Me encontró parada en el pasillo antes de entrar
Cuando me detuve frente a esa puerta cerrada, supe que no iba a entrar todavía. No tenía sueño. Y él tampoco.
Cuando me detuve frente a esa puerta cerrada, supe que no iba a entrar todavía. No tenía sueño. Y él tampoco.
Llevaba todo el día excitado e inquieto. Cuando ella apareció en el estacionamiento con la misma gabardina que mi mujer, supe que esa noche cambiaría todo para los tres.
Rodrigo me seguía con la mirada cada vez que cruzaba el salón. Lo sabía desde hacía meses, y esa tarde decidí que era hora de cobrar una deuda.
A los 21 me creí capaz de manejar cualquier situación. Pero cuando Esteban puso sus manos en mi espalda y sentí que mi cuerpo respondía, ya no era tan seguro de nada.
Valentina llevaba cuatro meses planeando ese fin de semana. Cuatro amigos, un resort naturista, y una noche que ninguno de los cuatro sabía cómo iba a terminar.
Perdí el último metro y empecé a caminar. No vi el coche negro hasta que ya era demasiado tarde y su voz en mi oído decía: quieta, no te muevas.
Llevábamos diez años casados y creía conocerla bien. Una noche en un motel, me confesó lo que siempre había querido, y yo decidí dárselo.
Lo reconocí en cuanto habló: era el mismo de la semana anterior, el que tenía esa polla descomunal que me dejó sin caminar bien durante días.
La vela ardía a dos centímetros del alambre. Solo necesitaba aguantar un minuto sin moverse y la marca sería suya. Natalia no dudó ni un instante.
La propuesta llegó con la tercera copa: cada noche, uno de los cuatro mandaría en la habitación del otro. Dijeron que empezábamos esa misma noche.
Choqué con ella en la acera, todavía con resaca. Me invitó a tomar algo. Tres horas después supe por qué una mujer madura no tiene nada que ver con una chica.
Años de amistad y yo mirando lo que nunca debí mirar. Una noche tomé una decisión que lo cambió todo entre nosotros para siempre.
Fui a visitar a mi sumisa, pero fue su criada quien abrió la puerta. Algo en su mirada me hizo olvidar para qué había venido exactamente.
Cada ciudad nueva es una posibilidad. Me llamo Valeria, viajo sola y llevo una vida que muy pocos conocen. Esto es lo que pasa cuando apago el teléfono.
Cuando me mandó la foto desde el probador con la lencería puesta, la cerré sin contestar. Ella lo vio. Eso fue lo que empezó todo.
Cuando le dije que había sido una niña mala, ya sabía lo que vendría. La até, la castigué y tomé lo que era mío. Ella solo pedía que no parara.
Mi cuerpo me traicionó y le dije que sí. Era el más feo del trabajo, pero aquel rumor llevaba semanas persiguiéndome.
Cuando Bruno apagó las luces exteriores para dejar que la luna hiciese su trabajo, algo cambió en el ambiente. Las mujeres empezaron a bailar juntas y yo ya no podía apartar la mirada.
Cinco años juntos y yo nunca imaginé lo que guardaba en su celular. Cuando lo vi, no me enojé. Lo dejé en la mesita y empecé a planear.
Elena lo propuso como si fuera un juego inocente. Cuando Roberto puso los labios en la nuca de Marcos, los cuatro supieron que ya no había vuelta atrás.