La fantasía compartida que probamos con un extraño
Acordamos las reglas con firmeza: nada de sexo, solo conocerlo. Pero cuando sus manos tocaron la piel de mi novia, entendí que las reglas ya no importaban.
Acordamos las reglas con firmeza: nada de sexo, solo conocerlo. Pero cuando sus manos tocaron la piel de mi novia, entendí que las reglas ya no importaban.
La vendedora me aseguró que nadie podría verme. Cuando la caja cayó al piso, me quedé expuesta ante tres desconocidos que no pensaban marcharse.
Mateo nos lanzó la idea una tarde cualquiera: uniforme de clínica, autobús lleno, sin ropa interior. Era una locura. Aceptamos de todas formas.