Lo que hice para no volver a casa de mis padres
Necesitaba dinero y él tenía una propuesta. Tardé menos de lo que esperaba en decir que sí, y mucho más en entender qué significaba ese sí.
Historias de pasion y deseo entre mujeres
Necesitaba dinero y él tenía una propuesta. Tardé menos de lo que esperaba en decir que sí, y mucho más en entender qué significaba ese sí.
Tenía quince años y no sabía lo que veía. Ahora, con veintidós, cada recuerdo de esas tardes cobra un significado completamente diferente.
Cuando sentí sus dedos en la oscuridad, lo primero que pensé fue en decirle que parara. Lo segundo fue no hacer nada de eso.
Entré a su cuarto con una bandeja y ella me miró desde la cama, casi sin ropa, y preguntó: —¿Te gusta lo que ves? Algo en mí se despertó sin aviso.
Camila apenas había estado con alguien cuando la presenté con el jefe. Esa madrugada los cuatro descubrimos que la oficina nunca volvería a ser un sitio neutral.
Diez años sin verse y bastó una cena con champán para que todo lo que había entre ellas saliera a la luz. Algunas amistades esconden algo más.
Llevaba una hora mirando el techo mientras Camila dormía a mi lado. No pude aguantar más y empecé a tocarla, muy despacio.
El odio entre Remedios y Amparo llevaba doce años pudriéndose. Sus hijas heredaron la guerra, pero esa noche el rencor encontró otra salida.
Su mano subió por mi muslo justo cuando en la pantalla él la empujaba contra la pared. No hizo falta que dijera nada: ya había leído todo en mi respiración.
Solo necesitaba desconectar del estrés. Cuando los dedos de Daniela bajaron por su espalda, Romina supo que ese masaje iba a cambiarlo todo entre ellas.
Cuando los masajistas entraron en la sala y cerraron la puerta, entendí que Sergio había comprado algo más que un masaje para nuestro aniversario.
Dos botellas de vino. La confesión de que nunca me había corrido. Natalia me miró y dijo — déjame enseñarte. Tres semanas después, éramos tres.
Las teclas resonaban bajo mis dedos cuando sonó el teléfono. Reconocí su voz antes de que dijera mi nombre y supe que esa noche no iba a terminar sola.
La sentí antes de escucharla. Su olor llegó primero, luego sus manos, luego su boca encontrando mi cuello en la oscuridad del pasillo.
Entré al cuarto sin llamar y la encontré completamente desnuda. En lugar de salir, cerré la puerta. Lo que pasó después cambió todo.
Rodrigo no sabe todo lo que pasó ese viaje. Solo la versión que elegí contarle. La verdad es más oscura, más deliciosa.
Tenía los dedos sobre el teclado y un capítulo a medias cuando vibró el teléfono. Su voz al otro lado bastó para que dejara de escribir y empezara a improvisar.
La escena de la serie duró diez segundos. Suficientes para que ella entendiera todo lo que yo llevaba meses sin poder decirle.
Me pidió que apoyara las manos en la pared y me mirara en el espejo. Afuera había gente. Adentro, solo sus dedos moviéndose bajo la falda.
Nos tocabamos a escondidas desde hacia semanas, pero esa noche el juego de botella nos obligo a mostrarlo frente a ellos.