Grabé el trío lésbico de mi mejor amiga
Jamás pensé que estar detrás de la cámara viendo a mi mejor amiga con otras dos mujeres iba a ser tan difícil de olvidar.
Historias de pasion y deseo entre mujeres
Jamás pensé que estar detrás de la cámara viendo a mi mejor amiga con otras dos mujeres iba a ser tan difícil de olvidar.
Daniela fue la primera en cruzar esa línea. Después de ella, cada amiga de mis hijas que llegaba a casa traía algo más que una simple amistad.
La cámara del salón se encendió justo cuando ella cruzó las piernas en el sofá. Yo solo tenía que mirar y esperar mi turno.
Aceptó compartir a su novio con su mejor amiga. Lo que ninguna esperaba era que el placer real estuviera entre ellas dos, sin él en la habitación.
La encontré llorando junto a la ventana de su habitación. Yo sabía que él esperaba detrás de la puerta, conteniendo la respiración, y solo tenía que abrirla.
Aquella tarde en la mansión, mis padres me dieron a elegir entre mis privilegios y una fantasía que jamás imaginé pagar con mi propio cuerpo.
Cuando entré al salón, él ya tenía la orden lista: yo debía seducir a Daniela antes de que él la abordara. La pantalla del cuarto de invitados estaría encendida.
Las flores de Nora llegaban cada lunes a la oficina de Carla. Yo me decía que era admiración. La noche en que la invitamos a cenar, dejé de mentirme.
El sofá del salón ya había visto demasiadas cosas, pero ninguna como la sonrisa lenta con la que mi cuñada me esperó esa tarde mientras mi suegro fingía no enterarse.
Tomé su mano sin saber que esa tarde dejaría de ser la mujer que llegó al hotel. Su voz quebrada me prometía un secreto y me arrastraba con él.
Pulsé el monitor sin saber qué habitación se abriría esa tarde, y en la pantalla apareció Marisol entrando al salón con su traje de motera negro.
Cuando se sentó sobre mis rodillas y arrimó su boca a la mía, supe que la conversación de aquella tarde no iba a ser la que mi suegro había imaginado.
Bajé las escaleras descalza y los encontré en el sofá. Mi hermana de rodillas, mi cuñado con los ojos cerrados. Y yo, sin pensarlo, di un paso adelante.
Tres semanas después de descubrir los monitores ocultos del despacho de mi suegro, la pantalla parpadeó y se encendió sola, justo cuando él ya estaba detrás de su hija.
Cuando me preguntó con voz suave si quería hacerlo esa noche, supe que todo lo que habíamos construido juntas llegaba a ese momento.
El 23 de diciembre, mientras ella cocinaba de espaldas, me cambié en silencio. Cuando dije «oh, oh, oh», se quedó inmóvil. El resto de la noche fue nuestro.
Esa noche en la finca descubrí que nadie era quien aparentaba ser. Y que yo tampoco era la excepción.
Valen apoyó la mano en mi muslo en mitad de la autopista. Llevábamos cuarenta minutos y ya sabíamos las dos cómo iba a terminar el día.
Abrí la puerta y algo en su sonrisa me dijo que esa tarde no iba a ser una simple charla entre la novia de mi hijo y su futura suegra.
Llevaba días triste desde que su novio la dejó. Me senté a su lado en el sofá sin ninguna intención clara. Pero ella apoyó la cabeza en mi hombro y todo cambió.