Lo que pasó entre nosotras en el probador
Me pidió que apoyara las manos en la pared y me mirara en el espejo. Afuera había gente. Adentro, solo sus dedos moviéndose bajo la falda.
Me pidió que apoyara las manos en la pared y me mirara en el espejo. Afuera había gente. Adentro, solo sus dedos moviéndose bajo la falda.
Empezó como una noche de pizza y fernet. Terminó con cada una confesando la fantasía erótica más sucia que jamás dijo en voz alta.
Valentina llevaba todo el día mirándola distinto. Cuando el último invitado se fue, los tres subieron a la suite y el silencio lo dijo todo.
La cremallera se abrió de golpe y dos caras asomaron desde fuera. Nadie se sorprendió demasiado. Lo que vino después fue lo más salvaje que Sara había vivido.
Era solo un juego para hacer amigas, pero cuando ella preguntó si podía venir esa noche, entendí que habíamos cruzado una línea que yo quería cruzar.
Llevaba un mes pensando en esa noche, y se lo conté todo a Sandra sin filtros. Ella escuchó en silencio y al final dijo: me da envidia. Así empezó todo.
Hacía un mes que no podía sacarme de la cabeza aquel rincón del Industria. Esa madrugada decidí volver, pero esta vez no iría sola.
La vio entrar y algo se detuvo en su pecho. No supo explicarlo, pero desde ese instante solo pudo pensar en ella.
Cuando la vi en la puerta, supe que esa cena no iba a terminar como cualquier otra. Vera tenía esa mirada que lo decía todo sin decirlo.
Doce años de amistad y una mirada que lo decía todo. Cuando la boda terminó, Valeria cruzó la puerta de la suite y nadie le pidió que se fuera.
Cuando lo vi salir entre los aplausos, supe exactamente lo que quería. No sabía que iba a hacerlo delante de treinta mujeres que no conocía.
Cuatro copas de vino y Rodrigo empezó a hablar. Lo que salió de su boca esa noche cambió las reglas entre ellos para siempre.
Rodrigo no la echó cuando se quedó la última. Sofía tampoco quiso pedírselo. Los tres lo sabían, sin decirlo, desde que se cerraron las puertas del salón.
Vine a pasar la noche en su departamento y terminé desnuda en el sofá mientras su mejor amiga nos miraba desde el sillón, sin moverse y sin decir una sola palabra.
Cuando le dije que se dejara llevar, no imaginé que esa noche Valeria iba a convertirse en la protagonista más inesperada de toda la reunión.