La noche lésbica que Sandra no debería recordar
Mientras Natalia la hacía gemir, Lorena contó todo: el video de su marido, la venganza en el vestuario y la primera vez que probó el sexo lésbico.
Historias de pasion y deseo entre mujeres
Mientras Natalia la hacía gemir, Lorena contó todo: el video de su marido, la venganza en el vestuario y la primera vez que probó el sexo lésbico.
Cuatro hombres poderosos aparecidos muertos en suites de hotel. La misma escena cada vez. Valeria fue sola a investigar y no salió intacta.
La voz de Daniela narraba lo del vestuario mientras, a su alrededor, los cuerpos de sus amigas se enredaban sin vergüenza ni límites.
Entré a su cuarto con una bandeja y salí siendo otra persona. Sofía tenía veinte años y ya sabía más de mí de lo que yo misma sabía.
Sus dedos en mis nalgas me despertaron a medianoche. Podría haberla detenido, pero no quise. Lo que pasó esa noche entre nosotras no tiene nombre.
Llegó mirando el suelo, abrochada hasta el cuello. Fue ella quien dio las instrucciones en cuanto cerraron la puerta del cuarto seis.
Cuando Andrés llegó a casa esa noche y vio luz bajo la puerta de Nadia, no esperaba encontrar lo que encontró. Ni imaginó que lo invitarían a quedarse.
La primera vez tenía quince años. Llegué antes a casa y encontré a las dos en el cuarto. Sandra boca abajo en la cama, mamá masajeándole la espalda. Las dos reían bajito.
Siete noches navegando Europa central con seis desconocidos. Nadie habló de límites desde el principio, y eso lo cambió todo.
Cuando Vera me miró esa noche, supe que algo en mí estaba a punto de romperse. No de miedo, sino de un deseo que nunca había querido reconocer.
Tengo veintiocho años y una lista de fantasías que casi nunca le cuento a nadie. Esta es mi confesión completa, sin filtros.
Empezó en el patio de la universidad, cuando un puñetazo me dejó sin aliento y sentí algo más que dolor. Desde entonces no pude dejar de buscarlo.
Clara llegó con sus tacones y su carpeta de papeles falsos. Lo que pasó esa tarde fue más de lo que nadie había imaginado.
Marcos llevaba meses mirando a sus primas de otra manera. Esa noche, espiando por la terraza, entendió que ya no había vuelta atrás.
Lo habían planeado durante semanas. La sala oscura, las cuerdas, y Vera esperándolas con esa sonrisa que no prometía nada bueno ni nada fácil.
Tenía quince años cuando las sorprendí la primera vez. Hoy, con veintidós, ya no puedo mirar esos recuerdos de la misma manera.
Llevaba meses fantaseando con ella. Cuando bajó del escenario y puso su boca sobre la mía, entendí que esa fantasía nunca iba a desaparecer.
Ella se sentó en el banco y me extendió los pies sin decir una palabra. Solo sus ojos hablaban, y lo que decían no dejaba opción alguna.
El mensaje decía: «¿Qué tal compartirte con una pareja?». Me reí. Pero algo en esas palabras encendió una curiosidad que no sabía que tenía.
Nadia llegó esa mañana con una bolsa de refrescos y unos vaqueros cortísimos. Llevábamos años sin estar solas de verdad. No sabía que eso iba a cambiar.