La apuesta más alta de la noche era mi esposa
Valentina apareció con el vestido rojo y sonrió al ver las mesas de blackjack. Esa noche era la apuesta más alta del casino privado de su marido.
Relatos de encuentros grupales y placeres compartidos
Valentina apareció con el vestido rojo y sonrió al ver las mesas de blackjack. Esa noche era la apuesta más alta del casino privado de su marido.
Siete noches navegando Europa central con seis desconocidos. Nadie habló de límites desde el principio, y eso lo cambió todo.
Cuando Andrés llegó a casa esa noche y vio luz bajo la puerta de Nadia, no esperaba encontrar lo que encontró. Ni imaginó que lo invitarían a quedarse.
Esa noche Valeria tomó mi cabeza entre sus manos y la empujó exactamente hacia donde yo llevaba meses sin atreverme a mirar.
Llegué al hotel convencida de que sería solo fotos. Cuando la puerta se abrió y apareció su hermano mayor, supe que esa noche no habría vuelta atrás.
Cuando le dijo que quería que trajera a un amigo, él pensó que bromeaba. Pero ella ya tenía todo planeado: las sábanas, las velas y el vestido más ceñido de su armario.
Cuando Iván se bajó los pantalones frente a todos, supe que iba a pasar algo que no podríamos olvidar. Éramos cinco en el salón y la película ya no importaba.
Cuando Lucía me susurró su fantasía de cumpleaños, supe que no habría vuelta atrás: quería ser subastada entre nuestros amigos más cercanos una noche entera.
Soltó la carcajada, bajó la voz y me miró con esa sonrisa de puta satisfecha que ya le conocía. Supe que me iba a contar todo lo que había callado.
Viajé sola buscando templos y acabé en una terraza sobre el río, rodeada de manos que no eran las mías y bocas que sabían exactamente dónde encontrarme.
La primera noche en el piso nuevo oí a la vecina del otro lado del tabique. Tuve que levantarme al baño a acabar mientras Laura dormía.
Llevábamos veinte años siendo amigos y esa tarde, apoyados en la barra del chiringuito, confesamos en voz alta algo que ninguno creía que llegaría a decir nunca.
Cuando Diego puso la mano en su espalda y la presentó como su mujer, Lucía sintió que aquella palabra abría una puerta que ninguno de los cuatro iba a cerrar esa noche.
La cremallera de la tienda se abrió y aparecieron dos cabezas. Vieron a dos chicas desnudas y apenas pestañearon. Era esa clase de festival.
Einar les explicó que en aquella casa mantenían viva una vieja tradición de hospitalidad. Valentina miró a Rodrigo y los dos supieron lo que querían.
Llegué al hotel temblando, convencida de que solo serían fotos. Cuando entró el segundo hermano, supe que esa noche no iba a terminar como había planeado.
Cuando le dieron al play al DVD equivocado no imaginé que acabaría cabalgando a mi novio con sus tres compañeros de piso a menos de un metro, pajeándose.
Cuando subí al barco en Luxor pensé que iba a descansar. Tres noches después estaba desnuda en una terraza sobre el Nilo, sin saber qué cuerpo me tocaba.
Mientras ellas seguían en el agua, él me propuso lo que yo llevaba un año imaginando. Bajé la cerveza sobre la barra y dije que sí antes de arrepentirme.
Hacía meses que no salía. Me puse el vestido negro, fui al evento sola y no imaginé que esa noche iba a terminar entre dos hombres.