La fantasía del trío que ella guardó para él
Cuando le dijo que quería que trajera a un amigo, él pensó que bromeaba. Pero ella ya tenía todo planeado: las sábanas, las velas y el vestido más ceñido de su armario.
Cuando le dijo que quería que trajera a un amigo, él pensó que bromeaba. Pero ella ya tenía todo planeado: las sábanas, las velas y el vestido más ceñido de su armario.
La veía cada semana detrás de la barra, con sus gafas y su silencio. Cuanto más la miraba, más seguro estaba de que escondía algo que nadie más imaginaría.
Esa noche Valeria tomó mi cabeza entre sus manos y la empujó exactamente hacia donde yo llevaba meses sin atreverme a mirar.
Llegué al hotel convencida de que sería solo fotos. Cuando la puerta se abrió y apareció su hermano mayor, supe que esa noche no habría vuelta atrás.
Me la encontré en la cocina de una fiesta y me dijo al oído que llevaba la noche entera mirándome. Esa noche cambió todo.
Nadia y Sofía volvían del evento más grande del año cuando la oscuridad las reclamó. Al despertar, solo existían las cadenas y la voluntad de otro.
Llevaba meses guardando ese secreto. Pero cuando los pasos en la escalera rompieron el silencio, supe que todo había cambiado.
Llevábamos veinte años hablando por Discord. Cuando por fin quedamos, ella llegó con un vestido de látex y algo en el bolso que cambió todo.
Me puse las zapatillas ya usadas y las medias gruesas, lista para un día entero de turismo. Él no sabía que cada paso era un regalo preparado para él.
Sebastián traía visitas para que yo jugara. El juego siempre fue mío. Hasta que Diego cruzó la puerta con esa calma que no promete nada bueno.
A las siete de la mañana yo llegué a entrenar. Ella cerró el vestuario con pestillo, se giró y me dijo: «Hoy la clase no está en el menú normal».
Cuando Vera me miró esa noche, supe que algo en mí estaba a punto de romperse. No de miedo, sino de un deseo que nunca había querido reconocer.
Entró con un grupo, intentó llevarse un set de lencería negra y acabó devolviendo mucho más de lo que robó. Sus ojos azules me lo dijeron todo desde el primer segundo.
Cuatro semanas de pruebas de sumisión y ahora la final: resistir más que la otra pareja. Sofía no pensaba pronunciar la palabra de seguridad, cueste lo que cueste.
Cerré el portátil y todavía sentía sus manos imaginarias en mi piel, la voz grave dando órdenes que yo obedecía sin dudar. Una fantasía tan real que me dejó temblando.
Marco llevaba un año besando sus pies en silencio. La noche que salió para capturar a una rival, volvió como el único amo de la mansión.
Había algo en sus ojos cuando se dio la vuelta que debería haberme preocupado. No era la rabia de una vecina molesta. Era una promesa.
Lo habían planeado durante semanas. La sala oscura, las cuerdas, y Vera esperándolas con esa sonrisa que no prometía nada bueno ni nada fácil.
Tenía los dedos húmedos de ella cuando el coche arrancó. Me dejó en la puerta de mi propia casa con una erección y el corazón roto.
Cuando Dimitri me llamó para que mirara cómo mi madre le servía de rodillas, algo en mí se rompió para siempre. O quizás nació.