Selene llegó con un vestido rojo y una jaula
Llevábamos doce años hablando por chat cuando accedió a vernos. Llegó al parking con vestido rojo de pvc y un bolso del que sacó la jaula más bonita que había visto nunca.
Llevábamos doce años hablando por chat cuando accedió a vernos. Llegó al parking con vestido rojo de pvc y un bolso del que sacó la jaula más bonita que había visto nunca.
Cuando abrí la puerta, lo primero que noté fueron sus labios. Lo segundo, cómo me miró antes de entrar. Ya sabía cómo iba a terminar la tarde.
Cuando el masajista dejó caer su bata al suelo, comprendí que el regalo de aniversario de mi marido escondía mucho más que un circuito termal y un masaje a cuatro manos.
Llevábamos años fantaseando. Cuando llegó el sobre lacrado con la palabra «Quimera», supe que esa noche iba a romperse algo entre nosotros, para siempre.
Apoyé el celular sobre la cómoda con la videollamada activa. Mi amante miraba en silencio mientras un desconocido me besaba el cuello. No quería perderse nada.
Pedí el taxi al salir de la última reunión. El conductor me miró por el espejo con esos ojos oscuros y supe que la noche aún no había terminado.
Cuando le confesé mi fantasía a las tres de la mañana, pensé que era solo charla de cama. Dos semanas más tarde, me estacionó frente a un motel sin avisar y todo cambió.
Me pregunto si algo falla en mí. Estoy dentro de ella y mi mente ya se fue: otro hombre, haciéndola gemir de una forma que yo nunca he logrado.
Era la primera vez en años que decidí ir a por lo que quería sin pensar demasiado. Supe que iba a follármelo antes de que se girara hacia mí.
Me arrodillé entre los arbustos, con las medias rotas y las rodillas en la tierra. Me pidió que ladrara. Y lo hice. Lo que eso me dijo de mí misma fue lo más revelador de la noche.
Cuando Nicolás giró la cabeza y los vio, su cara lo dijo todo. Raquel dejó que la mirara un segundo más antes de levantarse y caminar hacia él.
Mis padres no estaban. La tarde era larga y el deseo, insoportable. Cuando el nombre 'Valeria_sola' apareció en la lista, algo me dijo que esa tarde sería diferente.
Era la primera vez que iba a la base de transporte a buscarlo. Lo que no sabía es que Rodrigo ya me estaba esperando con una sonrisa que no era inocente.
Hay mañanas en que el cuerpo me gana antes que la mente. Las sábanas húmedas, las caderas moviéndose solas, y entonces te invento a ti: un desconocido que me rompe entera.
Llevaba treinta años planchando camisas y fingiendo orgasmos. Hasta que un camarero joven en Alicante me devolvió el cuerpo que yo misma había olvidado.
Cuando el guía enmascarado me separó de Mateo en aquella hacienda colonial, supe que la fantasía que habíamos susurrado en la oscuridad estaba a punto de volverse carne.
Era famosa, perfecta y cincuentona. Yo era el delantero del momento. Esa noche subí a su suite y entendí lo que es jugar fuera de tu liga.
Cuando salí del probador con esa minifalda diminuta, mi marido ya le había explicado las reglas al encargado. Solo me quedaba salir y dejarme mirar.
Sabía que no era sensato. Rodeé el puente de todos modos, bajé por el paredón y lo encontré durmiendo exactamente donde lo había dejado.
El desconocido del vagón metió la mano bajo su falda sin preguntar. Valeria no se apartó. Solo podía pensar en que ojalá fuera su hijo Marcos el que la tocara así.