El trío que no planeamos en aquel resort de verano
Cuando Roberto se pegó a Claudia en la pista de baile, entendí que esas vacaciones no iban a ser lo que habíamos imaginado.
Cuando Roberto se pegó a Claudia en la pista de baile, entendí que esas vacaciones no iban a ser lo que habíamos imaginado.
Primero escuchamos sus gemidos desde el piso de arriba. Después ellos escucharon los nuestros. Ninguno de los cuatro se detuvo.
No tenía sueño. Él llegó por detrás, me besó el cuello y puso las manos donde yo no podía permitirme gemir. La puerta del cuarto seguía cerrada.
Rodrigo llegó con whisky y buenas intenciones. Valeria estaba en leggins y sin brasier. Antes de que terminara el primer tiempo, ya nadie pensaba en el fútbol.
Cuando Nicolás giró la cabeza y los vio, su cara lo dijo todo. Raquel dejó que la mirara un segundo más antes de levantarse y caminar hacia él.
Le dije que sí con el corazón acelerado. Marcos repitió la palabra de seguridad tres veces antes de empezar, y supe que estaba en manos correctas.
No había cometido ninguna falta, y él quería verla de rodillas con la bayeta en la mano. Ella lo haría, porque eso era lo que había elegido ser para él.
Lo planeamos juntos, en voz baja, la semana anterior. Y cuando él apareció en la puerta esa noche, los dos sentimos que algo estaba a punto de cambiar.
Esa tarde de primavera bebimos demasiado ron. No imaginaba que Carla, siempre sumisa, iba a levantarse para llevarme a un árbol cercano y susurrar lo que iba a hacerme.
Cada mañana me despierto con el mismo fuego. No es amor, no exactamente. Es algo más urgente, y ningún alivio dura lo suficiente para apagarlo del todo.
Cuando el guía enmascarado me separó de Mateo en aquella hacienda colonial, supe que la fantasía que habíamos susurrado en la oscuridad estaba a punto de volverse carne.
Cuando salí del probador con esa minifalda diminuta, mi marido ya le había explicado las reglas al encargado. Solo me quedaba salir y dejarme mirar.
Llevábamos meses juntos cuando una noche, fumando en el sofá, me dijo lo que de verdad le ponía. Tres semanas después no fui capaz de decirle que no.
Cuando él sacó la lupa y le pidió que se tumbara al sol, ella supo que aquella prueba no tenía nada de científica. Con Marcos, nada era lo que parecía.
Sobre la almohada encontré un sobre con una dirección, una hora y una frase que me hizo temblar. No sabía que él lo había organizado todo.
Carmen dormía al sol desnuda mientras yo tomaba la peor y mejor decisión de mi vida. Cuando despertó y vio el estado en que estaba, no reaccionó como esperaba.
Abrí la carta en mi despacho, sola, y supe que algo iba a cambiar antes de terminar de leer. Lo que no esperaba era que el cambio viniera de mi marido.
Me quité el zapato sin decir nada y empecé a subir lentamente por su pierna. Él intentaba mantener la compostura. Yo sonreía con inocencia frente a su mirada.
Cuando mi marido cerró la puerta a las tres y me encontró en la cocina con el té entre los dedos y el encaje negro pegado al cuerpo, supe que no iba a quedarse callado.
Marcos le dijo que sería una noche diferente. Lo que Laura no sabía era que sus amigos iban a apostar fichas para ganar favores con ella.