Me prostituí por despecho durante mi peor año
La vi besarse con otro tres meses después de dejarme. Esa madrugada entré en un local que no había pisado nunca, y empezó algo que no he contado a casi nadie.
Relatos de primeras experiencias inolvidables
La vi besarse con otro tres meses después de dejarme. Esa madrugada entré en un local que no había pisado nunca, y empezó algo que no he contado a casi nadie.
Helena llegó dos horas antes del vuelo. Le había comprado un perfume para darle las gracias. Ella tenía otro plan para despedirse.
Llegué solo al hotel y me dije que esa semana iba a ser distinta. No imaginaba que la mujer de la barra del bar iba a enseñarme cosas que nunca había sentido.
Pensé que era una mosca. Cuando entendí que eran sus dedos, ya era tarde para detenerla, y peor todavía: para detenerme a mí misma.
Llevaba veinte minutos bailando con un desconocido en la pista. Cuando él propuso subir al baño del piso de arriba, dijo que sí sin imaginar lo que vendría.
Llevábamos apenas dos cervezas cuando Valeria se quitó las sandalias y me dijo que había que ponerle remedio a que hacía años que no pisaba la arena. Esa noche aprendí muchas cosas.
Tres meses después de dejarlo, la vi besándose con otro en aquel bar. Esa misma noche entré en uno de ambiente y empecé a hundirme sin saber hasta dónde llegaría.
Vino dos horas antes de su vuelo, dejó la maleta en el pasillo y, antes de que pudiera reaccionar, se quitó la sudadera frente a mí.
Le había comprado un perfume y un colgante para despedirla. Ella me trajo otra cosa. Yo tenía 18 años y no había tocado a nadie en la vida.
Llevaba tres días en Cartagena pagando por encuentros que terminaban con la misma sorpresa, hasta que ella entró al bar y todo cambió de golpe.
Entré a esa zona restringida a propósito. Había algo en esos hombres uniformados que me atraía desde que llegamos, y yo sabía exactamente lo que buscaba.
Llevábamos semanas deseándonos y esa noche de carnaval, sin condón ni cama, todo ocurrió donde menos lo esperábamos.
Cuando me dijo que era virgen, no supe si reírme o abrazarlo. Elegí lo segundo. Lo que vino después fue inevitable.
Entró sola al bar porque no quería preguntas de sus amigas. No esperaba encontrar dentro a su profesora de instituto, ni lo que pasaría después.
Cuando abrí la puerta del baño y vi a Sandra con esa faldita y los labios pintados de rojo, entendí que el plan original ya no existía.
Llegó a ayudarme con el televisor nuevo, con sus brazos marcados y esa mirada que evitaba la mía. Tenía veinte años y yo ya sabía lo que iba a pasar.
Cuando don Alberto me miró de esa forma por primera vez, supe que algo en mí no era lo que los demás creían. Esa tarde lo confirmó.
Eva me citó dos horas antes de coger su vuelo a Boston. Cuando llegó a casa traía un perfume nuevo y una idea muy clara de cómo despedirse.
Andrés llevaba meses buscando una salida y la encontró donde menos debía: en el cuerpo de su propia esposa.
Rodrigo le había prometido que esta Nochevieja sería diferente. Valeria no imaginaba hasta qué punto tenía razón.