Lo que me hizo esa trans detrás del parque
La vi aparecer al fondo de la calle y ya supe que esa noche no sería como las otras. Ella no había venido a charlar.
La vi aparecer al fondo de la calle y ya supe que esa noche no sería como las otras. Ella no había venido a charlar.
Pedí agua con gas y él entendió todo. Quería cada caricia, cada mirada ajena, estar completamente lúcida para no perderme ni un instante.
Marcos era voyeur y llevaba años queriendo verla con otro hombre. La tarde que lo intentaron por primera vez, dos desconocidos en un restaurante cambiaron todo.
Caminé sola por calles oscuras, con la rabia de quien acaba de ver a su novio con otra. No buscaba nada. Y aun así, algo encontré.
Volvió del trote al atardecer y la encontró en las dunas. No estaba sola. Nunca lo había estado.
Nunca pagué por sexo, o eso creía. Esa noche en el solar abandonado aprendí que el deseo no pregunta antes de actuar.
Era la noche más lejos que había llegado sola y sin una prenda. Perros, hombres, motos y el parque principal: todo lo vi desde la piel desnuda.
Fue cuando me pidió que le desabrochara el vestido. Solo eso. Después cerré la puerta con pestillo y todo cambió.