Lo que mi novia preparó al caer el sol en la cala
Cuando el sol empezó a hundirse, ella me pidió que me apartara y mirase. Y entonces se quitó la parte de arriba del biquini frente a sus dos amigas.
Cuando el sol empezó a hundirse, ella me pidió que me apartara y mirase. Y entonces se quitó la parte de arriba del biquini frente a sus dos amigas.
Le había prometido un regalo de aniversario distinto. Lo que ella no imaginaba era que mi sorpresa la esperaba al otro lado de un agujero en la pared.
Llevaba semanas pensando en la petición de mi marido. Cuando ellos cruzaron la puerta del cuarto esa noche, supe que ya no había vuelta atrás.
Le di permiso para salir con los dos la misma tarde. Cuando volvió al estacionamiento, todavía traía las marcas de uno y a las siete y media tenía cita con el otro.
Se quedó dormida desnuda sobre la toalla y yo, sentado a su lado, descubrí que seis chicos jóvenes no le quitaban la vista de encima desde las rocas.
Marina ya estaba empapada cuando exigió la segunda parte: los dos a la vez, sin barreras, con la película de acción todavía sonando de fondo.
Lunes por la mañana. La maleta de Adrián desapareció por la puerta y, antes de que el café terminara de hacerse, ya sabíamos que esa semana iba a ser distinta.
Subí al hotel con un conjunto de encaje rojo bajo el vestido que él aún no había visto. Llevábamos siete meses esperando ese momento.
Crucé el umbral del palacio con la máscara dorada y el corazón galopando. Aquella noche, varias manos enmascaradas me esperaban mientras él miraba desde las sombras.
Cuando volví del baño, mis dos hermanos la tenían acorralada en el centro del salón, y en su mirada no había sorpresa: había una sonrisa que llevaba meses esperando ese momento.
Llevaba años fingiendo que no miraba los pechos de mi hermana. Aquella tarde, los tres metidos en la bañera, dejé de fingir.
Cuando Marcos cerró la puerta del apartamento y preguntó si iban a dormir con su «nueva pareja», el silencio de los cuatro lo dijo todo.
Apareció en la puerta sin avisar, con cara de pelea y una botella bajo el brazo. A las tres de la madrugada nada de lo que sabía sobre él era cierto.
Cuando subimos a su hermano a la cama, ya no se movía. Camila empezó a quitarle los zapatos, después el cinturón, después algo más.
Cuando Lucía salió del agua y los miró desde la orilla, ellos dos supieron que aquella tarde no iba a terminar en sus tumbonas.
Cuando Diego me quitó la blazer frente a Malik, sus ojos oscuros fueron directos a mi escote. Supe al instante que esa noche no iba a decepcionar.
Mientras se ahogaba entre whiskies, me confesó su fantasía más oscura. No supo lo que pedía hasta que llegué a casa con la prueba grabada.
Llevaba medias de red y una faldita negra. Me quedé a dos metros haciéndome el desconocido mientras él la devoraba con los ojos desde el suelo.
Marcos la controlaba desde su mesa, un dedo sobre la app y los ojos fijos en ella. Cada vez que pulsaba el botón, Clara tenía que morderse el labio para no gemir.
Marcos casi se atragantó cuando le conté lo que había hecho. Lo que vino después superó cualquier fantasía que hubiéramos imaginado en seis años juntos.