Mi tercera vez como pasivo con una travesti del chat
Su nick decía «travesti activa» y yo apenas tenía una experiencia encima. Esa tarde, en un hotel cerca del metro, aprendí lo que era estar realmente sometido.
Su nick decía «travesti activa» y yo apenas tenía una experiencia encima. Esa tarde, en un hotel cerca del metro, aprendí lo que era estar realmente sometido.
Aquella mujer me miró de arriba abajo, sonrió y dijo la frase que cambiaría mi vida: con un poco de maquillaje, podías pasar por toda una nena.
Pagamos por convertirnos en los machos que nos humillaban. Pero Madame Muñeca siempre cumple lo que promete... nunca de la forma que uno espera.
Cada paso hacía tintinear los engranajes del corsé y dejaba ver el liguero. Esa noche ninguno de los dos pensaba salir de la fiesta como había entrado.
Nadie en su círculo sospechaba lo que pasaba tras la puerta del dormitorio: cada noche el medallón oscilaba y Andrés desaparecía un poco más.
Al principio fue solo un juego de roles que sugirió la terapeuta. Pero cuando llegó la semana de ella, las medias y el candado de castidad dejaron de ser un juego.
Llegó al tribunal segura de que su nombre era apenas una casilla a completar. Nadie esperaba que el juez la mirara como se mira a alguien que se desea de verdad.
Bajó a la orilla esperando solo el rumor de las olas, pero unos ojos la siguieron desde la fogata y supo que esa noche no dormiría sola.
Treinta y un puntos. La voz de ELARA ya lo esperaba: «Despierta, cielo. Hoy tampoco serás el hombre que llevas años creyendo ser».
Me había prometido no salir de la habitación ese día. Pero cuando Daniela me escribió diciéndome que estaba cerca, supe que la noche iba a terminar diferente.
Llevaba semanas con esa sensación insoportable de necesitar ser poseída. Una noche decidí actuar: me maquillé, me vestí de provocación y fui al encuentro de un desconocido bien dotado.