Mi prima se presentó enojada y todo terminó distinto
Toqué el dulce con la cuchara y se la pasé en la falda. Empezó a comer mirándome y supe, en el segundo lametón, que esa tarde nadie iba a estudiar.
Toqué el dulce con la cuchara y se la pasé en la falda. Empezó a comer mirándome y supe, en el segundo lametón, que esa tarde nadie iba a estudiar.
Llevaba años sin verla. Cuando bajó del autobús ya no era la niña que recordaba, y aquella noche terminamos compartiendo mucho más que la sábana.
Yo me masturbaba pensando en ella cuando empujó la puerta sin avisar, recién duchada y sin una sola gota de ropa encima. Lo que vino después no debería contarse.
Cuando levanté la mirada en el último asiento del trolebús, los ojos que me devolvieron la sonrisa no eran los de un desconocido: eran los de mi primo Bruno.
Cuando volví a mi cuarto, ella estaba a cuatro patas sobre la cama, en la misma postura, con la sábana cubriéndole la cabeza. Mi muñeca había desaparecido.
Llegó a mi departamento con la mejilla todavía morada. Esa misma noche entró al baño envuelta en una toalla y la dejó caer al verme.
Cuando bajé al salón a por un vaso de agua, mi prima me esperaba con la falda subida hasta la cintura y una sonrisa que no admitía discusión.
La pantalla del despacho parpadeó y mostró el cuarto de masajes del chalet de mis suegros. Mi cuñada y su prima, desnudas, esperaban algo más que un masaje.
Llevábamos años escondiendo lo nuestro entre falsas parejas, hasta que la chica que era mi coartada me dijo te amo y todo se desordenó.
Mi prima me tendió la lencería de nuestra tía y sonrió. Era el precio que debía pagar si quería conseguir, por fin, lo que llevaba meses suplicándole.
Apenas le di la mano para felicitar al recién casado, su mujer me sostuvo la mirada un segundo de más. Esa noche me susurró que la buscara al volver del viaje.
Cuando abrí la puerta y vi a mi prima parada en el umbral con esa sonrisa, supe que la noche con mi novia ya no terminaría como la había planeado.
Hacía meses que nadie sabía de ella. Cuando una notificación de TikTok rompió ese silencio, no imaginé que terminaría en su casa, con la puerta entornada y esperándome.
Acordamos que serían solo una tapadera, pero esa noche en el hotel, con su vestido azul y la botella vacía, supe que la mentira se nos iba a salir de las manos.
Mi prima me celaba como si fuéramos pareja de verdad, y esa tarde, con su piel todavía húmeda contra la mía, me hizo prometer que nadie más sabría tocarla así.
Cuando se aferró a mí dentro del agua y noté su respiración cambiar, supe que el verano de nuestros dieciocho no terminaría como ningún otro.
Cogía con mi prima desde aquel verano, pero ella me pidió que cada uno consiguiera pareja para guardar las apariencias. Lo que pasó esa misma tarde nos cambió las reglas.
Tenía diecinueve años cuando su mano se coló bajo la manta. La cuenta quedó abierta cinco años, hasta el verano en que su novia se fue del puerto.
Cuando aparcamos la moto bajo los álamos y dejamos atrás la ermita, supe que aquella tarde con mi primo iba a ir mucho más allá del paseo.
Llegamos del aeropuerto a las once de la noche, con la casa para nosotros y quince días por delante. Y entonces me dijo que odiaba dormir sola.