La foto que le mandé a mis compañeros de trabajo
Marcos casi se atragantó cuando le conté lo que había hecho. Lo que vino después superó cualquier fantasía que hubiéramos imaginado en seis años juntos.
Relatos que exploran los deseos mas profundos
Marcos casi se atragantó cuando le conté lo que había hecho. Lo que vino después superó cualquier fantasía que hubiéramos imaginado en seis años juntos.
Tenía los brazos que uno nota aunque intente no hacerlo. Me dijo adiós en treinta segundos y volvió arriba. Yo no pude dejar de pensar en él.
Llegamos con condones, lubricante y ganas de todo. La orgía prometida nunca ocurrió, pero lo que Marcos me hizo delante de los desconocidos fue mejor.
La toalla resbaló mientras me ponía crema. Sentí que alguien podría estar mirando desde las sombras del edificio de enfrente. No busqué las cortinas.
Andrés pensó que estaba solo en las duchas del polideportivo. Cuando levantó los ojos y vio a la entrenadora mirándolo desde la puerta, ya era demasiado tarde para parar.
No necesitaba tocarlo para controlarlo. Solo tenía que elegir las palabras correctas y observar cómo se deshacía frente a mí.
Lo tenía borracho en mis manos. Meses de fantasías con mi compañero de cuarto, y ahora solo nos separaba la tela húmeda de su ropa interior.
La apuesta fue simple: el disfraz más atrevido gana. Lo que Sonia no esperaba era que Vera saliera de su cuarto con nada más que un arco y una sonrisa.
Tenía la habitación para mí sola y las cortinas echadas. Nadie sabía hasta dónde iba a llegar esa noche. Yo tampoco.
Nunca arreglé la puerta del baño. Y ella nunca me pidió que lo hiciera. Ambos sabíamos lo que eso significaba, aunque ninguno lo dijera en voz alta.
Llevaba meses fantaseando con verla con otro hombre. Cuando le propuse a Valeria el viaje, los tres sabíamos que algo iba a cambiar para siempre.
Hay noches en que el cuerpo no acepta un no. El apartamento vacío, el cajón entreabierto y yo con horas por delante para hacer lo que quisiera.
Era mi primer día instalándome en el chalet cuando escuché chapoteos en la piscina. Me asomé y los vi desnudos, besándose, ajenos por completo a mí.
Cuando Sandra salió de la tienda con esa sonrisa que conocía tan bien, supe que esa noche no había marcha atrás. Le había dado permiso. Ahora solo tenía que ver.
Era viernes, el departamento estaba vacío y el calor de mayo no me dejaba quieta. Me tiré en la cama y decidí dejar de resistirme.
La voz más poderosa del país me puso su tarjeta en la mano con una sola instrucción. Media hora después, yo estaba frente a su puerta.
Lo seguí en Instagram por curiosidad y terminé leyendo sus textos a medianoche con el corazón acelerado. Solo texto. Solo palabras. Solo él.
Estoy dentro de ella y mi mente ya está en otro lugar. No soy yo quien la está follando en mi cabeza. Siempre es el mismo desconocido.
Ajustó los binoculares hacia la ventana iluminada del cuarto piso y encontró algo que no estaba destinado para él.
La 312 tenía techo de espejo, sábanas de satén y una consola llena de contenido que nunca esperaba encontrar. Marcos cerró la puerta. Tenía toda la noche para él solo.