de mi mujer.

—Mmm. El postre parece delicioso.

—Está delicioso —aseguró Bárbara, relamiéndose.

Las mejillas de Lucía subieron un par de tonos, pero una sonrisa de medio lado le asomó a la cara.

—¿Me dejas probarlo? —Marcos la miraba como un depredador que ya tiene localizada a su presa.

—Cuando quieras —lo retó ella con la mirada.

Se levantó, le dio la mano para ayudarla a incorporarse y la llevó hasta una de las hamacas del jardín. La ayudó a tumbarse y se arrodilló entre sus piernas.

—Voy a probar el postre —avisó.

Lucía abrió los muslos y se dejó hacer.

***

Daniela vino directa hacia mí y se sentó en mis rodillas, apoyando el culo justo encima de mi erección recién despertada.

—Parece que te gusta lo que ves —me dijo al oído.

—Más me gusta tu culo —respondí, en voz baja, solo para ella.

Giró la cabeza y me besó. El primer roce de sus labios fue una descarga. Sus manos subieron a mi cuello y me susurró:

—Esta tarde vas a ser mío. Te voy a poseer como nunca.

Sonaba a amenaza, pero en el buen sentido de la palabra.

Bárbara se levantó y fue directa hacia Marcos y Lucía. Raúl entró en casa y volvió a los pocos minutos con una cámara en la mano.

—Si no os importa, me gusta grabar los encuentros. Soy el cámara en todo lo que organizamos. Después hago un montaje y os lo envío. Todo queda entre nosotros.

—Por nosotros no hay problema. Nunca nos hemos grabado, pero me parece bien.

Raúl encendió el aparato y se acercó al grupo que ya formaban Bárbara, Marcos y mi mujer. Bárbara se había desnudado y le hacía una felación a Marcos; desde mi posición no veía mucho, pero por el ritmo de su cabeza no costaba imaginarlo.

Daniela me había metido la mano por dentro del pantalón y yo había colado la mía por una de las perneras de su short, acariciándole la vulva por encima del encaje del tanga.

—Vamos a desnudarnos —dijo en voz alta, para que la oyeran todos.

Nos levantamos y pasamos a la tumbona contigua a la de Lucía. Mi mujer ya había llegado al orgasmo y se retorcía mientras Marcos sumaba dos dedos al trabajo de su lengua. Raúl no perdía detalle con la cámara.

Daniela me empujó sobre la hamaca y empezó a chupármela. Sus labios eran suaves, llevaba relleno pero nada exagerado, y repartía tanta saliva por mi miembro que la sensación no era la de una boca. Nunca había sentido nada igual.

—¿Te gusta? —preguntó, levantando la cabeza.

—Espectacular —procuré decirlo bajo, aunque Lucía estaba demasiado entregada a lo suyo para oírme.

Daniela se puso de pie, plantó una pierna a cada lado de la hamaca y descendió despacio. Sujetó mi miembro con la mano y se sentó de una vez, uniendo nuestros pubis. El calor de aquella mujer me erizó la piel. No sabía qué me pasaba, pero era como si hubiera nacido para encajar conmigo. Había oído hablar de la química, aunque nunca la había sentido así. Lucía giró la cabeza, nuestras miradas se cruzaron, asintió con un gesto y siguió observando cómo Daniela me cabalgaba con una maestría que me ponía a mil.

***

Bárbara dejó a Raúl y vino hacia nosotros. Repitió la operación de Daniela, pero al revés: se colocó a horcajadas con la vulva sobre mi boca, de frente a su amiga. En cuanto las tuvo cerca, las dos empezaron a besarse de una manera lasciva y animal. Entendí cuál era mi cometido y me apliqué hasta provocarle el orgasmo a Bárbara. Al correrse, su humedad aumentó y su sabor cambió: ya estaba lista.

Raúl iba de un lado a otro filmando cada detalle de lo que ocurría en su jardín. Daniela se retiró de encima de mí, y el sitio no quedó vacío ni dos minutos: Bárbara se adelantó un paso y se dejó caer hasta empalarse en mi miembro. Daniela ocupó su puesto frente a Raúl, se arrodilló y empezó a comérsela mientras él inclinaba la cámara para captarlo todo.

Un grito de Lucía me sacó de mi ensoñación.

—¡Dios, me corro! Sí, me corro. Qué bueno.

Giré la cabeza y la vi cabalgando a Marcos con un descaro sublime, las manos apoyadas en su torso, buscando profundidad. Bárbara, al oírla, aceleró sobre mí, se quedó quieta y empezó a temblar. Su sexo apretaba mi miembro, que con cada contracción se ponía aún más duro.

Daniela fue la primera en recibir recompensa: terminó con la boca llena, y luego, en un alarde de calentura, cogió a Bárbara del pelo, le ladeó la cabeza y compartió con ella el semen entre las dos lenguas. Después se lanzó a la piscina y, al salir mojada con el agua resbalando por su cuerpo, atrajo la mirada de todos.

—¡Cambio! —gritó al volver.

Lucía se levantó de Marcos, Bárbara se separó de mí. Bárbara fue con Marcos y Lucía vino conmigo. Pero Daniela se adelantó, se puso a cuatro patas en la hamaca justo delante de mí y llamó a mi mujer.

—Ven. Ponte delante.

Lucía se tumbó de manera que la boca de Daniela quedaba a la altura de su sexo. Al ver cómo empezaba a comérsela, mi instinto me empujó a follarme a Daniela todo lo fuerte que podía. Cada embestida la sentía también mi mujer. Los ojos de Lucía se clavaron en los míos y esa conexión, sumada al calor de Daniela, me llevó a un punto del que ya no había vuelta. Me corrí cinco minutos después, en su interior.

—Qué caliente está tu leche. Buf. Me encanta —dijo Daniela, volviendo la cabeza para buscarme.

Me quedé quieto un instante. Al salir, un hilo de semen resbaló por sus muslos. Ella siguió dándole placer a Lucía, que al verme terminar empezó a temblar y alcanzó el clímax casi a la vez que yo.

***

Exhausto, me fui a la piscina y me dejé caer. Al sacar la cabeza, Lucía y Daniela se acercaron, una por cada lado, y me dieron un beso a la vez. Era mi primer beso de tres: las lenguas jugaban de una boca a otra, puro morbo. Cuando paramos, los otros tres cuerpos ya entraban al agua. Había sido nuestra primera orgía. Mejor dicho, el primer asalto de un día que aún no iba ni por la mitad.

Estuvimos relajándonos en el agua, aunque nadie quedaba quieto: insinuaciones, manos que iban y venían, todos jugando con todos por debajo de la superficie. Cuando nos dimos cuenta, llevábamos tanto rato que se nos arrugaban los dedos.

Al salir, los anfitriones propusieron cenar; el tiempo se nos había ido sin sentir. Volvimos a las brasas y esta vez sí hicimos los chuletones, que Marcos cortó en filetes para comerlos al punto. Regamos la cena con un buen tinto y la alargamos con cava. Al terminar, Raúl sacó un juego de mesa para parejas: preguntas y prendas, con la opción de responder o asumir un reto.

El juego creó un ambiente más que morboso. Los retos iban de un simple beso a una felación; las preguntas, de antiguos amantes a cosas como «¿con quién de los presentes te gustaría repetir?». A la media hora, las pruebas se alargaban más de lo necesario y los toqueteos eran inevitables. Dejamos el juego y pasamos directos a la acción.

Casi dos horas después volvimos a acabar en la piscina, ahora de noche y con las luces encendidas bajo el agua. Cuando salimos ya era tarde. Dimos por terminada la jornada y nos despedimos con besos y abrazos en la puerta.

—¿Qué te ha parecido? —le pregunté a Lucía de camino a casa.

—Una pasada. No imaginaba que lo iba a disfrutar tanto. ¿Y a ti Marcos y Daniela?

—Muy majos. Una pareja de depredadores que juegan a la perfección.

—Nos han manejado a todos de una forma deliciosa —dijo ella—. Bárbara me contó que son sus padrinos, los que la iniciaron a ella y a Raúl en esto.

—Dos parejas muy activas. Aunque Raúl no sigue el ritmo de los demás —observé.

—Tú sí que sigues el ritmo, ¿eh? —Lucía llevó la mano a mi entrepierna y apretó con fuerza por encima del pantalón.

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Comentarios (5)

Seba_lector

excelente relato, me enganche desde el principio!!

Adriana_Cba

Por favor una segunda parte, quede con muchas ganas de saber como sigue. Muy bien escrito!

PacoRossi

Me recordo a una situacion parecida que vivimos con mi pareja hace un tiempo. Esa tension del primer encuentro esta muy bien capturada.

MartinaCorr

tremendo!! me encanto como esta contado

RolandoMdz

La parte inicial con el mensaje en el movil es buenisima, te deja enganchado de entrada. Muy buen trabajo.

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