Lo que pasa en casa de la abuela se queda en casa de la abuela
Vivir bajo el mismo techo con dos hombres hambrientos y ser la única mujer de la casa tiene sus consecuencias.
Historias reales contadas en primera persona
Vivir bajo el mismo techo con dos hombres hambrientos y ser la única mujer de la casa tiene sus consecuencias.
Cuando entré en mi cuarto la encontré sentada en el rincón, desnuda, con la cabeza ladeada y una pregunta en los ojos que ninguno de los dos esperaba.
Nos quedamos solos en casa con fiebre y aburrimiento. A la tercera noche, con las luces apagadas, Marcos me confió lo que nadie más sabía de él.
Me arrimé desnuda contra su espalda, apreté mis pechos contra él y esperé. Nada. Ni un suspiro, ni una mano, ni una palabra. Solo el ruido del reloj.
Cuando el plug de metal llegó a casa, lo sostuve en la mano y dudé. Lo que vino después cambió para siempre la forma en que conozco mi cuerpo.
Cuando la vela se apagó pensé que era mi marido quien me tocaba. Cuando volvió la luz, entendí que todo había sido planeado mucho antes de esa noche.
Nunca le di un like. Nunca le escribí. Pero sus relatos me perseguían hasta la cama, y una noche entendí que ya no podía seguir ignorando lo que sentía.
Era mayor que mi padre, tenía las manos de alguien acostumbrado a obtener lo que quería, y me miraba como si supiera exactamente lo que yo estaba pensando.
Ella era elegante, siempre impecable. Pero en esa pantalla vi otra versión de la madre de mi novio que jamás habría imaginado.
Cuando Marcos me describió cómo envolvía a sus amantes en film stretch, tuve que escaparme al baño. No por lo que creen.
Para cuando Sebastián terminó de describirme el proceso, yo ya tenía que inventarme una excusa para ir al baño. Nunca imaginé que al día siguiente lo pediría yo.
Esa noche entré en el salón con el corazón acelerado. Sabía lo que quería y sabía que él también lo quería. Solo faltaba dar el primer paso.
Lo que empezó como un juego compartido se convirtió en algo que ninguno habíamos previsto: un hombre que llegó como invitado y se quedó con todo.
Toda la familia creía que Andrés era el hermano bueno que se sacrificó por mí. Nadie sabía que también era el padre de mis hijos y el único hombre que he querido.
Había comprado el juguete semanas atrás y lo guardé en el cajón por miedo. Esa noche decidí que ya era hora de dejar de esperar que alguien más lo hiciera.
Tres activos, un cubículo y yo boca arriba con las piernas en alto. La mejor noche de mi vida en la sauna.
Había algo en ese hombre que dormía bajo el puente que me tenía pensando hace semanas. Volví esa noche sin saber bien qué esperaba encontrar.
El domingo por la noche, solo y con ganas, decidí saltarme mi colección de fotos y dejarme llevar por el recuerdo de la mujer que más me excitó.
Vi los videos: mujeres atadas a máquinas, descargas eléctricas, azotes mientras corrían. Y aun así marqué el número. Mi voluntad no daba para más.
Cuando llegué al hotel pensaba que solo serían fotos. No sabía que en esa habitación me esperaban dos hombres y una decisión que cambiaría todo.