Lo que escuché en el pasillo me cambió esa noche
Veinte años de uniforme almidonado y nunca había temblado en un pasillo. Esa noche, con la cubeta de hielo en las manos, supe que iba a romperme.
Veinte años de uniforme almidonado y nunca había temblado en un pasillo. Esa noche, con la cubeta de hielo en las manos, supe que iba a romperme.
Llevábamos meses conversando por mensajes, pero hasta esa noche en el cumpleaños de la abuela nunca había sentido sus curvas pegadas a las mías.
Llevaba semanas con esa sensación insoportable de necesitar ser poseída. Una noche decidí actuar: me maquillé, me vestí de provocación y fui al encuentro de un desconocido bien dotado.