Seis amigos, una botella y el verano que lo cambió
Sofía tenía los labios más carnosos que había besado en mi vida. Esa tarde en la playa nudista, los seis decidimos que ya no había vuelta atrás.
Sofía tenía los labios más carnosos que había besado en mi vida. Esa tarde en la playa nudista, los seis decidimos que ya no había vuelta atrás.
Cuando Roberto señaló que yo era el marido, el señor Kanamoto sonrió por primera vez. Entendí entonces que mi papel esa tarde no iba a ser el de esposo.
Llevábamos semanas de miradas y roces en el gimnasio cuando Bruno me invitó a cenar. No esperaba lo que me iba a pedir sentado frente a mí, con Nadia esperando en el cuarto.
Cuando Diego me quitó la blazer frente a Malik, sus ojos oscuros fueron directos a mi escote. Supe al instante que esa noche no iba a decepcionar.
Pusimos la tele en silencio para escucharlos mejor. No sabíamos que ellos también nos oían desde el otro lado del techo.
Hace meses les conté el primer trío de Camila. Esta vez, cuando volvió a sentarse en mi cama, supe que la historia iba a ser todavía más intensa.
Carolina se mudó con Rodrigo hace tres semanas. Yo escribo esto desde la casa vacía, sentado en la cama donde dormíamos los dos. Y, durante un año entero, los tres.
Einar les explicó que en aquella casa mantenían viva una vieja tradición de hospitalidad. Valentina miró a Rodrigo y los dos supieron lo que querían.
Soltó la carcajada, bajó la voz y me miró con esa sonrisa de puta satisfecha que ya le conocía. Supe que me iba a contar todo lo que había callado.
Llevaba dos años sin que nadie me mirara de esa forma. Y cuando Miguel lo hizo, supe que algo en mí no estaba tan dormido como creía.
Cuando los dos vecinos del piso de abajo tocaron mi puerta con una botella de vino, llevaba diez días sola en casa con el cuerpo en un estado que no era tranquilidad.
Llevábamos semanas intercambiando correos con Valeria. Ella pedía fuerza y presión. Cuando nos vio bajar de las motos, supo que no se iba a decepcionar.
Los gemidos llegaban directo a mis oídos y algo en mí cedió por fin. Esa noche no iba a negarme nada.
Era la primera vez en semanas que tenía la casa para mí sola. Supe desde el primer segundo exactamente lo que iba a hacer con esas horas.
Se sentó en mi cama con ese gesto de siempre y soltó que había pasado otra vez. Y yo sabía exactamente de qué me estaba hablando.
Cuando Iván cruzó la puerta de la habitación, supe que no había vuelta atrás. Mi marido me sostenía por la cintura y me preguntó si seguía queriendo esto.
Cuando Vicky tocó el timbre esa noche ya sabía que algo había pasado. Tenía la mirada turbia y ese gesto de quien necesita contarlo todo antes de explotar.
Me puse la falda más corta que tenía, abrí la puerta y los saludé sabiendo exactamente qué habían visto y qué más iba a pasar esa noche.
Teníamos una semana para preparar el disfraz más atrevido. Yo llegué con minifalda y medias. Ella abrió la puerta de su cuarto sin una sola prenda encima.
Sobre la cama había un conjunto de látex negro y unos tacones en mi talla. Esa noche, Rodrigo no me explicaría nada. Solo me ataría y lo que vendría después cambiaría todo.