Saltar al contenido
Relatos Ardientes

Esa tarde me entregué al desconocido más dominante

Esta historia me la contó una amiga, una tarde en que el vino nos había soltado la lengua más de la cuenta. Me dijo que nunca la había contado en voz alta, que durante años fue apenas una fantasía que leía a escondidas y que jamás se animaba a vivir. Le gustaba la idea de que un hombre la dominara de verdad, sin pedir permiso, pero el miedo siempre podía más.

Hasta que un día dejó de poder más.

—Voy a contarte algo que pasó hace muchísimo tiempo —me dijo, mirando su copa en lugar de mirarme a mí—. Y que, te juro, todavía me calienta recordar.

Te lo cuento como ella me lo contó, con sus palabras, porque cambiarle el tono sería traicionarlo.

***

—Lo conocí por un chat, de esos viejos, cuando una todavía iba a los locutorios. Me enganché enseguida con su manera de escribir. No era zalamero, no me decía linda ni preciosa. Me trataba como si ya supiera lo que yo quería antes de que yo lo dijera. En un momento me preguntó qué era lo que de verdad me gustaba de un hombre, y por una vez en la vida fui sincera: que sea un macho dominante en la cama.

—Ahí cambió todo —siguió—. Dejó de ser amable de golpe.

—Entonces estamos perdiendo el tiempo hablando —me escribió—. Si querés un macho de verdad, prendé tu cámara y mirá lo que tengo para vos.

—Lo hice. Y apareció en la pantalla la verga más impresionante que había visto nunca. Gruesa, marcada de venas, dura. Yo me quedé sin aire.

—Esta es la verga que te va a romper el culo —me escribió debajo de la imagen—. La que vas a venir a buscar.

—Yo estaba en una computadora pública, ¿entendés? A mi lado había un pibe escribiendo, y de golpe dejó de teclear. Me miraba de reojo, todo colorado. Eso me dio más calor todavía.

—Mirá mi verga, puta —me ordenó—. Acercate a la pantalla. Que el de al lado vea bien lo caliente que estás.

—Le escribí que iba a volver loco al chico de al lado.

—Mejor —me contestó—. Quiero que otros imaginen cómo esta verga te va a abrir en dos.

***

—Mientras lo miraba, me imaginaba la primera embestida y se me aflojaban las piernas. Estaba mojada, sentada en una silla de plástico en un locutorio, con un desconocido al lado que ya ni disimulaba. Y entonces él escribió la dirección de un departamento en el centro.

—Vení ya. Estás tan caliente que vas a venir corriendo. ¿No es cierto?

—Le puse «sí».

—No —me corrigió—. Así no. Vas a decir «sí, mi macho».

—Sí, mi macho —le escribí, y sentí que algo se rompía dentro de mí, algo que llevaba años conteniendo.

—Así me gusta. Vení.

—Salí del locutorio temblando. El pibe salió detrás de mí, a pocos metros. Tomé un taxi y le di la dirección. Cuando llegué, toqué el portero eléctrico con el dedo tan tembloroso que casi no acerté el botón.

—¿Quién es? —preguntó.

—Soy yo, Mariela.

—Subí. Viniste rápido. Se nota que estabas desesperada.

—Antes de entrar al edificio vi que el chico del locutorio bajaba de otro taxi. Me había seguido.

—¿Qué hacés acá? —le pregunté.

—Me dejaste loco —me dijo—. Me quedo a esperarte.

—No le contesté. Subí en el ascensor con el corazón golpeándome en la garganta, mitad miedo, mitad locura.

***

—Cuando abrió la puerta, ya estaba desnudo. Su verga, erecta, era todo lo que había visto en la cámara y más: gruesa, oscura, marcada, casi irreal. Me quedé parada en el umbral sin saber qué hacer con las manos.

—Sacate la ropa —me dijo—. Ya.

—Obedecí. Me saqué la blusa y el corpiño, y mis pezones duros me delataron antes de que abriera la boca.

—Veo que ya estás lista para mí. Bien caliente, ¿eh?

—Terminé de desnudarme y quedé completamente expuesta frente a ese hombre que recién conocía.

—Arrodillate en el sillón —me ordenó—. Apoyate en el respaldo y abrí las nalgas. Hoy te rompo el culo.

—Me arrodillé casi en trance, dejando que mis pechos colgaran, ofreciéndole el trasero. Sentí sus manos, la vaselina fría, su dedo entrando sin ningún cuidado, explorándome hasta el fondo, anticipando lo que vendría. Después se colocó detrás de mí.

—Ahora vas a sentir lo que es un macho de verdad.

—Apoyó la punta en mi entrada y empujó despacio. Sentí cómo me abría, cómo el anillo se estiraba para abarcar esa cabeza enorme, y un grito se me escapó solo.

—Eso —dijo—. Que te duela. Eso me gusta.

—Metió toda la cabeza adentro y yo me mordí la mano para no gritar más fuerte. Dolía de un modo que nunca había sentido, y al mismo tiempo me estaba volviendo loca.

—Me duele —le supliqué—. Mi macho, me duele mucho.

—A vos te gusta, putita —me contestó—. Que te rompan así.

***

—Fue entrando de a poco, milímetro a milímetro. Yo estaba dilatada al máximo, dolorida, sintiendo cómo ese hombre se abría camino dentro de mí a su antojo. Lo metía y lo sacaba apenas, y volvía a empujar.

—Decime que tu culo es mío —me ordenó.

—Es tuyo, mi macho —jadeé—. Todo tuyo.

—No quiero acabar todavía —dijo—. Te quiero coger bien.

—Y siguió, una eternidad. Mis quejidos lo calentaban y eso lo hacía empujar más hondo, hasta que de golpe lo sentí venirse adentro, a chorros calientes, mientras me apretaba las caderas con las dos manos.

—Así —gemía—. Recibí mi leche.

—Después se retiró despacio y se dejó caer en un sillón, agotado. Yo quedé tirada de costado, deshecha, tratando de respirar.

—Tenés el culo abierto —me dijo, mirándome con una sonrisa de satisfacción—. Te lo rompí bien.

—Y tenía razón. Por lo que yo sentía, me lo había roto de verdad.

***

—Estuvimos así un rato largo, en silencio. Hasta que él habló de nuevo.

—Me gustaría ver cómo un pibe joven, lleno de leche, te monta. Entre los dos te dejaríamos rebalsando.

—Y me acordé del chico que se había quedado abajo. Todavía no entiendo por qué reaccioné como reaccioné, pero las palabras me salieron solas.

—Abajo hay un pibe del locutorio. Me siguió hasta acá.

—Andá a buscarlo —me dijo—. Pero ponete esto antes.

—Me alcanzó un vestido cortísimo, transparente, que apenas me tapaba los pezones y el pubis, abierto por detrás. Una nada.

—Con esto me van a ver desnuda —protesté.

—Exactamente eso quiero. Ponételo y bajá.

—Me incorporé como pude, dolorida, y me puse ese trapo. Descalza, abrí la puerta y corrí hasta el ascensor. Mientras bajaba me vi en el espejo: el semen me corría por los muslos, el vestido no tapaba nada, y me puse roja de vergüenza. Soy una puta reventada, pensé. Y sin embargo me moría de ganas por lo que venía.

***

—El chico seguía ahí. Cuando me vio salir, se le abrieron los ojos como platos.

—¿Cómo te llamás? —le pregunté.

—Damián.

—Subí conmigo, Damián.

—En el ascensor no me sacaba los ojos de encima. Miraba el espejo de atrás, me veía el trasero, veía cómo me chorreaba. Estaba sacado.

—¿Te calienta verme así? —le pregunté.

—Mucho —dijo, con la voz quebrada.

—Le miré el bulto, enorme ya, y entramos al departamento. Él nos esperaba sentado, tranquilo, como un rey en su trono.

—A ver, pibe —le dijo a Damián—. ¿Te gustaría montar a esta puta?

—Damián tardó unos segundos, todavía impresionado.

—Por supuesto que sí.

—Entonces vas a dejarle tu leche en el culo. Yo ya la usé. Ahora quiero verla abrirse de nuevo. Puta, ponete como antes.

—Me saqué el vestido y volví a arrodillarme en el sillón. Damián se desnudó a las apuradas y se colocó detrás de mí. Me acarició las nalgas, me las abrió y apoyó su verga, ya durísima, en mi entrada.

—Rompele el culo —le ordenó mi macho—. No pierdas el tiempo.

—Damián empujó con ganas. No era tan grande como el otro, pero después de lo que había recibido, todo me dolía el doble. Tenía un hambre tremenda y me montaba con todo, sin pausa.

—¿Te gusta el culo de esta puta? —le preguntaba mi macho.

—Damián contestaba como podía, sin dejar de empujar. A mí el dolor me arrancaba quejidos que solo lo enloquecían más.

—Aguantá —me decía mi macho—. Que te encanta que te rompan.

—Dale fuerte, pibe —lo alentaba—. Fuerte.

—Damián no aguantó mucho. Se vino dentro de mí con un grito ronco, vaciándose entero. Yo sentí el chorro caliente y se me escapó un gemido largo.

***

—Mirá cómo le chorrea —dijo mi macho, satisfecho—. Tiene el culo destruido. Ahora vení, puta, que te chupo las tetas.

—Damián se apartó y yo me acerqué de pie. Mi macho me chupó los pezones con fuerza, mordiéndolos, hasta hacerme gemir de dolor.

—¿Te duele? —me preguntó—. Eso me gusta.

—Después me agarró del pelo y me hizo arrodillar entre sus piernas. Me metió la verga en la boca de un solo movimiento.

—Chupá.

—Y chupé, lo más fuerte que pude, mientras Damián miraba con los ojos brillantes, excitándose otra vez. A los pocos minutos mi macho volvió a estar duro como una piedra.

—Ahora se sienta Damián —ordenó.

—Y Damián obedeció también, porque él era el que mandaba. Después de todo, había sido mi macho el que le había permitido tocarme.

—Montate a Damián de frente —me dijo—. Vamos, que no tengo todo el día.

—Estaba rota, cansada, dolorida en todos lados. Me acerqué, abrí las piernas y me arrodillé sobre Damián, cara a cara, dejando que mis pechos quedaran contra su boca. Él me chupaba los pezones mientras yo me dejaba caer despacio, sintiendo cómo su verga me abría por delante. Solté un grito ronco.

—Así, puta —decía mi macho—. Así quiero que te duela. Quedate así.

—Y se acercó por detrás. Me abrió las nalgas y apoyó su cabeza en mi entrada otra vez.

—No —supliqué—. Me van a abrir toda.

—Eso es justo lo que quiero. Las dos al mismo tiempo.

—Empujó, y sentí cómo me abría de nuevo, al máximo, con Damián adentro por delante. Grité hasta quedarme sin voz. Tenía las dos vergas dentro de mí a la vez, abierta por completo, partida en dos.

—Me duele —dije con el poco aire que me quedaba.

—Para eso viniste —me contestó él—. Para que te rompan. Y te estoy rompiendo como te gusta.

***

—Sentía los dos cuerpos empujando, las cuatro manos apretándome los pechos, las nalgas, las piernas. Sus gemidos y los míos se mezclaban en un solo ruido animal. No tenía fuerzas para resistir. Me abandoné por completo a la sensación de que dos hombres me estaban abriendo a su gusto, sin pedir nada, tomando todo.

—Sufrir me excitó como una loca. Era la entrega total que había fantaseado durante años, y por fin la estaba viviendo de verdad. Cuando los sentí venirse al mismo tiempo dentro de mí, me sacudió un orgasmo como nunca había tenido: una mezcla brutal de dolor, semen y rendición absoluta. Nos quedamos los tres quietos, empapados de sudor.

—Mi macho se separó primero. Yo me deslicé de encima de Damián hasta quedar tirada en la alfombra, sin poder moverme. Él despidió al chico con la promesa de repetirlo otro día, y yo me quedé sola con él, que me miraba con una satisfacción que no había visto nunca en otro hombre.

—Por hoy te rompí el culo suficiente —me dijo—. Andate y preparate para la próxima. Cuando te repongas, me llamás y me avisás que estás lista. ¿Entendiste, puta?

—Sí, mi macho —respondí, hecha pedazos.

—Me levanté como pude, fui al baño, me lavé, me vestí. Me llevó un buen rato dejarme presentable. Antes de irme, me acerqué a él.

—Para despedirte —me dijo—, dale un beso a la verga que te rompió el culo.

—Me agaché y la besé. Él me agarró del pelo y me la metió hasta la garganta, hasta hacerme arcadas, y se rió de verme así, humillada. Cuando me soltó, me dijo:

—Sé que vas a llamarme pronto. Porque te gustó. Y voy a estar esperándote.

***

—Salí del edificio casi arrastrándome —terminó mi amiga, dándole por fin un trago largo a la copa—. Llegué a casa deshecha. Y sin embargo, esa noche, pensando en todo lo que había pasado, me di cuenta de algo que todavía me sorprende.

Me miró por primera vez en toda la historia.

—Qué lindo es sentirse usada así —dijo, casi en un susurro—. Sentirse, por una tarde entera, la más puta de todas.

Ver todos los relatos de Confesiones

Valora este relato

Comentarios (6)

ValentinaNC

Dios mio que relato!!! me quede sin aliento de verdad

Ignacio_MDQ

Por favor que haya una segunda parte, me quedé con ganas de saber más. Muy bien escrito!

Marcos_BsAs

Me trajo recuerdos de algo parecido que me pasó hace años. Esas cosas no se olvidan nunca.

GabyLectora

¿Y volviste a verlo despues? la curiosidad me está matando jaja

FlavioOk77

Increible, de los mejores que leí acá. Segui escribiendo!!!

Roci_Delvai

Se me hizo cortisimo, queria que siguiera y siguiera :)

Deja un comentario

Iniciar sesión o crear cuenta

Elegí cómo querés continuar.