El momento que ella llevaba meses prometiéndome
Cuando me preguntó con voz suave si quería hacerlo esa noche, supe que todo lo que habíamos construido juntas llegaba a ese momento.
Cuando me preguntó con voz suave si quería hacerlo esa noche, supe que todo lo que habíamos construido juntas llegaba a ese momento.
Llegamos con condones, lubricante y ganas de todo. La orgía prometida nunca ocurrió, pero lo que Marcos me hizo delante de los desconocidos fue mejor.
El 23 de diciembre, mientras ella cocinaba de espaldas, me cambié en silencio. Cuando dije «oh, oh, oh», se quedó inmóvil. El resto de la noche fue nuestro.
Cuando saqué su teléfono y vi mi propia imagen en la pantalla, entendí que no tenía escapatoria. O eso me dije a mí misma.
Quería tenerla desnuda bajo el sol, lejos de todo. Pero un pescador apareció entre las rocas y ninguno de los dos hizo nada por detenerlo.
Era sábado, iba al despacho, y entonces entró ella. Vestida para matar, con una sonrisa que lo sabía todo. No me podía quedar sin intentarlo.
Valen apoyó la mano en mi muslo en mitad de la autopista. Llevábamos cuarenta minutos y ya sabíamos las dos cómo iba a terminar el día.
Ella le estaba contando su ruptura cuando la pareja de abajo empezó a besarse. Miraron sin querer. Después ya no pudieron dejar de mirar.
Laura llevaba la rabia en la piel y yo sabía exactamente cómo ayudarla a soltarla. Esa noche en el departamento no fue como las otras.
La primera vez que lo vi con ella, quise matarlo. La segunda vez que entró por mi puerta sin tocar, entendí que las reglas habían cambiado para siempre.
Camila llegó con un vestido de lino blanco y una sonrisa que yo conocía de memoria. Pero esa tarde había algo distinto en sus ojos, y los dos lo sabíamos.
Nunca arreglé la puerta del baño. Y ella nunca me pidió que lo hiciera. Ambos sabíamos lo que eso significaba, aunque ninguno lo dijera en voz alta.
Llevaba meses fantaseando con verla con otro hombre. Cuando le propuse a Valeria el viaje, los tres sabíamos que algo iba a cambiar para siempre.
Cuando lo vi mirarla así, en lugar de celos sentí algo que no esperaba. Ese primer día en el resort ya no éramos la misma pareja que había llegado por la mañana.
Cuando Claudia propuso el juego, nadie imaginaba que una hora después todos estaríamos cruzando líneas que no sabíamos que queríamos cruzar.
Pusimos la tele en silencio para escucharlos mejor. No sabíamos que ellos también nos oían desde el otro lado del techo.
Cuando Marcos me dijo que quería compartirme con otro hombre, no lo rechacé. Sentía curiosidad, nervios y algo que nunca había sentido: verdaderas ganas.
Andrés creyó que podía controlarlo todo: los pactos, los encuentros, los celos. Hasta que su mujer hizo las maletas. Esta es su confesión final.
Cuando mi amigo la tomó de la cintura para guiarla a la cocina, algo se encendió en mí. No era celos. Era otra cosa, más oscura, que decidí no apagar.
Hay noches en que el cuerpo no acepta un no. El apartamento vacío, el cajón entreabierto y yo con horas por delante para hacer lo que quisiera.