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Relatos Ardientes

Trío en la casa rural durante la siesta

El segundo día en aquella casa rural se me hizo eterno desde que abrí los ojos. Desde el desayuno ya estaba claro que algo iba a pasar, porque tanto Vera como Noelia no dejaban de buscarme con el cuerpo cada vez que podían. Un roce en la cocina, una mano demasiado baja en la piscina, una risa cómplice cada vez que miraban el bulto que apenas podía disimular bajo el bañador.

Lo peor era que no podíamos soltarnos del todo. El hijo de Vera andaba correteando por todas partes, entrando y saliendo del agua, pidiendo juegos, comida o atención, y eso nos obligaba a cortar cada vez que la cosa empezaba a subir de verdad. Esa mezcla de ganas acumuladas y freno constante me tenía con la polla tan dura que a media mañana tuve que subir a la habitación a darme una ducha fría para no volverme loco.

Cuando bajé, ellas seguían en la piscina. Vera estaba apoyada en el borde, con el pelo mojado pegado a los hombros, y Noelia flotaba de espaldas con una tranquilidad fingida que no engañaba a nadie. Las dos me miraron bajar las escaleras y luego bajaron la vista al bañador. Se echaron a reír sin ninguna vergüenza.

—Sois unas hijas de puta —les dije en voz baja al meterme en el agua.

—Y tú un exagerado —respondió Vera, rozándome la pierna con el pie bajo la superficie.

—Exagerado no. Martirizado.

Noelia sonrió como si ya tuviera un plan. No dijo nada entonces, pero se le notaba en la cara esa expresión de mujer que sabe exactamente cuánto puede tensar una cuerda antes de soltarla.

Salí a preparar la barbacoa porque necesitaba ocupar las manos. Encendí la brasa, coloqué la carne y traté de concentrarme en el fuego, pero no duré mucho. Noté unos brazos rodeándome por la espalda y, un segundo después, dos manos bajaron por mi vientre, se colaron bajo el bañador y me agarraron la polla sin ningún cuidado.

—¿Cómo lo llevas? —murmuró Noelia junto a mi oreja.

Solté el aire de golpe. La tenía completamente dura y ella lo comprobó apretándola despacio, con esa malicia tranquila que me encendía todavía más.

—Lo llevo como puedo. Entre las dos me tenéis hecho polvo.

—No será culpa nuestra que andes tan caliente.

—Claro que sí. No soy yo el que me manosea debajo del agua ni me pega las tetas en la espalda cada vez que paso cerca.

Noelia se echó a reír y me dio un beso en el cuello antes de soltarme.

—Después de comer, cuando el niño se duerma, tendrás toda nuestra atención. Pero aguanta un poco más.

Volvió a la piscina dejándome con la polla todavía más tensa. A partir de ahí la comida se me hizo eterna. Asé la carne, servimos, comimos todos juntos, hablamos de cualquier tontería y yo apenas podía seguir la conversación. Solo pensaba en terminar, subir al pequeño a la cama y cobrarme aquella promesa.

Después de comer todavía tardó en dormirse. Jugué con él en el jardín, hice carreras tontas, lo perseguí entre los árboles, me dejé caer al suelo para que se riera y, cuando por fin empezó a cabecear, lo subí en brazos. Lo acosté, encendí el interfono y bajé otra vez con la prisa clavada en el cuerpo.

Vera y Noelia me estaban esperando en el porche, con dos sonrisas que ya no fingían nada.

—Bueno —dije—. Ya está dormido. ¿Dónde nos habíamos quedado?

Se miraron entre ellas y se rieron. En vez de responder, me agarraron de las manos y me llevaron escaleras arriba. Apenas entramos en la habitación, cerraron la puerta y empezaron a desnudarme entre las dos. Primero el bañador, luego las manos de Vera empujándome hasta la cama, luego sus ojos clavados en mí mientras me tumbaba, ya completamente desnudo y con la polla tiesa apuntando al techo.

Creí que se me iban a echar encima. Me equivocaba.

Las dos se quedaron de pie delante de la cama y empezaron a besarse. No un beso rápido para calentar el ambiente, sino un beso de verdad, largo, húmedo y profundo. Vera metió la mano detrás del cuello de Noelia y la atrajo con hambre. Noelia le agarró el culo por encima del bikini y apretó con ganas antes de colar los dedos por debajo de la tela.

Yo me incorporé un poco para ver mejor. La respiración ya se me había acelerado.

Vera soltó el cierre de la parte de arriba del bikini de Noelia y sus pechos quedaron al aire. Sin dejar de besarla, bajó la boca hasta uno de sus pezones y empezó a lamerlo despacio, rodeándolo con la lengua antes de chuparlo con fuerza. Noelia dejó caer la cabeza hacia atrás y soltó un gemido ronco que me puso los huevos duros.

En respuesta, ella le bajó el bikini a Vera de un tirón, la dejó desnuda y enseguida se quitó el suyo también. De pronto las tenía a las dos delante de mí, completamente desnudas, besándose y tocándose como si yo solo fuera un espectador invitado a sufrir.

Me acerqué con intención de meter mano, pero Vera me señaló la cama.

—Tú quieto. Se mira, pero no se toca. De momento.

—No me jodas, Vera.

—Justo eso sí te vamos a joder, pero cuando nos dé la gana.

Volví a tumbarme con una mezcla de frustración y excitación brutal. Ellas siguieron a lo suyo. Se acariciaban los pechos, se mordían la boca, se abrían las piernas para meter los dedos entre sus coños ya mojados. Vi la mano de Noelia deslizarse entre los muslos de Vera y hundir dos dedos dentro mientras la otra se retorcía gimiendo. Vera respondió metiéndole la mano entre las piernas, abriéndole los labios con dos dedos y frotándole el clítoris con movimientos cortos y rápidos.

Gemían sin pudor, delante de mí, sabiendo que me estaban volviendo loco. No aguanté y empecé a pajearme mirando cómo se daban placer. Ellas se corrieron así, casi al mismo tiempo, temblando una contra la otra, con las piernas mojadas y la respiración entrecortada.

Pero no habían acabado. Se tumbaron en la cama, una boca arriba y la otra encima, colocándose en un sesenta y nueve que me dejó sin aire. Noelia enterró la cara entre las piernas de Vera y empezó a lamerle el coño de abajo arriba, lenta primero, luego más firme, metiendo la lengua y acompañándola con dos dedos. Vera hacía lo mismo entre los muslos de Noelia, abriéndola bien, chupándole el clítoris y comiéndosela con una dedicación obscena.

Me acerqué otra vez y ofrecí mi polla a Vera cuando levantó un segundo la cabeza, pero me empujó con la palma en el pecho.

—Todavía no —dijo—. Aguanta y mira.

Podría haberme cabreado, pero la escena que tenía delante era demasiado buena como para largarme. Me quedé a un lado de la cama, pajeándome a ritmo lento, contemplando cómo las dos jadeaban y se corrían otra vez una en la boca de la otra.

Entonces Noelia se levantó, fue a su bolsa y sacó un arnés con una polla de silicona que yo no sabía que había traído. Se lo colocó con una naturalidad que me encendió todavía más. Vera se tumbó boca arriba, abrió las piernas y Noelia se acomodó entre ellas, guiando la punta del juguete hasta su coño hinchado y brillante.

Entró despacio primero, dejándola acostumbrarse, y luego empezó a follársela de verdad. Vera arqueó la espalda y soltó un gemido grave mientras Noelia le daba embestidas cada vez más firmes. El golpeteo del arnés contra su coño sonaba húmedo y sucio, y yo seguía ahí con la polla a punto de explotar.

—Acércate —me ordenó Vera desde la cama, sin dejar de recibir las embestidas.

Me puse a la altura de su cabeza y ella me agarró la polla con una mano. Me la miró un segundo, sonrió y abrió la boca.

—Métemela. Fóllame la boca.

No hizo falta repetirlo. Le apoyé la punta en los labios y ella sacó la lengua, la pasó por el glande y se la metió hasta el fondo. Empecé a moverme despacio, hundiéndosela en la garganta mientras Noelia seguía penetrándola con el arnés. Cada vez que retiraba la cadera, Vera volvía a buscarme con la boca, tragando saliva, babeándome la polla y gimiendo con el coño lleno por el otro lado.

La imagen era una locura: Vera recibiendo polla por la boca y por el coño al mismo tiempo, Noelia sudando encima de ella mientras marcaba el ritmo, y yo agarrándole el pelo para follársela con más fuerza. Bajé una mano hasta una de las tetas de Noelia, le apreté el pezón entre los dedos y luego me incliné para comérselo con la boca. Lo chupé, lo mordí un poco, y ella soltó un gemido que casi fue un gruñido.

—Joder... así —murmuró.

Sentí entonces una mano de Vera bajar desde mis caderas hasta mi culo. Sin sacar mi polla de su boca, me abrió y me metió un dedo de golpe. La sorpresa me arrancó un jadeo. Ella aprovechó mi reacción para tragármela más hondo todavía, masajeándome por dentro con el dedo mientras me miraba desde abajo con una cara de puro vicio.

Duré poco. Entre su garganta, el dedo en el culo y Noelia follándola delante de mí, me puse al límite enseguida.

—Me corro —avisé con la voz rota.

Vera sacó la polla apenas un instante para hablar.

—No pares. Córrete en mi boca. Lo quiero todo.

Se la metí otra vez y me vacié con una sacudida brutal. Le corrí en la boca, en la lengua y en parte por los labios, porque era demasiado y no pudo tragárselo entero. Noelia se inclinó enseguida, le lamió la comisura, le besó la boca y recogió lo que se le había escapado con una obscenidad tranquila que me dejó temblando.

Vera todavía tardó poco en correrse otra vez con el arnés dentro. Apretó las piernas, arqueó la espalda y se dejó ir soltando un gemido largo. Luego Noelia se quitó el arnés, se tumbó boca arriba y Vera bajó entre sus piernas para devolverle el favor, metiéndole la lengua en el coño con una energía que dejó claro que entre ellas no había nada improvisado.

Yo me quedé mirando unos segundos, recuperando el aire, con las manos recorriendo un muslo de una y el culo de la otra. Me excitaba ver a Noelia así, abierta, jadeando, sujetándole la cabeza a Vera mientras se corría en su cara.

—Qué hijas de puta sois —dije medio riendo, todavía aturdido.

Noelia levantó la cabeza y me miró con descaro.

—Te ha gustado sufrir, no mientas.

—Sí, pero ahora me toca a mí haceros sufrir un poco.

Vera empezó a acariciarme la polla, que ya reaccionaba otra vez. Noelia se puso a cuatro patas en la cama casi como una invitación. Le agarré la cintura y le obligué a levantar más el culo. Tenía el coño brillante y abierto, y más arriba el ano fruncido, los dos expuestos para mí.

Empecé por abajo. Le abrí las nalgas y pasé la lengua desde su coño hasta el culo, despacio, saboreándola entera. Noelia se estremeció y se agarró a las sábanas. Volví a hacerlo, esta vez metiéndole la lengua en el coño, chupándole el clítoris, subiendo otra vez hasta el culo y rodeándolo con la punta de la lengua.

—Joder... qué gusto —gimió.

Mientras la lamía, Vera se colocó a mi lado y volvió a meterse mi polla en la boca. Me mamaba con ganas, profunda, húmeda, dejándomela dura otra vez en minutos. La combinación de comerle el coño y el culo a Noelia mientras mi mujer me chupaba era una animalada.

Cuando ya estuve completamente tieso, me incorporé detrás de Noelia. Le acaricié el culo, escupí un poco en el agujero y empujé la punta despacio. Ella soltó una queja suave, más de impresión que de rechazo. Me detuve un momento, dejé que respirara, y seguí entrando poco a poco hasta meterle la cabeza entera.

—Despacio... así... joder... —murmuró, moviendo la cadera hacia atrás.

En cuanto se relajó, fue ella misma la que empezó a ensartarse en mi polla. Yo le agarré las caderas y empecé a follarle el culo con embestidas cortas primero, luego más largas y pesadas. El sonido seco de mis huevos golpeándole el culo llenó la habitación. Vera se tumbó debajo de ella y empezó a lamerle el coño desde abajo, de modo que Noelia recibía mi polla por el culo mientras su coño era devorado por la boca de mi mujer.

Noelia perdió el control enseguida. Gemía alto, sin contenerse, balanceándose entre las dos. Se tocó una teta, se pellizcó el pezón y me pidió más.

—No paréis, cabrones. Así... así... me voy a correr otra vez.

Le di más fuerte. Cada embestida le abría un gemido nuevo. Vera no dejaba de lamerle el clítoris y meterle dos dedos en el coño, y al cabo de unos minutos Noelia se corrió con un espasmo brutal, apretándome la polla con el culo mientras temblaba entera.

Decidí cambiar antes de correrme yo. Me salí de su culo, la agarré del pelo y le acerqué la polla a Vera, que la chupó un momento, mezclando saliva con el resto de humedad. Luego guié la punta hasta el coño de Noelia y se la fui metiendo despacio. Entró sin resistencia, empapada como estaba, y al primer empujón profundo ella soltó un «sí» ronco y obediente.

Empecé a follármela el coño desde atrás. Ya no había juego ni espera; ahora sí era mi turno de verdad. Le agarré las caderas con fuerza y la embestí hasta el fondo una y otra vez, notando cómo me tragaba entera. Vera, tumbada debajo, seguía lamiéndole el clítoris entre embestida y embestida, así que Noelia tenía la cara hundida en la cama, el culo levantado, mi polla entrando y saliendo de su coño y la lengua de mi mujer trabajándola sin descanso.

—Me encanta sentirte dentro —jadeó Noelia—. No pares, por favor.

—Te voy a follar hasta corrérme dentro.

—Hazlo. Me encanta ese calor.

Le di más fuerte. Ella empujó hacia atrás para recibirme mejor, y Vera se corrió primero en su boca y en su cara al levantar Noelia la cabeza lo justo para quedar encima de ella. Ver aquella mezcla de jadeos, saliva, coño y miradas perdidas me terminó de desarmar.

Seguí unos segundos más, ya sin control, hasta que me corrí dentro de Noelia con la polla enterrada hasta el fondo. Noté cómo su coño se contraía otra vez alrededor de mí mientras ella tenía un último orgasmo corto, apretado, casi doloroso de lo intenso.

Después caímos los tres deshechos sobre la cama, sudados, pegajosos y con la respiración todavía disparada. Vera se dejó caer a un lado, Noelia boca abajo al otro, y yo quedé en medio acariciando la cadera de una y el culo de la otra.

—Al final la única que no ha pillado polla he sido yo —protestó Vera, aunque sonriendo.

Noelia se rió, todavía sin levantar la cara de la almohada.

—Perdona, cielo. Lo he acaparado demasiado. Pero ahora entiéndeme, llevaba días con ganas.

—Te lo presto unas vacaciones y ya —contestó Vera—. Luego vuelve a ser todo mío.

—Me siento utilizado —dije.

—No digas tonterías —me soltó Vera dándome una palmada en el muslo—. Te encanta que te usemos.

Noelia fue la primera en reaccionar al mirar la hora.

—Mierda. Dentro de nada llegan los demás.

Se levantó, me dio un beso y luego otro a Vera antes de irse a la ducha. Vera también acabó levantándose, pero antes de entrar al baño se volvió hacia mí.

—Ni se te ocurra empezar otra vez ahí dentro. No da tiempo.

Entré solo para enjuagarme y ahorrar tiempo. Aun así, al verme, Vera se agachó y me dio un lametón rápido en la punta, solo para joderme otra vez.

—Eres una cabrona —le dije.

—Y tú sigues duro. No aprendiste nada.

Cuando bajamos ya estaban llegando los demás: otra pareja amiga y sus hijos, cargados con maletas, ruido y chistes. La casa se llenó enseguida de voces, pasos, saludos y bromas. Yo intenté mantener cara de normalidad mientras aún tenía fresco el olor del coño de Noelia en la boca y su corrida pegada a la piel.

La tarde siguió entre piscina, cerveza y comentarios que fueron subiendo de tono. Las cuatro mujeres acabaron haciendo topless entre risas y provocando un pequeño drama celoso de uno de los maridos, que se resolvió entre chanzas y copas. Yo me dediqué a mirar de reojo, a recordar lo que había pasado unas horas antes y a sentir de vez en cuando la mano de Vera o la pierna de Noelia rozándome bajo el agua como una promesa de que aquello no había terminado.

***

Esa noche, cuando por fin acostamos a los niños y subimos a nuestra habitación, Vera salió de la ducha desnuda y se tumbó boca abajo en la cama. La miré un rato antes de acercarme. Después de la tarde entera rodeado de gente, volver a tenerla así para mí me hizo sentir una urgencia distinta, más íntima.

—Creo que te he tenido un poco abandonada —le dije, subiéndoseme otra vez la sangre a la polla.

Ella levantó el culo y se frotó contra mí.

—La verdad es que sí. Hoy has estado muy entretenido con Noelia.

—Tú tampoco parecías sufrir demasiado.

—No es lo mismo. Ahora te quiero solo para mí.

Me tumbé encima, le besé el cuello y deslicé la mano entre sus piernas. Estaba húmeda otra vez. Le metí un dedo y luego se lo saqué para llevarlo a su boca. Vera lo chupó despacio, mirándome, igual que si fuera una polla. Solo con eso ya me dejó durísimo.

Se puso a cuatro patas y me agarró la polla por debajo para guiarla hasta su coño.

—Venga. Métela de una vez. No aguanto más.

Empujé y entré de golpe. Vera soltó un gemido que se ahogó en la almohada. Le agarré las caderas y empecé a follármela con hambre, sin juegos ni espera esta vez, golpeando su coño con un ritmo que nos arrancó jadeos a los dos. Ella echó una mano atrás para abrirse una nalga y facilitarme el ángulo, y yo aproveché para hundirme más.

—Joder, así... sí... —repetía, moviéndose conmigo.

Le agarré una teta desde atrás, le pellizqué el pezón y seguí embistiéndola hasta que me pidió darse la vuelta. Se giró boca arriba, abrió bien las piernas y volvió a recibirme. Desde arriba veía sus pechos rebotar con cada golpe y su cara deshecha de gusto. Me rodeó la cintura con las piernas, clavó los talones en mi espalda y marcó el ritmo como si quisiera exprimirme.

Duramos poco. Ella se corrió primero, apretándome con el coño y mordiéndose el labio para no gemir más alto. Yo la seguí casi al momento, corriéndome dentro mientras la besaba para tragarnos el ruido.

Nos estábamos recuperando cuando la puerta se abrió muy despacio. La silueta de Noelia apareció en el umbral y cerró otra vez con sumo cuidado.

—¿Ya acabasteis? —susurró con una media sonrisa—. Desde mi cuarto se oye bastante.

Vera se rio sin vergüenza.

—Pues podías haber entrado antes.

—No he venido a eso. He venido por otra cosa.

Noelia se sentó al borde de la cama con el interfono en la mano. Nos explicó que se lo había dejado en otra habitación y, al recuperarlo, había escuchado una conversación inesperada entre la otra pareja alojada al lado. No hizo falta que detallara demasiado. En el aparato ya se oían susurros, el colchón crujiendo y frases sueltas cargadas de morbo.

Nos acercamos los tres, desnudos sobre la cama, escuchando en silencio. La respiración del otro lado era inconfundible. Entre gemidos y confesiones a media voz, quedó claro que sabían algo de lo nuestro y que la idea de habernos imaginado juntos les estaba poniendo a cien.

Vera me miró con una chispa nueva en los ojos. Noelia también.

—Parece que no somos los únicos con fantasías en esta casa —murmuró Noelia.

Yo sonreí, todavía con el cuerpo caliente, mientras las dos se pegaban a mí otra vez.

La noche, entendí en ese instante, todavía estaba muy lejos de terminar.

Si este relato te dejó con ganas y estás en zona sur, conocé acompañantes en Lomas de Zamora.

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Comentarios(5)

NightViber

Tremendo relato!! de los mejores que lei en mucho tiempo, gracias por compartirlo

claudia_pba

Por favor una segunda parte!!! quede con ganas de mas jajaja

Rober_cba

El ambiente rural le da un toque muy especial, se siente todo tan real. Me recordo a unas vacaciones de hace años, esas horas muertas de siesta tienen su magia

MarceloR

excelente!!

FernandoR_34

Muy bien escrito, se nota el cuidado puesto en cada detalle. De lo mejorcito del sitio sin duda, esperando el proximo

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