Lo que pasó con mi amiga en aquel callejón de Sevilla
Cuando dijo que ella también necesitaba mear no imaginé lo que iba a pasar entre dos coches mal aparcados. Han pasado años y todavía siento su sabor.
Cuando dijo que ella también necesitaba mear no imaginé lo que iba a pasar entre dos coches mal aparcados. Han pasado años y todavía siento su sabor.
Él guardaba una confesión que nunca le había contado a nadie. Ella también. Esa noche lluviosa, con el chocolate caliente entre las manos, se lo dijeron todo.
Sentí su respiración detrás de mí en el pasillo oscuro del hotel y supe que esa noche no iba a dormir sola, aunque desafiara las miradas de todos.
Cuando la tapé con la manta y mi mano rozó sin querer la curva de su cadera, supe que iba a tardar mucho en apartarla de ahí.
Nunca le di like. Nunca comenté. Solo leía sus textos a medianoche y me preguntaba si él también pensaba en alguien como yo.