Encontré los juguetes secretos de mi madrastra
La casa estaba vacía y yo tenía todo el tiempo del mundo. Nunca imaginé que buscar un cargador me llevaría a descubrir la vida secreta de mi padre y mi madrastra.
Relatos que exploran los deseos mas profundos
La casa estaba vacía y yo tenía todo el tiempo del mundo. Nunca imaginé que buscar un cargador me llevaría a descubrir la vida secreta de mi padre y mi madrastra.
Nunca imaginé que Mamá Noel me llamaría a su habitación esa noche. Lo que ocurrió entre nosotras dos superó todos mis sueños eróticos juntos.
Nunca me había sentido así: el vientre todavía plano, el cuerpo en llamas, y una necesidad tan urgente que no podía esperar a nadie más que a mí misma.
Cuando abrí el chat, las manos me temblaban. Lo que encontré me partió por dentro. Pero también desató algo oscuro que no esperaba sentir.
Bajaron a la cocina con la mirada seria. Pensé que era el final. Lo que dijeron después convirtió esa noche en algo que ninguno podría deshacer.
Era jueves, el día de mamá, pero mi hermanastra me arrastró a la ducha antes del desayuno. Las reglas del harem que ellas inventaron empezaban a romperse otra vez.
Cuando volví a mi cuarto, ella estaba a cuatro patas sobre la cama, en la misma postura, con la sábana cubriéndole la cabeza. Mi muñeca había desaparecido.
Apagué la luz, cerré la puerta con llave y por primera vez me dejé fantasear sin censura. Lo que descubrí esa noche cambió la forma en que me miro al espejo.
Volví al cuarto envuelta en la toalla. Cuando escuché que alguien empujaba la puerta, no me imaginé quién iba a ser ni cómo iba a terminar la noche.
No hubo túnel de luz ni ángeles con arpas. Hubo una suite de mármol negro, una desconocida desnuda y un hombre de traje que nos explicó las reglas del más allá.
Me bañé con agua fría tres veces y todavía sigo mojada. Estoy escribiendo esto desnuda en la cama, con la mano libre que no usa el teclado.
Esa noche en la urbanización todo cambió. Vi a mi madre con otros ojos, y ella nunca supo que yo había sido el primero en darme cuenta de que ya no era la misma.
Cuando vi el mensaje en la bandeja no sabía que aceptarlo me llevaría a una tarde con dos desconocidos en el parque y a la noche más intensa de mi vida.
Sentí a mi melliza moverse en la ducha. Cuando entré al baño, vi su bombacha tirada en el piso, y todo se complicó esa misma mañana.
Pensaron que querría joyas o un viaje. Cuando me preguntaron qué deseaba en realidad, no quedó más remedio que decirles lo único que jamás había pronunciado.
Cuando el sol empezó a hundirse, ella me pidió que me apartara y mirase. Y entonces se quitó la parte de arriba del biquini frente a sus dos amigas.
Cuando me agaché a recoger el libro, mi hermanastra me bajó los shorts. Las tres se quedaron mirando en silencio y supe que algo ya no podría volver atrás.
Esa noche en la feria del barrio descubrí algo que no debía sentir por la hermana pequeña de mi novia, y la imagen de su sonrisa bajo las luces no me dejó dormir nunca más igual.
Lo deseaba desde mis primeros amantes y nunca me atreví a decírselo. Aquella tarde, frente a su cámara, descubrí que mi hermano también llevaba años aguantando lo mismo.
Mientras se ahogaba entre whiskies, me confesó su fantasía más oscura. No supo lo que pedía hasta que llegué a casa con la prueba grabada.