Lo que hago en el baño cuando el turno me aplasta
El uniforme sudado, los pies destrozados y el encargado rondando. Pero yo guardaba un secreto: un cubículo al fondo y un deseo urgente.
Relatos que exploran los deseos mas profundos
El uniforme sudado, los pies destrozados y el encargado rondando. Pero yo guardaba un secreto: un cubículo al fondo y un deseo urgente.
Medio borracha junto al arroyo, busqué las toallitas en mi bolsillo y saqué algo que no debería estar ahí. Las malas decisiones siempre se recuerdan mejor.
Esa noche, sola en mi cama, recordé su piel desnuda y el calor de sus pechos hinchados, y supe que algo dentro de mí ya no podría volver atrás jamás.
Cerré la heladera despacio, con una jeringa en la mano. Solo yo sabía lo que estaba a punto de hacer en esa cocina.
Ella se vestía para mí los viernes: nada debajo del vestido, dedos entre las piernas camino al cine, y el capó del carro como cama en la oscuridad.
Llevábamos años fantaseando. Cuando llegó el sobre lacrado con la palabra «Quimera», supe que esa noche iba a romperse algo entre nosotros, para siempre.
Cuando la casa quedó vacía por fin, saqué el body rojo, el tequila y el espejo grande. Sabía exactamente cómo iba a pasar esas horas.
Cuando le confesé mi fantasía a las tres de la mañana, pensé que era solo charla de cama. Dos semanas más tarde, me estacionó frente a un motel sin avisar y todo cambió.
Me pregunto si algo falla en mí. Estoy dentro de ella y mi mente ya se fue: otro hombre, haciéndola gemir de una forma que yo nunca he logrado.
Cuando las luces del escenario la iluminaron, dejé de verla como mi amiga. Solo veía a la mujer que llevaba años deseando sin atreverme a decírselo.
Primero escuchamos sus gemidos desde el piso de arriba. Después ellos escucharon los nuestros. Ninguno de los cuatro se detuvo.
Me arrodillé entre los arbustos, con las medias rotas y las rodillas en la tierra. Me pidió que ladrara. Y lo hice. Lo que eso me dijo de mí misma fue lo más revelador de la noche.
Mis padres no estaban. La tarde era larga y el deseo, insoportable. Cuando el nombre 'Valeria_sola' apareció en la lista, algo me dijo que esa tarde sería diferente.
Le dije que sí con el corazón acelerado. Marcos repitió la palabra de seguridad tres veces antes de empezar, y supe que estaba en manos correctas.
Hay mañanas en que el cuerpo me gana antes que la mente. Las sábanas húmedas, las caderas moviéndose solas, y entonces te invento a ti: un desconocido que me rompe entera.
Cada mañana me despierto con el mismo fuego. No es amor, no exactamente. Es algo más urgente, y ningún alivio dura lo suficiente para apagarlo del todo.
Cuando el guía enmascarado me separó de Mateo en aquella hacienda colonial, supe que la fantasía que habíamos susurrado en la oscuridad estaba a punto de volverse carne.
Entré al juego para hacer amigos. Me quedé porque ahí había hombres que querían lo mismo que yo: algo real, sin nombre y sin futuro.
Sobre la almohada encontré un sobre con una dirección, una hora y una frase que me hizo temblar. No sabía que él lo había organizado todo.
Abrí la carta en mi despacho, sola, y supe que algo iba a cambiar antes de terminar de leer. Lo que no esperaba era que el cambio viniera de mi marido.