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Relatos Ardientes

La reunión con mis amigos de la prepa se descontroló

Ilustración del relato erótico: La reunión con mis amigos de la prepa se descontroló

Hacía años que no veía a la mayoría de ellos. Fue un mensaje suelto en un grupo de redes, de esos que casi nunca prosperan, el que terminó juntándonos otra vez: los amigos de la prepa, los de siempre, los que nos contábamos absolutamente todo en los descansos. Acordamos vernos el primer fin de semana de marzo, cerca del centro, sin saber muy bien qué esperar.

Al final fuimos dos chicas y seis chicos. Otra amiga canceló a última hora, así que quedamos Nadia y yo entre tanto hombre. Nadia se había divorciado el año anterior y vivía sola en un departamento amplio, perfecto para que cupiéramos todos sin amontonarnos, así que decidimos hacerlo en su casa.

Comimos, brindamos y nos pusimos al día. Quién se había casado, quién seguía soltero, a quién le iba bien en el trabajo. Seguíamos llevándonos igual de bien que a los diecisiete. Marcos llegó con un par de botellas de tequila y otra de vodka «para después de la comida», y ese «después» llegó rapidísimo.

Con las copas encima, la conversación se puso sentimental. Nadia habló de su divorcio, y Tomás, que también venía de una separación, le siguió la corriente. Los escuchamos un rato, hasta que ella se levantó a la cocina por más hielos.

Pasaron veinte minutos y no volvía. Los demás seguíamos cantando canciones viejas, riéndonos de fotos que alguien sacaba del teléfono. Me extrañó que tardara tanto, así que me ofrecí a buscarla.

Empujé la puerta de la cocina y me quedé clavada en el marco. Nadia estaba contra la barra, con Tomás encima, besándola como si quisiera comérsela. Tendría que haberme ido enseguida. Pero no me fui.

Me quedé mirando un momento, por puro morbo, por esa curiosidad que una sabe que está mal y aun así no apaga. Tomás ya le había desabrochado la blusa cuando reaccioné y di media vuelta para dejarles su espacio.

Mala suerte: el resto venía justo detrás de mí, en bola, rumbo a la cocina.

—¡Esperen! —solté, plantándome en el pasillo—. Volvamos a la sala, todavía tenemos mucho que contarnos.

—Va, pero primero vamos por hielos, Cami —dijo Iván, intentando esquivarme—. Acompáñanos.

—Yo los traigo, ustedes siéntense —insistí.

Asintieron y empezaron a retroceder. O eso creí. Cuando me asomé de nuevo a la cocina, lo más discreta que pude, la escena había avanzado: Nadia estaba de rodillas frente a Tomás, con la boca ocupada y los ojos cerrados. Tardé un par de segundos en pensar cómo interrumpir para llevarme los dichosos hielos.

No hizo falta. Para entonces los seis chicos ya estaban detrás de mí, mirando por encima de mi hombro.

—¡Chicos! ¿Qué hacen? —se le escapó a Iván.

Nadia y Tomás se separaron de golpe, intentando taparse con lo primero que encontraron. Él se puso rojo hasta las orejas y buscó su pantalón, que había quedado sobre la mesa.

—No es lo que parece —murmuró.

Y todos nos echamos a reír. Entre el alcohol y la confianza de siempre, la vergüenza duró poco.

—Cálmate, Tomás, no es para tanto —dijo Lucas, divertido—. Si hasta veíamos porno juntos en los recreos. Cami y Nadia se sentaban con nosotros a verlo.

—Exacto, no pasa nada —agregué—. Vuelvan a lo suyo, nosotros regresamos a la sala.

Pero el ambiente ya había cambiado. Volvimos a sentarnos, y al rato se nos unieron Nadia y Tomás, todavía colorados, lo que dejó el momento un poco tenso. Lucas, que nunca sabía quedarse callado, fue el que lo rompió.

—A ver, basta de incomodidad. Juguemos a la botella, pero en vez de besos o retos, el que pierde se quita una prenda. El que la gira manda, al que señala obedece.

La verdad es que habernos topado con Nadia y Tomás nos había encendido a todos. Se notaba en las miradas, en cómo nos habíamos quedado callados de repente. Nadie protestó.

***

Marcos acercó una botella vacía y empezamos. La primera en girarla fue Nadia, y me apuntó a mí.

—Bien, amiga —dijo con una sonrisa torcida—. Fácil: quítate la blusa.

Me reí y obedecí sin decir palabra. Varios de ellos se quedaron mirándome el escote más de la cuenta —siempre tuve los pechos grandes y nunca me molestó que se notara—, así que me moví un poco para darles algo que ver.

Giré yo y le tocó a Iván. Como quería subir la temperatura, le pedí el pantalón. La sorpresa fue para nosotras: Iván se había desarrollado bastante desde la última vez, y se le marcaba todo bajo el bóxer.

—Ahorrémonos las vueltas —dijo él, sin esperar a que la botella girara otra vez—. Voy a decir lo que todos estamos pensando. Verlos en la cocina nos prendió. Siempre hablábamos de sexo, lo veíamos juntos… hagámoslo de una vez. El que quiera, que se desnude. El que no, puede irse sin problema.

Hubo un silencio de esos que parecen larguísimos. Pero yo me moría de ganas, y la idea de hacerlo entre todos me sonaba demasiado tentadora como para fingir lo contrario. Me puse de pie y empecé por los jeans ajustados que traía. Todos miraban cómo me los bajaba.

Me quité el sostén y dejé los pechos libres. Iván y Marcos abrieron grande los ojos y empezaron a sacarse las camisas mientras yo terminaba de bajarme la última prenda. En cuestión de segundos, casi todos estaban desnudos. Solo Nadia seguía sentada, roja, inmóvil.

—¿Tú qué dices? —le preguntó Lucas.

—No sé… —contestó ella, mordiéndose el labio.

Yo conocía bien a mi amiga. Sabía que era tan caliente como yo; en la escuela más de una vez nos habíamos besado a escondidas, nos habíamos mostrado las tetas entre risas. Solo le faltaba un empujoncito. Me acerqué, le tomé los brazos, me los puse alrededor de la cintura y la besé.

Ella respondió al instante. En segundos ya me agarraba las nalgas y me metía la lengua en la boca, y yo le iba quitando la ropa. Los chicos empezaron a tocarse mirándonos, acercándose poco a poco.

—Ahora sí, pónganse en cuatro —dijo Bruno, con la voz ronca.

Nadia y yo nos separamos y obedecimos. Tres de ellos se acomodaron detrás de mí y los otros tres con ella, a un costado, sobre el tapete.

***

Lucas puso su verga frente a mi boca y empecé a chupársela. A mí siempre me gustó hacerlo, y esa tarde tenía tres para mí sola, con mi amiga a un palmo de distancia haciendo lo mismo. Bruno se pegó a mi entrepierna y me lamió despacio; quería gemir, pero la boca ocupada me lo impedía, así que me desahogaba acariciándole la verga a Marcos con la mano.

A mi lado, Nadia iba de uno a otro, turnándose entre Diego y Tomás, mientras Iván le lamía la cola. De vez en cuando nos buscábamos con la mirada y nos sonreíamos. Las dos sabíamos lo que significaba: en la prepa nos habíamos confesado que una de nuestras fantasías era que nuestros amigos nos cogieran al mismo tiempo. Era un secreto que solo ella y yo compartíamos, y ahí estaba, volviéndose real.

Me recosté sobre el tapete porque ya no aguantaba las ganas, y le pedí a Bruno —que me tenía los dedos adentro— que me lo metiera de una vez. Se acomodó entre mis piernas y empezó a embestirme, y por fin pude gemir a gusto. Marcos y Lucas se prendieron a mis pechos, los mordían, me los chupaban, y me hablaban al oído diciéndome cosas que me encendían todavía más.

De fondo escuchaba a Nadia. La reconocía aunque no la viera; ese gemido lo conocía desde el colegio, de las veces que le hacía de campana mientras ella se escapaba con alguien a un salón vacío. Saber que estábamos las dos en lo mismo, en la misma sala, me ponía a mil.

Lucas me levantó con suavidad y me llevó hasta el sofá. Tiré de Marcos, lo acosté y me senté encima de él; le di unos cuantos sentones porque no terminaba de animarse. Después me incliné, me abrí con las manos y le dije a Lucas que tenía detrás:

—¿Qué esperas? Quiero sentir a los dos a la vez.

Se acomodó y me penetró por atrás. No pude contenerme y me vino un orgasmo larguísimo, de esos que te dejan temblando. Marcos y Lucas encontraron el ritmo, uno por delante y el otro por detrás, y yo solo pedía más. Bruno se paró frente a mí y me llenó la boca; estaba ocupada por completo, los tres a la vez, y no quería que nadie parara.

De reojo veía a Nadia, igual de entregada que yo, gimiendo entre los suyos. Las dos lo estábamos disfrutando como nunca.

Seguimos así varios minutos, hasta que Marcos avisó que estaba por acabar. Empujó fuerte, salió y volvió a entrar, y terminó con un gruñido. Cuando se apartó, Lucas me hizo girar, me abrió las piernas y me la metió de nuevo. La tenía más gruesa, y se notaba. Marcos se fue a tomar agua mientras yo seguía ocupándome del resto.

—Pídemelo —me dijo Lucas al oído, embistiendo más hondo.

—Quédate adentro, no salgas —respondí, sin pensar—. Cógeme rico.

Se pegó a mis pechos, me dejó marcas con la boca, y al rato terminó él también. Yo me sentía increíble, con dos en una misma tarde. Y todavía faltaba Bruno, que me puso de lado en el sillón y me mordió la oreja.

—Eres mi favorita —murmuró—. Desde la escuela me imaginaba tenerte así.

—Te pusiste buenísima, Cami —agregó, apretándome los pechos mientras me frotaba el clítoris con los dedos.

Me embistió con energía, sin dejar de tocarme, hasta que acabó. Quedé exhausta, deshecha, perfectamente bien cogida. Me recosté de lado en el sofá mientras los demás se servían agua y mirábamos cómo Iván montaba a Nadia: era el único que faltaba. Ella se frotaba sola, apretándose los pezones, hasta que él terminó. Diego y Tomás ya lo habían hecho antes.

***

Nadia me buscó con la mirada y nos tiramos juntas sobre el tapete, pegajosas, agotadas, riéndonos por lo bajo. Estuvimos un rato así, abrazadas, mientras los chicos recuperaban el aliento en los sofás.

Después de un rato ella me miró a los ojos y me besó. Le respondí, y casi sin querer terminamos enredadas, frotándonos una contra la otra. Le toqué los pechos —más chicos que los míos, con las aréolas grandes y oscuras— y ella me devolvía cada caricia. Seguíamos demasiado sensibles, y en un par de minutos nos vinimos juntas, justo como lo habíamos fantaseado a los diecisiete.

Nos bañamos por turnos, nos vestimos y volvimos a la sala como si nada, a seguir platicando un rato antes de despedirnos. Eso sí, no nos fuimos sin prometer repetir: la reunión, la orgía, o las dos cosas.

Lo que les puedo contar es que, desde entonces, Nadia ha seguido viéndose con Tomás, y yo con Marcos. Y cuando ella y yo nos encontramos a solas, todavía nos besamos. Algunas de aquellas fantasías del colegio se nos volvieron realidad, y tengo la sensación de que esto apenas empieza.

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Comentarios (3)

NicoMdp

buenisimo!!! uno de los mejores que lei en este sitio en mucho tiempo

Caro_2304

por favor que haya segunda parte, quede con ganas de saber como siguio todo jajaja

LectorBA_99

me recordo a una reunion de egresados que se fue de las manos... aunque no tanto como esta jeje. Gracias por compartirlo

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