Compartí a mi novio con mi compañera y descubrí algo más
Aquella madrugada, cuando él se durmió, una cruzó el pasillo descalza y se metió en la cama de la otra. No iba por hablar, ni por curiosidad.
Historias de pasion y deseo entre mujeres
Aquella madrugada, cuando él se durmió, una cruzó el pasillo descalza y se metió en la cama de la otra. No iba por hablar, ni por curiosidad.
Habían pasado seis días desde que dejé de ser la esposa fiel. Lo que vino después, en el jacuzzi y delante de testigos, no se lo cuento ni a mi mejor amiga.
La cremallera se abrió y dos cabezas se asomaron como si llevaran rato esperando turno. No nos sorprendimos. Tampoco nos cubrimos.
No era lesbiana y faltaban seis semanas para mi boda. Pero esa noche en el hotel, Elena me enseñó todo lo que nunca había querido admitir.
Mi respiración se agitó sola cuando esa escena apareció. Valeria tenía la mano en mi muslo y lo sintió todo antes de que yo dijera una palabra.
Entró sola al bar porque no quería preguntas de sus amigas. No esperaba encontrar dentro a su profesora de instituto, ni lo que pasaría después.
Diez años de viudez y silencio. Hasta que una noche vi luz bajo su puerta y me acerqué. Lo que encontré al otro lado cambió todo entre nosotras.
Karen apareció en la habitación completamente desnuda. Esa no fue la única sorpresa de esa tarde: mi madre entró diez minutos después, y nada volvió a ser igual.
Cuando la voz del comandante las paralizó, Vera supo que nada volvería a ser igual en ese barco. Lo que no sabía era que él llevaba semanas esperando ese momento.
Bastó un clic accidental en el monitor de seguridad para descubrir que mi suegro y mis cuñadas guardaban un secreto que nadie en la familia debía conocer.
A los treinta y dos años no sabía lo que era un orgasmo. Mi amiga Renata se rio, me sirvió otra copa y me prometió que el jueves siguiente lo iba a cambiar todo.
Marina creía que solo tenía envidia del novio de su amiga. Esa noche, cuando él dormía exhausto, ella cruzó el pasillo en silencio y golpeó la puerta de Daniela con un nudo en el estómago.
La sorprendí desnuda en la cama, con dos dedos hundidos en su concha. Lo que no esperaba era que mi propia madre apareciera y se sumara al juego sin pedir permiso.
La puerta de la enfermería se abrió y supieron que estaban perdidas. Pero la conversación que siguió cambió por completo lo que la teniente y la hija del capitán esperaban.
Cuando se probó el brasier nuevo, las manos de su cuñada no buscaban acomodarlo. Buscaban averiguar cuánto podía resistir Sofía sin apartarlas.
Cuando vi cómo Daniela miraba a mi novia esa noche, supe que algo iba a pasar. Lo que no imaginé es que yo terminaría suplicando que pasara.
Llevaba diez años durmiendo sola cuando salí al pasillo a tomar agua y, al pasar por su puerta entornada, oí los gemidos contenidos de mi inquilina.
Cuando los labios de su amiga rozaron los suyos en un juego de prendas, Lucía no sabía que aquel verano iba a desordenarle la cabeza y el cuerpo entero.
En el bar del aeropuerto solo quedaba un asiento libre. Lo ocupé sin saber que esa pelirroja sentada frente a mí estaba a punto de demolerme la vida entera.
Bajé la guardia frente a mi hermana, dejé caer la ropa al suelo y me ofrecí entero. Lo que ninguno de los dos imaginaba era lo que mi mujer hacía en casa, justo en ese momento.