Volví a su cama después de cinco años
Abrí los ojos con su respiración tibia en la cara y entendí que la maratón de la noche anterior no había sido un sueño. Ella seguía ahí, mirándome.
Abrí los ojos con su respiración tibia en la cara y entendí que la maratón de la noche anterior no había sido un sueño. Ella seguía ahí, mirándome.
Cuando me besó frente al auto, supe que no era el alcohol. Era todo lo que había callado durante diez años saliéndole por fin de la boca.
Llevaba un bikini de chapa y la mitad del cuerpo al aire cuando ella apareció vestida igual que yo, sonriéndome como si ya supiera cómo terminaría la tarde.
Habían pasado veinte minutos desde que Renata se fue con su acompañante y yo seguía con Sofía entre las piernas, respirando despacio sobre la arena.
Llegué a su casa pensando en una peli y dos cervezas. A las cuatro horas estaba desnuda en su sofá, descubriendo que las habladurías del pasillo no eran habladurías.
Llevaba dos semanas espiándola desde mi cocina cuando la tormenta sacudió el edificio. A las once llamó a mi puerta con el camisón blanco y los ojos muy abiertos.
Pensaba que solo me estaba siguiendo el juego, hasta que me llevó a su departamento sin pedir permiso y entendí que la noche no terminaría con una copa.
Llevábamos horas estudiando cuando el frío se hizo insoportable. Sofía me invitó a su cama para calentarnos. Ninguna esperaba lo que vino después.
Entró sola al bar porque no quería preguntas de sus amigas. No esperaba encontrar dentro a su profesora de instituto, ni lo que pasaría después.
Valentina estaba tumbada en la cama con un top turquesa y una braga de encaje. Cuando me miró con esa sonrisa, algo en mí se rompió.
Mientras Natalia la hacía gemir, Lorena contó todo: el video de su marido, la venganza en el vestuario y la primera vez que probó el sexo lésbico.