La iniciación que no esperaba de su nuevo amo
La presentaron a la casa como a una más, pero cuando la puerta de la habitación del Amo se cerró detrás de ella, Elena supo que nada la había preparado para esto.
La presentaron a la casa como a una más, pero cuando la puerta de la habitación del Amo se cerró detrás de ella, Elena supo que nada la había preparado para esto.
Cada mañana me despierto en mi jaula con los vibradores puestos, esperando que el amo baje por mí. Hoy será un día muy largo.
Había aceptado sus juegos de dominación antes. Pero lo que me pidió esa noche por teléfono era diferente a todo lo anterior. Y aun así, no colgué.
No me los limpié. Salí del hotel con su leche entre los dedos y recorrí la ciudad entera así, sintiendo que era suya con cada paso.
Cuando colgué el teléfono, tenía las manos temblando. Una clínica de disciplina extrema. Un año encerrada, sin salida. Y yo había dicho que sí.
Hay clientes que pagan por placer y hay clientes que pagan por poder. Aprendí la diferencia demasiado tarde, cuando ya tenía las cicatrices para demostrarlo.
Llevo años siendo la fiera en la cama. Los hombres me temen o me complacen. Nadie me había atado. Nadie hasta que le di mi correo a aquel desconocido del chat.
Sabía que habría consecuencias por llegar tarde. Lo que no sabía era que Marcos había planeado algo mucho peor que un castigo.
Cuando entré en aquella aula clausurada del subsuelo, todavía pensaba que era un simulacro. La sonrisa de Tomás me dijo que me había equivocado en todo.
Colgado de puntillas con el cuello mordido por dientes de metal, el cautivo esperaba la muerte cuando la sanadora encontró el resquicio entre la orden y la piedad.
Por las mañanas era la esposa invisible de siempre. Por las noches escribía lo que no me atrevía a pedir. Hasta que alguien lo leyó y decidió dármelo.
Llegué al complejo buscando un cuerpo que obedeciera sin preguntar. Lo que encontré esa tarde superó todo lo que había imaginado.
Me arrodillé frente a ella en el suelo del patio, con sus zapatillas en las manos y su mirada clavada en mí. El sabor era lo de menos.
Mateo me había hablado de esa finca semanas atrás, pero ninguna palabra suya pudo prepararme para lo que Rodrigo y Esteban iban a hacerme al cruzar el portón.
Cuando crucé el parque esa noche, ya sabía que no volvería siendo la misma. Dani tenía diecinueve años, el doble de músculo y ningún reparo en usarlos.
Cuando ella abrió el bolso en el parking, Diego entendió que aquella tarde no iba a terminar como había imaginado.
El gas era casi invisible, pero sus efectos no. En segundos, el uniforme dejó de ser una armadura y se convirtió en algo que quemaba la piel desde adentro.
Había negociado los términos por mensajes de voz. Al cruzar la puerta de la casa, supo que la negociación había terminado para siempre.
Marcos me dijo que tenía dos opciones: la demanda o su puerta a medianoche. Fui un idiota y elegí la segunda. O quizás no era tan idiota.
Cuando Saya abrió los ojos en la oscuridad, lo primero que sintió fue el frío del acero en las muñecas y el aliento de Nadia a pocos centímetros de su cara.