Lo teníamos todo planeado hasta que volvieron
El coche de Roberto desapareció tras la curva y Sofía miró a Raquel. Tenían tres horas, dos hombres esperando y un plan que parecía infalible.
Relatos con mujeres experimentadas y seductoras
El coche de Roberto desapareció tras la curva y Sofía miró a Raquel. Tenían tres horas, dos hombres esperando y un plan que parecía infalible.
Llevaba semanas fantaseando con ella, pero fue la tormenta de nieve y ese motel de parejas lo que terminó por romper las barreras entre nosotros.
Llegó a ayudarme con el televisor nuevo, con sus brazos marcados y esa mirada que evitaba la mía. Tenía veinte años y yo ya sabía lo que iba a pasar.
Le había servido café a cientos de hombres sin pestañear. Cuando él entró esa noche, supe que iba a romper todas mis reglas. Y lo hice sin remordimiento.
Eva me citó dos horas antes de coger su vuelo a Boston. Cuando llegó a casa traía un perfume nuevo y una idea muy clara de cómo despedirse.
Llevaba dos años sirviendo cafés en la parada cuando él entró sin saludar y me reconoció de otra vida. Supe enseguida que esa noche no iba a dormir tranquila.
A las dos de la madrugada me metí desnudo en la piscina creyendo estar solo. Cuando escuché sus pasos acercándose, ya no había nada que esconder.
Martín llegó con una escalera y una caja de herramientas. Doña Carmen lo vio desde la ventana sacarse la remera bajo el sol y supo que el trabajo iba a ser largo.
Karen apareció en la habitación completamente desnuda. Esa no fue la única sorpresa de esa tarde: mi madre entró diez minutos después, y nada volvió a ser igual.
Llevábamos treinta años juntos y yo siempre tuve esa fantasía. Nunca imaginé que ella terminaría desnuda frente a otro hombre diciéndome gracias con una sonrisa.
Cuando la vi en la parada del autobús, con el cabello cobrizo y esa blusa ajustada, supe que algo iba a pasar. No imaginé que esa tarde cambiaría todo.
Cuando entré a esa habitación y la vi montada sobre mi mejor amigo, supe que nada volvería a ser igual. Lo que pasó después rompió todas las reglas que conocía.
La sorprendí desnuda en la cama, con dos dedos hundidos en su concha. Lo que no esperaba era que mi propia madre apareciera y se sumara al juego sin pedir permiso.
Cuando me cerró los dedos sobre la tarjeta, me susurró que tenía veinte minutos para decidir si subía a su departamento o seguía siendo periodista.
Mis amigos me preguntan por qué desperdicio el verano en un pueblo perdido. Si supieran lo que pasa cuando cierro la puerta de la casa del viejo.
Cuando los últimos invitados se marcharon, ella sacó una botella fría y, sin avisar, empezó a quitarse el bañador dentro de la piscina.
La forma en que él la miraba en la piscina y la forma en que ella se rozó conmigo bailando bachata me hicieron entender que aquella semana cambiaría todo.
Cerró la puerta de la consulta, bajó la persiana y le miró con una sonrisa que no era profesional. Mateo no había venido al hospital por eso.
Cuando doña Hilda abrió la puerta y nos miró de arriba abajo, supe que esa noche junto al fuego nos costaría mucho más que un techo seco.
Tres goles esa tarde. Por la noche, su mensaje cambió todo. Subir a su suite o arrepentirme toda la vida de haberme portado bien.