Lo distraje en plena partida sin que nadie lo notara
Acostada y sola en la cama, repaso aquella tarde en que me arrodillé detrás de su silla mientras él jugaba con el micrófono abierto y sus amigos.
Acostada y sola en la cama, repaso aquella tarde en que me arrodillé detrás de su silla mientras él jugaba con el micrófono abierto y sus amigos.
Estábamos en su cuarto con vino cuando soltó la carcajada. «Nunca te conté todo lo de Búzios.» Supe que lo que venía iba a sacudirme.
Cuando entró a la habitación pensaba que iba a ser otra noche más. No había visto la mochila que dejé sobre la silla, ni la cuerda asomando del cierre.
Cuando entré aquella tarde a la sala vacía del club, ya sabía que no íbamos a hablar de libros. Lo que no sabía era cuánto tiempo llevaba esperando esto, ni cuánto me iba a perder.
Tenía el cursor parpadeando y él asomado a la puerta con esa pregunta que nunca sé cómo negarme. Esa tarde no fue un rapidito.
Los dos llevaban anillo de casados y veinte años haciendo lo mismo en los viajes de trabajo. Todo cambió el día que pararon en esa playa.
El piso lo compartían bien. Pero cuando Camila propuso compartir también a su novio, ninguna calculó hacia dónde las llevaría el experimento.
Cuando lo vi cantarle directamente a ella desde el escenario, supe que esa noche iba a terminar de una forma que ninguno habíamos planeado.
Cuando la destinaron a mi camarote, pensé que sería incómodo. No imaginé que acabaría contando las horas para que volviera a la litera de al lado.
Cuando abrí la puerta y la vi con esa sonrisa, supe que iba a ser una noche distinta. Valeria nunca perdía el humor, sin importar lo que le pidiera.
Tenías el micrófono abierto y tus amigos al otro lado. Yo me arrodillé igual. No podías hacer nada más que aguantar en silencio.
Me quedé parada frente a la puerta sin abrirla. Entonces oí sus pasos. Lo que pasó después duró más de lo que habría imaginado.
Cuando Marco le dijo que tenía una sorpresa, Carmela eligió su vestido verde. No esperaba encontrarse con los ojos oscuros de Diego clavados en ella.
Cuando entré al salón, ella estaba sentada en el sofá con esa sonrisa que ya no engañaba a nadie. Y arriba, en la escalera, alguien escuchaba en silencio.
Cuando sus ojos se clavaron en los míos y señaló el suelo, entendí que esa noche el ritual sería distinto. Más intenso. Más íntimo.
La primera vez que vi a Valeria con otro hombre, estaba al otro lado de un cristal. Debería haber sentido rabia. Solo sentí que no podía apartar los ojos.
Le mandé un mensaje a la actriz más famosa del mundo después del partido. No esperaba respuesta. La tuve, y cambió todo lo que creía saber de mí.
Cuando llegó su mensaje al celular, llevaba horas ardiendo de deseo. Me puse la lencería, los tacones y esperé. Esa noche no iba a dormir sola.
Cuando llegué al apartamento solo esperaba fotos. No sabía que en ese cuarto me esperaban dos hermanos con una propuesta muy diferente.
Bajé a ayudarlo vestida con lo que tenía puesto. No había calculado lo que pasaría cuando me senté a su lado en ese cuarto.