Cuando acepté filmar con dos hermanos en el hotel
Llegué al hotel temblando, convencida de que solo serían fotos. Cuando entró el segundo hermano, supe que esa noche no iba a terminar como había planeado.
Llegué al hotel temblando, convencida de que solo serían fotos. Cuando entró el segundo hermano, supe que esa noche no iba a terminar como había planeado.
Le digo que trabajo hasta tarde y le mando un beso de buenas noches. Luego paso la siguiente hora con la boca llena y el mundo al revés.
No lo hice por el dinero. Lo hice porque me daba todo igual. Verla feliz con otro en ese bar fue el detonador de una época que no debería haber vivido.
Cuando frenamos junto a ellos, la chica ya movía las caderas con una canción. Mateo llevaba las uñas pintadas. Ese viaje no iba a terminar como habíamos planeado.
Mi abuela tomó la decisión, como siempre. Yo solo seguí el instinto. Lo que ocurrió en esa cabaña durante la tormenta sigue siendo solo nuestro.
Cuando entré a la cocina esa mañana, ella estaba de espaldas con una camiseta que apenas le cubría los muslos. Tres años cambian mucho a las personas.
Me puse la peluca, los tacones y las curvas postizas. No calculé que antes de que amaneciera iba a estar ladrando en un jardín con las rodillas en la tierra.
Nos dijeron que el precio era nuestro cuerpo. Cinco hermanos, un contrabandista y la única salida posible.
Jugamos al póker de prendas con mis vecinos. Nadie dijo a qué más se estaba jugando, pero cuando me quedé sin ropa en el centro del salón, ya no necesitábamos las cartas.
Llegó recién separado, con una maleta y demasiado tiempo libre. Desde la mañana en la piscina supe que esa semana no iba a ser nada aburrida.
Cuatro hombres poderosos aparecidos muertos en suites de hotel. La misma escena cada vez. Valeria fue sola a investigar y no salió intacta.
Cuando llegué a su apartamento hablamos apenas cinco minutos. Después sus manos en mi cuello me dijeron todo lo que necesitaba saber de esa noche.
Estaba ahí, con la cubeta de champagne en las manos, escuchando cada gemido, cada crujido de la cama. Y no fui capaz de alejarme.
Encendí la luz del salón y vi el caos de la fiesta. Fui al dormitorio buscando paz. Abrí la puerta y lo vi todo: él, desnudo, en mi cama.
Einar les explicó que en aquella casa mantenían viva una vieja tradición de hospitalidad. Valentina miró a Rodrigo y los dos supieron lo que querían.
La voz de Daniela narraba lo del vestuario mientras, a su alrededor, los cuerpos de sus amigas se enredaban sin vergüenza ni límites.
Sus dedos en mis nalgas me despertaron a medianoche. Podría haberla detenido, pero no quise. Lo que pasó esa noche entre nosotras no tiene nombre.
La cremallera de la tienda se abrió y aparecieron dos cabezas. Vieron a dos chicas desnudas y apenas pestañearon. Era esa clase de festival.
Sabía lo que él haría si creía que estábamos solos. Lo que no podía prever era que mi marido lo estaba viendo todo desde el otro lado del cristal.
Llegué a su apartamento con ganas de tomar cerveza y matar el tiempo. Me fui con el culo adolorido, la boca con sabor a semen y una sonrisa que no podía disimular.