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Relatos Ardientes

Seis desconocidos del curso y una sola habitación

Ilustración del relato erótico: Seis desconocidos del curso y una sola habitación

¿La verdad? Ni yo misma sé cuál es la verdad. No sabría explicar cómo terminé en aquella habitación de hotel, desnuda, con dos copas de más y el sexo tan húmedo como la piel del estómago, rodeada de seis hombres. Seis desconocidos hasta hacía apenas un rato. Todos tan desnudos como yo, todos con la verga en la mano, observándome con esa mezcla de hambre y ansiedad que no se finge.

Les devolvía la mirada uno por uno, sin bajar la cabeza. Ahí estaba yo. Iba a ser el cuerpo en el que descargaran todo lo que llevaban guardado: las frustraciones, las ganas acumuladas, los deseos que de día se disimulan con corbata y tarjeta de visita.

Retrocedo dos horas. Estaba en el bar del hotel donde me alojo mientras dura el curso que organizó la empresa para la que trabajo. Una ciudad que no es la mía, una sala de formación aburrida durante el día y, por la noche, ese silencio de pasillos enmoquetados que invita a hacer cosas que en casa jamás haría. A mí me hacen falta solo dos cosas para que las ganas se impongan a cualquier otra idea: que haya morbo y que haya hombres que valgan la pena.

Aquella noche se cumplían las dos condiciones de sobra. Acostarme con tipos que trabajan en mi misma empresa pero en sedes distintas, a los que no conozco de nada salvo por algún correo o alguna llamada de trabajo, me parecía tan prohibido como irresistible. Y entre aquella media docena había dos que estaban realmente buenos. Buenos de verdad, de los que te dejan la ropa interior empapada con solo cruzarte una sonrisa. Dos tipos altos, de espalda ancha, barba de un par de días y una mirada despierta y burlona. Uno de pelo castaño, el otro moreno.

Los había imaginado durante toda la cena como dos figuras perfectas, y cuando por fin estuvimos en la habitación que compartían, comprobé que no me había equivocado en nada. Sus cuerpos eran exactamente como los había fantaseado, y mi cuerpo lo celebró a su manera, mojándose hasta dejarme los muslos pegajosos.

—Carla, empieza por Bruno —dijo el que parecía llevar la voz cantante del grupo.

Obedecí sin protestar, sin pensarlo. Deseaba en secreto que los dos platos fuertes, mis dos favoritos, se reservaran para el final. Me senté en el borde de la cama y esperé a que Bruno se acomodara de pie, entre mis piernas abiertas.

La polla de Bruno no terminaba de ponerse del todo dura, esa dureza absoluta que a mí me gusta. Por más que la lamí, la chupé y me la metí entera en la boca, no conseguí sacarla de aquel estado a medias. Aun así, logré que el pobre tuviera un buen final, y acabó vaciándose sobre mi cara. El primero ya había caído. Mientras tanto, mis propios dedos no habían dejado de acariciarme entre las piernas, buscando el clítoris, manteniéndome al borde.

—Ahora le toca a Tomás —volvió a decir el mismo tipo, sin que ninguno de ellos dejara de tocarse mientras asistían al espectáculo en silencio.

A diferencia de Bruno, Tomás sí la tenía dura. Muy dura. No era especialmente grande ni gruesa, pero estaba firme como a mí me gusta, y eso volvió la mamada mucho más intensa. Tener una buena erección en la boca siempre es un estímulo en sí mismo.

Tomás tampoco se quedó quieto como el anterior. Empujó con las manos sobre mi cabeza, enredó los dedos en mi pelo, me hizo arrodillarme en el suelo frente a él mientras me llamaba puta y zorra. Mis palabras favoritas en momentos así. Terminó descargando sobre mis pechos. Fue abundante, mucho más de lo que esperaba de alguien con una herramienta tan discreta. Mis tetas quedaron cubiertas, brillantes bajo la luz tenue de la lámpara.

—Chúpaselas, Dani —ordenó Tomás a uno de sus amigos.

—No fastidies, tío, que te acabas de correr ahí —respondió el tal Dani, el único del grupo con cara de no terminar de creerse lo que estaba pasando.

—Por eso mismo, Dani. Chúpaselas —insistió el que marcaba el orden de cada uno, dándole además un empujón.

Dani cayó de rodillas junto a mí. Me dio algo de ternura. Tenía cara de buena persona, y ya se sabe cómo trata el mundo a las buenas personas. Por eso quise ser amable con él. Mientras él, medio forzado por la situación, empezaba a lamer y besar mis pechos y a jugar con la lengua sobre mis pezones, yo comencé a masturbarle despacio. De los tres que ya había probado, era el que tenía la polla más gruesa y, gracias a mis caricias, también la que más rápido se endureció.

Cuando la tuvo bien dura, entre los ánimos y las risas de sus compañeros, hice que me la metiera en la boca. Dani me la folló como si no hubiera un mañana, como si fuera lo último que fuese a hacer en la vida. Quizá lo fuera.

Madre mía, la forma en que su verga llegaba hasta el fondo de mi garganta, cómo me ahogaba con cada nueva embestida, mientras mis dedos se hundían entre mis piernas buscando el doble placer. No llegué a terminar, pero subí un escalón más en la excitación, hasta que Dani me llenó la boca con un semen espeso y casi dulce.

Antes de tragarlo, le miré directamente a los ojos y abrí la boca para que pudiera ver lo que había hecho. Después tragué, mientras le acariciaba la polla en una especie de despedida sin palabras.

Algunos habían querido reírse de él al principio. Pero Dani había conseguido lo que ninguno hasta entonces: estuvo a punto de llevarme al orgasmo y dejó mi calentura en un punto insoportable.

Para mi sorpresa, cuando me giré de nuevo hacia los demás, el que llevaba la voz cantante también se había corrido. Su semen le resbalaba, ya manso, entre los dedos. Había querido burlarse del compañero y no soportó el morbo de verle disfrutar de aquella manera.

***

Solo faltaban mis dos favoritos. Esta vez fui yo quien tomó la iniciativa.

—Quiero a los dos a la vez —dije, mirándolos alternativamente—. Quiero sentiros dentro, los dos, sacudiéndome hasta el final.

—¿Estás segura de lo que pides? —preguntó el moreno.

—Completamente —respondí, acercándome para cerrar una mano alrededor de cada verga.

Intercambiaron unas palabras que no llegué a entender. Creo que se estaban repartiendo mi cuerpo. El castaño, al que los demás llamaban Iván, se tumbó en la cama y me hizo subir sobre él. El otro nos siguió a poca distancia, sin tocarme todavía.

La polla de Iván era imponente: gruesa, larga, con un glande oscuro y firme. Las venas le recorrían toda la longitud, calientes bajo mis dedos. La acaricié unos segundos antes de colocarla en la entrada y dejarme caer con todo mi peso. Me clavé aquel instrumento despacio, sintiendo cómo se abría paso, obligándome a ensancharme como pocas veces, removiéndome por dentro.

Empecé a cabalgarlo con un ritmo suave pero hondo, haciendo que entrara y saliera por completo con cada movimiento. El placer se leía en la cara de Iván, en cómo apretaba la mandíbula cada vez que volvía a bajar.

De pronto, un manotazo seco me cruzó las nalgas. Escocía y dolía a partes iguales, y eso me encendió todavía más. Había sido el moreno, al que los demás llamaban Marco.

Sin dejar de moverme sobre Iván, sentí a Marco escupir y pasar la lengua por mi entrada trasera, ensalivándola, preparándola para lo que venía. Y lo que vino fue su polla, tan grande y robusta como la del otro, pero esta vez buscando un agujero mucho menos acostumbrado.

Costó que entrara. Me causó un dolor profundo, tanto que alguna lágrima se me escapó por la mejilla. Pero a esas alturas estaba dispuesta a todo. Aguanté el dolor y las ganas de gritar, aguanté las primeras embestidas, los empujones, los gruñidos, hasta que, tras una más decidida, lo sentí abrirse paso del todo, ardiendo, ensanchándome hasta un límite que creí que no soportaría.

Los tres nos quedamos quietos unos segundos, el tiempo justo para que mi cuerpo se hiciera al intruso.

Fue Marco quien empezó a moverse primero. Lo hizo con cuidado, con muchísimo cuidado, acariciándome la espalda y el pelo mientras tanto. El dolor se fue diluyendo, mis entrañas ardieron cada vez menos, y todo se transformó poco a poco en otra cosa, sobre todo cuando Iván, acompasándose a su compañero, volvió también a empujar desde abajo.

Cerré los ojos. El placer lo ocupaba todo. Mi cuerpo entero se había convertido en una sola superficie de sensaciones, cada centímetro de piel atravesado por los dos a la vez. No sabía dónde terminaba uno y empezaba el otro.

El ritmo fue subiendo, tanto por delante como por detrás. Mis fluidos no dejaban de salir, empapándome los muslos y empapándolos a ellos. Me sostenía con las manos sobre el pecho de Iván, dejándome llevar, ya sin pensar en el curso, ni en la empresa, ni en quién era cada uno.

El primero en correrse fue Iván. Lo hizo en una sacudida larga y honda. Se agarró a mis pechos y los apretó con fuerza justo cuando empezó a vaciarse dentro de mí. Sentir sus chorros golpeándome por dentro fue lo que terminó de empujarme: mi propio orgasmo llegó tan intenso como el suyo, y por fin dejé escapar el grito que llevaba media noche conteniendo.

Detrás venía Marco. Animado por nuestros finales, sus movimientos se volvieron más rápidos, más intensos. Me agarró del pelo y tiró de mi cabeza hacia atrás mientras se clavaba una y otra vez, atravesándome. Iván salió de mí, ya más flácido, y aproveché para acariciarlo y masturbarlo, repartiéndome entre los labios y el clítoris aquella mezcla tibia de su semen y mis fluidos.

Poco después, todavía tirándome del pelo hasta casi doblarme el cuello, un gruñido brutal anunció el chorro que Marco descargó dentro de mí, marcando el momento exacto de su propio final. Dos o tres embestidas más y siguió vertiéndose, mientras mis dedos, ya fuera de control, entraban y salían buscando el clítoris hasta que estallé de nuevo, en un último orgasmo que me dejó sin las pocas fuerzas que me quedaban.

A la mañana siguiente, en la sala donde se impartía el curso, los siete nos saludamos como si nada. Café en mano, carpetas, sonrisas de cortesía. Y mientras el ponente arrancaba con la primera diapositiva, volví a hacerme la única pregunta que importaba: en realidad, ¿cuál es la verdad?

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Comentarios (3)

Facu_B

increible!!! uno de los mejores que lei en mucho tiempo

MarisolVigo

Por favor una segunda parte, quede con ganas de saber que paso despues con todos ellos

NocheCuriosa22

Me recordo a un viaje de trabajo que tuve hace unos años jaja... no llego a tanto pero casi. Muy buen relato

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