El desconocido que escribió mis fantasías mejor que yo
Levanté el puño para tocar el timbre y la puerta se abrió antes de que mi nudillo rozara la madera. Él llevaba horas contando mis pasos en la calle.
Relatos que exploran los deseos mas profundos
Levanté el puño para tocar el timbre y la puerta se abrió antes de que mi nudillo rozara la madera. Él llevaba horas contando mis pasos en la calle.
Mateo nos lanzó la idea una tarde cualquiera: uniforme de clínica, autobús lleno, sin ropa interior. Era una locura. Aceptamos de todas formas.
El calor de julio, una cerveza helada y sus manos ásperas. A los cuarenta y dos, descubrí que el deseo no tiene edad ni vergüenza.
Cuando me asomé a la ventana para descansar un momento, los vi en la piscina. Desnudos, besándose, completamente ajenos al mundo. Entendí que ese año iba a ser muy distinto.