Mi vecina me pidió que iniciara a su hija
Cuando Sofía cruzó la puerta de mi departamento, no sabía exactamente qué le esperaba. Su madre lo había planeado todo con semanas de anticipación.
Cuando Sofía cruzó la puerta de mi departamento, no sabía exactamente qué le esperaba. Su madre lo había planeado todo con semanas de anticipación.
Elena apoyó la cabeza en el borde del jacuzzi y sus pechos emergieron entre las burbujas. El tipo de la autocaravana de al lado llevaba rato sin disimular.
Estábamos desnudas cuando el timbre sonó. Camila salió a abrir y yo me vestí a toda prisa. Lo que vino después lo cambió todo entre nosotras.
Las chicas del equipo se habían ido a conocer la ciudad. Yo estaba sola en la habitación cuando llamaron a la puerta. Era él, con esa sonrisa que me ponía nerviosa desde el primer miércoles.
Me mandaron a dirección y encontré a la coordinadora en plena masturbación. Ahí supe que tenía poder. Y también que iba a disfrutarlo mucho.
Quedamos solos en el gimnasio, él me dijo algo sobre mi cuerpo y todo cambió. Esa tarde en el vestuario fue exactamente lo que siempre quise que pasara.
Reconocí el apellido en cuanto lo dijo. Dos años atrás había estado con su tía, y ahora ella me miraba con esos mismos ojos oscuros y esa boca pequeña.
Éramos cuatro travestis en nochevieja, sin familia, sin pareja. Nadie esperaba que la noche terminara así. Sofía menos que nadie.
Tenía veintitrés años y llevaba tiempo buscando a alguien como Elena. Cuando vi su anuncio, no imaginé que esa noche en el hotel cambiaría lo que entendía por experiencia.
Esa mañana la ducha duró casi una hora. Empezó con espuma y terminó con algo que nunca antes me había atrevido a descubrir del todo.
Mi hijo organizó la velada sin decirme sus planes. Lo entendí cuando se llevó a su invitada al dormitorio y me dejó a solas con su amigo en el sofá.
Nunca había pensado en eso hasta que mis nuevas amigas lo mencionaron. Aquella noche, sola en mi cuarto, la curiosidad fue más fuerte que el miedo.
Daniela tenía veinte años, vivía en el cuarto piso, y nunca había estado con una mujer. Ese día cambió todo eso de golpe.
Llevaba diez minutos encerrada cuando empujé el pestillo y dejé que la puerta se abriera. Los sonidos me rodeaban. Ya no me importaba quién pudiera verme.
Cuando el peso de su cuerpo hundió el colchón a mi espalda, supe que no era mi novio. Y supe también que no iba a hacer nada para detenerlo.
No supe en qué clase de barrio me había metido hasta que Valeria se detuvo frente al hostal. Entonces entendí todo, y de todas formas entré.
Cuando la lona se abrió en mitad de la noche, supimos que lo que había empezado entre nosotras iba a convertirse en algo mucho más.
Solo en casa por primera vez en meses, encendí la pantalla con la vaga intención de matar el tiempo. Nadie imaginaba lo que estaba a punto de descubrir sobre mí mismo.
Llevaba meses en el mundo swinger como soltero, hasta que me citaron en un departamento y reconocí a la abuela de mi mejor amigo sirviéndome whisky.
Me llamó después de semanas de silencio para preguntarme si estaba solo. Media hora después estaba en mi puerta con un vestido floreado y algo que darme.