Le confesé a mi novia mi fantasía con otro hombre
Esa noche, con la luz baja y su cuerpo pegado al mío, me animé a contarle la fantasía que llevaba meses guardando. Lo que vino después no estaba en mi cabeza.
Esa noche, con la luz baja y su cuerpo pegado al mío, me animé a contarle la fantasía que llevaba meses guardando. Lo que vino después no estaba en mi cabeza.
El mensaje llegó la noche anterior: «Mañana serás mi profesora. Trae uniforme». Me quedé con el teléfono en la mano, sin poder dormir.
Entré con ella pensando en comprar lubricante. Salí sabiendo que Laura era capaz de cosas que ni en mis fantasías más intensas había imaginado.
Tres días después, volvió al club antes de tiempo. Ella llegó última, cerró la puerta, y el clic de ese pestillo fue la única señal que necesitaron.
Sabía que habría consecuencias por llegar tarde. Lo que no sabía era que Marcos había planeado algo mucho peor que un castigo.
Nadie respondió cuando llamé a la puerta. Entré, recorrí el pasillo y al llegar a la cochera me quedé paralizado ante lo que vi.
Cuando vi al desconocido pegado a la espalda de mi mujer, supe que nunca iba a olvidar esa imagen. Lo que no sabía es que aún faltaba lo peor.
Caminaba sin rumbo cuando alzó la cabeza desde un segundo piso y me sostuvo la mirada como si supiera, antes que yo, que terminaríamos enredados en sus sábanas.
Cuatro hombres pagaron por usarme en un almacen. Mi hija controlaba la puerta. Esa noche deje de ser quien era.
Cuando lo escuché abrir la puerta, llevaba tres meses imaginándome ese momento. Lo que no imaginé fue cómo me iba a desarmar con su barba rozándome la piel.